Poesía Universal

Carlos Castro Saavedra

Biografía y amplia selección de poemas de Carlos Castro Saavedra. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Carlos Castro Saavedra. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Carlos Castro Saavedra

13 poemas seleccionados
1.

Amistad

Amistad es lo 
	mismo que una mano
que en otra mano apoya su fatiga
y siente que el 
	cansancio se mitiga
y el camino se vuelve más humano.


	El amigo 
	sincero es el hermano
claro y elemental como la espiga,
como el pan, 
	como el sol, como la hormiga
que confunde la miel con el verano.


	Grande 
	riqueza, dulce compañía
es la del ser que llega con el día
y aclara 
	nuestras noches interiores.


	Fuente de 
	convivencia, de ternura,
es la amistad que crece y se madura
en medio 
	de alegrías y dolores.
2.

Amor

Un deseo constante de alegría;
una urgencia perenne de lamento
y 
	el corazón, campana sobre el viento
estrenando badajas de elegía.

	
Morir mil veces en un solo día
y otras tantas quemar el pensamiento

	en la resurrección, que es el tormento
de pensar en la próxima agonía.


	Ver en pupilas de mujer un 
	llanto
y sorprenderlo convertido en canto
al soñar en un niño que lo 
	vierte.


	Esto es amor, candela 
	estremecida
empujando la noche de la vida
hacia la madrugada de la 
	muerte.
3.

Angustia

Yo me lleno de angustia mirándote la frente
porque estás más lejana 
	cuando estás más presente.

	
Para que yo no pueda llegar hasta tu alma
tú me miras a veces con esa 
	misma calma

	
con que miran los lagos una noche estrellada:
la miran hasta el alba 
	y no le dicen nada.

	
Espadas de silencio guardan tu pensamiento
y yo me estoy muriendo de 
	sentir lo que siento:

	
angustia de no verte los labios apretados
cuando nombro la historia 
	de los besos robados,

	
angustia de mirarte las pestañas caídas
indiferentemente, como flores 
	vencidas,

	
cuando me entrego y hablo de la virtud del trigo
y te pido amoroso 
	que te vengas conmigo.

	
Nada te transparenta, hasta tu misma risa
relieva tus perfiles de 
	mujer imprecisa.

	
Todos tus actos tienen profundidad de arcano,
hasta el acto sencillo 
	de levantar la mano.

	
Me nombras y te salen despacio los sonidos,
como si no quisieran 
	llegar a mis oídos.

	
En ti misma te escondes, yo te busco y el llanto
muchas veces me 
	inunda y es de buscarte tanto.

	
Te fugas hacia adentro de ti misma obstinada
y yo sufro mirándote con 
	la boca cerrada.

	
Tus dos labios sin música de palabras ardidas
se me antojan dos 
	flautas por ti misma vencidas.

	
Vives en mi tan honda, desde hace tantos meses,
que si ahora muriera 
	moriría dos veces.

	
Angustia de mis manos buscando en el vacío
tu corazón que ignora la 
	soledad del mío.


	Angustia de tus trenzas, 
	que recortaste un día
y que tenían la forma de la tristeza mía.
4.

Canciã“n

Canción del amor herido


	
	
	Tengo las 
	manos muy tristes
y no sé qué hacer con ellas,
porque anoche me corté

	los dedos en las estrellas.


	Estaba 
	pensando en ti,
en tus ojos estrellados,
y me pasé por la frente

	los dedos enamorados.


	Fue allí donde 
	me corté,
en mi frente, con tus ojos,
y se me pusieron grandes
los 
	pensamientos y rojos.

	
Hoy no he podido sembrar
mi tierra, mi agricultura,
y la comida me 
	sabe
a tierra de sepultura.

	
Tengo las manos deshechas
por tus pupilas, mi amor,
por pensar en 
	tus pupilas
y tocar su resplandor.
5.

Cualquier

hombre 
	canta a su hijo presentido


	Para la vida de mis hijos
bella medida es tu cintura,
y bello el ritmo 
	de tu pulso
para la sangre de mis hijos.
En tu nostalgia atardecida

	cabe el sollozo de mi niño,
y cabe el llanto de sus ojos
entre la red 
	de tus pestañas.
Red que se llena de luceros
cuando la tiras en el 
	agua.

	
Guarda el reposo de tus párpados
que allí está el sueño de mi 
	infante,
y no te canses de mirarme
que mi pequeño está mirando
con 
	esa luz de tu mirada.
Enhebra el hilo de tu canto
para sentir que está 
	cantando
la voz del hijo entre tu voz,
como burbuja de los peces

	entre los círculos del agua.

	
Cuando caminas me parece
que el hijo avanza con tus pasos,
y si te 
	quedas detenida,
entonces pienso que es el hijo
el que se para con tus 
	plantas.
Si vas en busca de los soles
del mediodía delirante,

	pienso que el hijo de mi alma
se está acercando lentamente
a la 
	candela de una lámpara.

	
Tú eres la rama que sostiene
el alto fruto de mi carne,
y eres la 
	vena que da música
al corazón de mi pequeño
que está perdido en la 
	distancia.
Las golondrinas que tú sueñas
rayan el cielo de mi infante,

	y vas cantando por la tierra
mientras el hijo va cantando
por los 
	caminos de tu sangre.
6.

Destino

Por mi culpa , mujer, por mis inviernos,
muchas veces tu cara se humedece 
	de lágrimas.
Pero también por culpa de Dios, frecuentemente,
el rostro 
	de la tarde se humedece de lluvia.
7.

El buque de los enamorados

Era un buque en el mar,
era el amor en medio de las olas inmensas,
y 
	era mi soledad de navegante
y los peces oscuros de tus trenzas.

	
Pensaba en ti, soñaba
que iba contigo a perfumar los puertos,
y a 
	sembrar anclas y constelaciones
en las frentes dormidas de los muertos.

	
Pero soñaba apenas, amor mío,
y las aguas furiosas me sacaban del 
	sueño,
y a ti te separaban de mi costa
como una barca triste o como un 
	leño.

	
El buque, el buque entero,
sin ti era un ataúd sobre las olas,
un 
	herido flotando tristemente
sobre una muchedumbre de amapolas.

	
Me tambaleaba en medio de gaviotas,
me inclinaba hacia ti 
	salobremente,
y las islas brillaban como lunas
sobre toda la noche de 
	mi frente.

	


	(Mar adentro 
	no hay más que los recuerdos
y sal sobre mi piel, sobre la vida,
y el 
	amor que pregunta por la sangre
y le responde el labio de una herida.).


	A veces era 
	lunes,
decían que era lunes mis hermanos,
y te veía venir sobre las 
	olas
con toda la semana entre las manos.

	
El tiempo era tu ausencia,
el mar era la sombra de la tristeza mía,

	y el buque era un naufragio
que se inclinaba y no se decidía.

	
Por la noche volaban las estrellas,
como peces dorados, por el cielo,

	y yo pensaba que en la tierra firme
tú también contemplabas este vuelo.

	
El buque del amor, de los enamorados,
todavía navega por mis venas,

	y levanta la espuma de mi sangre
y la pescadería de mis penas.

	
Un rumor de marea que no cesa
a pesar de los días y los pasos,

	acomete la costa de mis besos
y los acantilados de mis brazos.

	
Escucha el buque, esposa,
acerca tus oídos a mi piel como flores,

	y escucha el buque, el buque,
navegar por mis mares interiores.
8.

El mundo por dentro

Siento correr los ríos por mis venas
y crecer las estrellas en mi frente.

	Siento que soy el mundo y que la gente,
habita mis pulmones y colmenas.

	
De flores tengo las entrañas llenas
y de peces la sangre, la 
	corriente
que caudalosa y permanentemente
inunda mis canciones y mis 
	penas.

	
Llevo por dentro el fuego que por fuera
dora los panes, seca la 
	madera
y produce el incendio del verano.

	
Las aves hacen nidos en mi pelo,
crece hierba en mi piel, como en el 
	suelo,
y galopan caballos en mi mano.
9.

Esposa América

Te pienso desde Europa, esposa mía,
te pienso a grandes pasos, como loco,

	y persigo por todas las patrias y los mapas
tu pecho montañoso, tus 
	rebaños de leche,
y la desesperada tierra de tus volcanes
y la 
	cicatrizada corteza de tu vientre.

	
Entre nosotros dos está el mar con sus barcos
y los campos están con 
	sus caballos,
pero no alcanza el agua a separarnos,
no alcanza el agua 
	ni la tierra alcanza,
porque yo soy el hijo que tienes en los brazos
y 
	tú eres el incendio que yo tengo en el alma.

	
Con besos y con labios desentierro tu frente
de puros resplandores 
	vegetales,
hambrientamente muerdo hoteles y países,
muerdo casas, 
	aldeas, cementerios,
y los pueblos me saben a tu cara
y las calles me 
	saben a tu cuerpo.

	
Tu olor de tierra joven me golpea,
tu perfume salvaje me penetra
y 
	me perfuma tanto y tan adentro,
que mi piel huele a tu vestido verde
y 
	huelen mis poemas a tu vida
y mis desgracias huelen a tu muerte.

	
Con barro de mi barro, con arcilla de América,
con fuego de tus manos 
	y tu aliento
estás haciendo un hijo americano.
yo escucho tu trabajo 
	desde Europa,
escucho el crecimiento de tu vientre
y escucho el 
	crecimiento de tu ropa.


	Me desvelo en Berlín, en 
	Praga me desvelo,
siento correr tu sangre por mis puentes,
siento que 
	tus cosechas se propagan
por las paredes duras, por mi lecho,
y que 
	todas las hojas de América y los ríos
y las revoluciones estallan en tu 
	pecho.


	Sigue creciendo, esposa, 
	mientras vuelvo,
esposa mía, esposa de los montes,
madre de los arados 
	y los vientos.
Inés, tu corazón es como un surco
y yo soy un labriego 
	turbulento
que te siembro, te siembro por el mundo
y por el mundo te 
	amo y te recuerdo.
10.

Fecunda compañera

En el espejo 
	de tu cuerpo, esposa,
recogiste mi rostro, tan fielmente,
que la línea 
	más honda de mi frente
quedó presa en tu sangre temblorosa.


	Me copiaste, 
	mujer, mujer hermosa,
en tu río de amor, en tu corriente,
y devolviste 
	generosamente
mi cara de montaña silenciosa.


	El hijo es 
	tierra de mi propia tierra,
resplandor de mis ojos y mi guerra,

	poderosa presencia de mí mismo.


	Gracias a ti, 
	fecunda compañera,
fui como una semilla en tu pradera
y retorné más 
	joven de tu abismo.
11.

Guardame

Guárdame de los vientos


	
	
	No me dejes 
	partir, no me abandones,
átame a tu cintura con tus brazos,
y aléjame 
	los buques de la cara
con tus suspiros y tus aletazos.


	Rodéame de ti, 
	de tu ternura,
de tus palomas y de tus espinos,
para que no me llamen 
	los países,
para que no me escriban los caminos.


	Tengo toda la 
	noche de tu pelo
para embarcarme en ella, tristemente,
y alejarme un 
	momento, con las manos,
de las orillas de tu continente.


	Puedo andar 
	por mi frente, por la tuya,
con gestos numerosos y mundiales,
y me 
	siento más hondo en tus entrañas
que en los naufragios y en los 
	funerales.


	Quiero 
	quedarme en ti, quiero que me ames
y que me arrojes besos como escalas,

	siempre que me desprenda de tus labios
y me crezcan los viajes y las 
	alas.
12.

Hembra

de tierra y tierra


	
	
	No te digo 
	paloma, ni princesa , ni reina,
sino mujer de tierra, hembra de tierra y 
	tierra,
compañera de besos, compañera
de mi revolución y de mi guerra.


	Te llamo barro 
	de mi alfarería,
surco de mis labranzas coloradas,
pradera en que 
	galopan mis caballos
con las crines heridas y quemadas.


	Mujer tendida 
	en medio de la tierra
te llamo y te rodeo con mis brazos,
como si 
	fueras trigo de mis eras
y raíz de mis besos y mis pasos.


	No doy contigo 
	pensativamente
sino luchando con tu cabellera,
y golpeando mi vida 
	leñadora
contra tu corazón y tu madera.
13.

Inés

Inés digo y mi boca se convierte en azúcar
de manzana partida por la luz 
	del verano.
Decir esta palabra es como adivinar
que está cantando un 
	pájaro en un árbol lejano.

	
Inés digo y mi labio se convierte en abierta
flor de pétalos dulces 
	contra la madrugada.
Decir esta palabra es soñar que está muerta
la 
	tarde en el abismo de la noche estrellada.

	
Inés digo y parece que mi voz se quedara
temblando entre las redes 
	impalpables de un beso.
Decir esta palabra es como si lograra
detener 
	en el aire la música de un rezo.


	Cuando yo digo 
	Inés olvido los agravios
y de claros panales y canciones me acuerdo.

	Decir esta palabra es apretar los labios
para intentar el acto de besar 
	un recuerdo.


	Alzar las 
	manos puras para decir Inés
es caer en la sombra de un árbol florecido.

	Decir Inés, siquiera por una sola vez,
es sentir en la rama del corazón 
	un nido.

Versos y pensamientos de Carlos Castro Saavedra

4 citas
« Amistad es lo / mismo que una mano »
Carlos Castro Saavedra · Amistad
« Un deseo constante de alegría; / una urgencia perenne de lamento »
Carlos Castro Saavedra · Amor
« Yo me lleno de angustia mirándote la frente / porque estás más lejana »
Carlos Castro Saavedra · Angustia
« Canción del amor herido / Tengo las »
Carlos Castro Saavedra · Canciã“n
Biblioteca poética

Libros de Carlos Castro Saavedra recomendados

Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: