« La danza ya no suena, / la música dejó de ser palabra, »
Carlos Drummond de Andrade
Carlos Drummond de Andrade es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde su...
Vida
Carlos Drummond de Andrade es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.
Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.
Poemas de Carlos Drummond de Andrade
1.
Canto órfico
Canto órfico
La danza ya no suena,
la música dejó de ser palabra,
el cántico
creció del movimiento.
Orfeo, dividido, anda en busca
de esa unidad áurea que perdimos.
Mundo desintegrado, tu esencia
reside tal vez en la luz, más
neutra ante los ojos
desaprendidos de ver; y bajo la piel,
¿qué
turbia imporosidad nos limita?
De ti a ti, abismo; y en él, los ecos
de una prístina ciencia, ahora exangüe.
Ni tu cifra sabemos. Ni aun captándola
tuviéramos poder de
penetrarte. Yerra el misterio
en torno de su núcleo. Y restan pocos
encantamientos válidos. Quizás
apenas uno y grave: en nosotros
tu
ausencia retumba todavía, y nos estremecemos
R una pérdida se forma
de esas ganancias.
Tu medida, el silencio la ciñe, la esculpe casi,
brazos del
no-saber. Oh fabuloso
udo paralítico sordo nato incógnito
la raíz
de la mañana que tarda, y tarde,
do la línea del cielo en nosotros se
esfuma,
tornándonos extranjeros más que extraños.
En el duelo de las horas, tu imagen
atraviesa membranas sin que
la suerte
se decida a escoger. Las artes pétreas
recógense a sus
tardos movimientos.
En vano: ellas no pueden ya.
Amplio
vacío
un espacio estelar contempla signos
que se harán dulzura,
convivencia,
espanto de existir, y mano anchurosa
recorriendo
asombrada otro cuerpo.
La música se mece en lo posible,
en el finito redondo, donde se
crispa
una agonía moderna. El canto es blanco,
huye a sí mismo,
¡vuelos! palmas lentas
sobre el océano estático: balanceo
del anca
terrestre, segura de morir.
¡Orfeo, reúnete! llama tus dispersos
y conmovidos miembros
naturales
y límpido reinaugura
el ritmo suficiente que,
nostálgico,
en la nervadura de las hojas se limita,
cuando no forma en el aire, siempre estremecido,
una espera de
fustes, sorprendida.
Orfeo, danos tu número
de oro, entre apariencias
que van
del vano granito a la linfa irónica.
lntégranos, Orfeo, en otra más
densa
atmósfera del verso antes del canto,
del verso universo,
lancinante
en el primer silencio,
promesa del hombre, contorno aún
improbable
de dioses por nacer, clara sospecha
de la luz en el
cielo sin pájaros,
vacío musical a ser poblado
por el mirar de la
sibila, circunspecto.
Orfeo, te llamamos,
baja al tiempo
y escucha:
sólo al decir tu nombre, ya respira
la rosa trimegista, abierta al mundo.
Versión de Jorge Gaitán Durán y Dina Moscovich
2.
Dulce fantasma, ¿por qué me
visitas...
Dulce fantasma, ¿por qué me visitas...
Dulce fantasma, ¿por qué me visitas como en otros tiempos nuestros cuerpos se visitaban? Me roza la piel tu transparencia, me invita a rehacernos caricias imposibles: nadie recibió nunca un beso de un rostro consumido. Pero insistes, dulzura. Oigo tu voz, la misma voz, el mismo timbre, las mismas leves sílabas, y aquel largo jadeo en que te desvanecías de placer, y nuestro final descanso de gamuza. Entonces, convicto, oigo tu nombre, única parte tuya indisoluble música pura en continua existencia. ¿A qué me abro?, a ese aire imposible en que te has convertido y beso, beso esa nada intensamente. Versión de Ángel Crespo
3.
El mundo es grande y cabe
El mundo es grande y cabe
... El mundo es grande y cabe en esta ventana sobre el mar. El mar es grande y cabe en la cama y en el colchón de amar. El amor es grande y cabe en el breve espacio de besar.
4.
En mitad del camino había una
piedra...
En mitad del camino había una piedra...
En mitad del camino había una piedra había una piedra en la mitad del camino había una piedra en la mitad del camino había una piedra. Nunca olvidaré la ocasión nunca tanto tiempo como mis ojos cansados permanezcan abiertos. Nunca olvidaré que en la mitad del camino había una piedra había una piedra en la mitad del camino en la mitad del camino había una piedra. Versión de Rafael Díaz Borbón
5.
Los
Los
que sufren Las plantas sufren como nosotros sufrimos. ¿Por qué no habrían de sufrir si esta es la llave de la unidad del mundo? La flor sufre, tocada por la mano inconsciente. Hay una ahogada queja en su docilidad. La piedra es sufrimiento paralítico, eterno. Nosotros -animales- no tenemos ni siquiera el privilegio de sufrir.
6.
No, mi corazón no es más grande que el mundo...
No, mi corazón no es más grande que el mundo...
No, mi corazón no es más grande que el mundo. Es mucho más pequeño. En él no caben ni mis dolores. Por eso me gusta tanto contarme a mí mismo por eso me desvisto, por eso me grito, por eso frecuento los diarios, me expongo crudamente en las librerías: necesito de todos. Sí, mi corazón es muy pequeño. Sólo ahora veo que en él caben los hombres. Los hombres están aquí afuera, están en la calle. La calle es enorme. Más grande, mucho más grande de lo que yo esperaba. Mas en la calle tampoco caben todos los hombres. La calle es más pequeña que el mundo. El mundo es grande. Tú sabes como es grande el mundo. Conoces los navíos que llevan petróleo y libros, carne y algodón. Viste los diferentes colores de los hombres, los diferentes dolores de los hombres, sabes cómo es difícil sufrir todo eso, amontonar todo eso en un solo pecho de hombre... sin que estalle. Cierra los ojos y olvida. Escucha el agua en los vidrios tan calmada. No anuncia nada. Sin embargo, se escurre en las manos, ¡tan calmada! va inundando todo... ¿Renacerán las ciudades sumergidas? ¿Los hombres sumergidos -volverán? Mi corazón no sabe. Estúpido, ridículo y frágil es mi corazón. Sólo ahora descubro cómo es triste ignorar ciertas cosas. (En la soledad de individuo desaprendí el lenguaje con que los hombres se comunican). Otrora escuché a los ángeles, las sonatas, los poemas, las confesiones patéticas. Nunca escuché voz de gente. En verdad soy muy pobre. Otrora viajé por países imaginarios, fáciles de habitar, islas sin problemas, no obstante exhaustivas y convocando al suicidio. Mis amigos se fueron a las islas. Las islas pierden al hombre. Sin embargo algunos se salvaron y trajeron la noticia de que el mundo, el gran mundo está creciendo todos los días, entre el fuego y el amor. Entonces, mi corazón también puede crecer. Entre el amor y el fuego, entre la vida y el fuego, mi corazón crece diez metros y explota. -¡Oh vida futura! nosotros te crearemos.
Versos y pensamientos de Carlos Drummond de Andrade
4 citas« Dulce / fantasma, ¿por qué me visitas »
« El mundo es grande y cabe / en esta ventana sobre el mar. »
« En / mitad del camino había una piedra »
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