Poesía Universal

Carlos Bousoño

Biografía y amplia selección de poemas de Carlos Bousoño. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Carlos Bousoño. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Carlos Bousoño

24 poemas seleccionados
1.

Algo en mi sangre espera todavía...

Algo en mi sangre espera todavía.
Algo en mi sangre en que tu voz aún 
		suena.
Pero no. Inútilmente yo te llamo.
Aquella voz que te 
		llamaba es ésta. 
		

Ven hacia mí. Mis brazos crecen, huyen
donde los tuyos la 
		mañana aquella. 
		

Ven hacia mí. La tierra toda oscila,
se mueve, cruje. 
		Vístete. Despierta. 
		

Oh, qué encendida el alma
en su secreto puro, si vinieras.

		Sin esperanza, entre la luz del día,
mi voz te llama.
El eco. La 
		respuesta. 
		

De "Primavera de la muerte" 1946
2.

Alma solitaria

Mira los aires, alma 
		solitaria, 
		
alma triste que sola vas gimiendo. 
Asciende, sube. Amor te 
		espera. 
		
La cima es alta. Escaso, el aparejo. 


		Aleteante, temblorosa y 
		blanca,
		
te veo subir con retenido esfuerzo. 
Hoy llega el sol donde hasta 
		ayer la luna. 
		
Llega la luna donde ayer el cierzo. 


		Al fin la vida con la 
		luz se aclara. 
		
Al fin la muerte con la luz ya se muerto. 
¡Cantan las cumbres y 
		los valles! ¡Cantan 
		
los siempre vivos a los nunca muertos! 


		Cara con cara junto a 
		Dios, escuchas 
		
vibrar los aires y vivir los sueños. 
Vida con vida, luz con luz 
		amada, 
		
y cielo, humano, en el amor, con Cielo. 


		Bajar la luz de amor, 
		la luz de vida 
		
lenta en los aires minuciosos siento. 
Fundida luz de Dios con 
		luz del alma. 
		
Qué claridad de pronto. Qué silencio.
3.

Amor

Íbamos de camino,
mi 
		cariño en sus brisas te oreaba. 
		
Tu cabello llevado entre los céfiros 
era también como brisa del 
		alma. 
		


		Eras también como brisa 
		en la brisa. 
		
¡Qué claridad rumorosa mis ansias! 
¡Oh transparencia vital que 
		encendía
		
toda mi vida, cual fuego en luz blanca! 


		De mi alma entonces 
		salía silvestre 
		
el aire fresco de la madrugada. 
Allá dentro, por dentro, ¡qué 
		pura 
		
la caricia amorosa del alba! 


		¡Qué delicadas nubes se 
		encendían 
		
y qué irisadas aguas! 
El mundo era el sonido 
y en mi 
		interior sonaba.
4.

Camino

Aquí 
		estás, camino de siempre, 
hacia adelante, rota 
		
la aspiración rosada, luna
que empalidece toda cosa. 
Aquí 
		estás y debes andar, 
		
caminar como el agua absorta 
por el torcido cauce, altos 
los 
		muros rojos, y a deshora. 
		
Como el agua inmóvil transcurres 
hacia un lejos, playa remota, 
		
ya confusas historia y pena, 
lejana la pena, la historia...
5.

Canción para un poeta viejo

A Vicente Aleixandre

Muy cerca de la vida. Así tu hablar. 
		
Llegaste a viejo cual se llega al mar.
Azotado del viento y de 
		los años 
		
fuiste la vida, no sus desengaños. 
Tu voz sonaba a viento y 
		caracolas, 
		
viejo de luz, hermano de las olas, 
Conocimiento fue tu reposar. 
		
Llegaste a viejo cual se llega al mar. 
Llegaste a viejo cual se 
		llega a ser 
		
la luz delgada del amanecer. 
La luz delgada del saber callar, 
		
del saber conocer y callar. 
Del saber esperar, callar, seguir 
		
hasta las olas del saber vivir. 
Hasta las olas del saber amar 
		
profundamente y como es quieto el mar.
Y como es quieto el mar se 
		pone en pie 
		
la insurrección del nunca moriré. 
Y así tu ser, escrito en agua 
		y sal 
		
y en viento fue, y en todo lo inmortal.
6.

Corazón partidario

Mi corazón, lo sabes, 
no está con el que triunfa o que lo espera, 

		con el juramento mercader 
que acecha el buen provecho, 
se 
		agazapa, salta sobre la utilidad, que es su querida, 

		
busca ganancia en el abrazo, 
obtiene renta de las mariposas y 
		pone rédito a la luz, 
cobra recibo por los amaneceres milagrosos, 

		por cambiante gracia del color 
de una invisible rosa apresurada, 

		dulce y apresurada 
como si fuese un hombre o una llama 
o una 
		felicidad humana: sí. 

		
Mi corazón no está con el hombre que sabe 
de la verdad todo lo 
		necesario 
para olvidar el resto de ella, 
satisfecho del viento, 
		poderoso del humo, 
canciller de la niebla, 
rey acaso, pero nunca 
		de sí.
7.

Desde

la soledad


		Desde aquí, solitario, sin ti, te escribo ahora.
Estoy sin ti y tu 
		vida de mi vivir se adueña.
Yo quisiera decirte que en mi pupila mora

		tu figurita tan leve como la luz pequeña.

		
Nunca supe decirte cómo tu amor es mío,
cómo yo no he mirado la 
		realidad por verte,
y cómo al contemplarte yo me sentí vacío,
y 
		cuánto yo he querido ser para merecerte.

		
Y cuánto yo he querido ser alcanzar, porque fuese
tu mirada 
		orgullosa de haberme amado un día;
de haberse detenido sobre mí, 
		sobre ese
corazón tan menudo que nadie lo veía.

		
Corazón tan menudo que tanto has conocido
en su mínimo acento que 
		tu presencia nombra,
y que es dentro del pecho como un leve quejido,

		como una mano leve que arañase una sombra.
8.

Desde lejos

Pasa la juventud, pasa 
		la vida,
pasa el amor, la muerte también pasa,
el viento, la 
		amargura que traspasa
la patria densa, inmóvil y dormida. 
		


		Dormida, en sueño para 
		siempre, olvida.
Muertos y vivos en la misma masa
duermen común 
		destino y dicha escasa.
Patria, profundidad, piedra perdida.


		Piedra perdida, 
		hundida, vivos, muertos.
España entera duerme ya su historia.
Los 
		campos tristes y los cielos yertos.


		Sobre el papel escrita 
		está su gloria:
querer edificar en los desiertos;
aspirar a la luz 
		más ilusoria.
9.

Dime

que era verdad aquel sendero...


		Dime que era verdad 
		aquel sendero
que se perdía entre la paz de un prado;
aquel otero 
		puro que he mirado
yo tantas veces con candor primero.


		Dime que era verdad 
		aquel lucero
que se incendia casi a nuestro lado.
Di que es verdad 
		que vale un mundo amado
y un cuerpo roto en un vivir sincero.


		Di que es verdad que 
		vale haber sufrido
y haber estado entre la mar sombría;
que vale 
		haber luchado, haber perdido.


		Haber vencido a la 
		melancolía,
haber estado en el dolor, dormido,
sin despertar, 
		cuando llegaba el día.
10.

El amante viejo

¡Amabas 
		tanto...! Acaso
con amargura, acaso con tristeza
lo dijiste. 
		¡Amabas tanto! En el espejo
viste tu faz que se iba haciendo vieja,

		
y tomaste a decir: «...amor...» Soñabas,
y en la alta noche 
		silenciosa y queda,
lejos se oía lento el rumor manso
de un agua 
		que pasaba mansa y lenta.
11.

El ciclón

Tú que me 
		miras, mírame hasta el fondo.
Tú que me sabes, sábeme.
Porque 
		falta muy poco, porque el tiempo
arrecia vendavales
que se llevan 
		ventanas y gemidos,
besos, ruidos de calles,
este silbido agudo 
		que ahora escuchas
en el vecino parque,
las nubes delicadas que se 
		juntan
en los azules gráciles
y el corazón con que me miras hondo

		queriendo acariciarme.


		Nada 
		puedes hacer. Nada podrías
hacer. Déjate suave.
Es más fácil así. 
		Vayamos juntos,
llevados por el aire,
si envejeciendo en el ciclón 
		horrible,
unidos, esenciales,
mirándonos al fondo de la vida
y 
		viendo allí la imagen
de nuestros cuerpos paseando dulces
por 
		huertos virginales....


		Eras tan 
		clara. Junto al aire tanto
te amé.... En la tristeza grave
tú me 
		arrancabas la melancolía
como una espina aguda de la carne;
me 
		acompañabas en las horas puras;
me rozabas tan suave
con tus dedos 
		sutiles, con tu dulce
modo de acompañarme....


		
		(...)Fuiste como una niebla, como un vaho
de amor, como un vapor 
		imponderable
que me envolviese en cálidas vislumbres
las duras 
		realidades,
y que después, pasadas las aristas
crudas, me rodease

		y me dijese: -Existes en el mundo.
Ven ya hacia el mundo. Ámame.(...)
12.

El vivir de la amada

Yo sé que de tu pecho 
		los latidos
están contados. Corazón, haz lento
tu misericordioso 
		movimiento
y leves tus quejidos doloridos


		por ese cuerpo, donde 
		mis sentidos
ponen todo su amor, donde me siento
morir a cada 
		golpe ceniciento
de tus redobles graves y oprimidos.


		Y tú, ventana de mi 
		amor, aldea
mía de paz, caricia que sestea,
umbral del mundo, amor 
		de cada día.


		Dame tu fe, tu 
		claridad, mi estrella,
dime que existe lo que yo sabía
cuando era 
		niño en la ciudad aquella...
13.

Elegía

Te he dicho que los 
		hombres no contemplan
el puro río que pasa,
la dulce luz que 
		invade las riberas
cuando fluye hacia el mar el agua casta. 
		


		Te he dicho ayer...Y yo 
		veo ahora
fluyendo dulce hacia la mar lejana,
mientras los hombres 
		ciegos, ciegamente
se embisten con furor de piedra helada.


		Con desolada luz vas 
		olvidado,
pero yo te contemplo, agua irisada,
silente amigo, y veo 
		mi figura
triste, mirándose en tus aguas.


		Amigo solitario:

		esto te digo mientras pasas.
Repite luego mi voz triste
allá en 
		las rocas desoladas.


		Porque has de ver 
		tierras estériles
y muertos sin remedio ni esperanza.
14.

En este mundo fugaz

Pozo de realidad, 
		nauseabunda
afirmación, nocturno
cerco de sombras. Todo
hasta 
		la muerte. Somos
aciago resplandor insumiso, noche
florecida. Oh 
		miseria
inmortal. Tú, mi alondra
súbita, mi pequeño colibrí 
		delicado,
flor mecida en la brisa,
tú, dichosa, tú, visitada por 
		la luz,
lavada en su jardín que desciende
despacio,
pequeñez 
		tan querida.


		Aquí estás resistiendo,

		viva, lúcida,
sostenida
en el sacro relámpago,
alumbrada y 
		dichosa
en el trueno.
tú, mi pequeña
rosa encendida siempre,

		pétalo delicado,
húmeda nota,
tú, resistiendo aquí.


		Tú, resistiendo,

		como si fueses basa
columna, catedral,
como si fueses arco,

		romana gradería, circo, templo,
como si fueses número,

		incorruptible idea,
tú mi pequeña Yutca,
mi pasajera soledad, mi 
		fugaz entusiasmo,
tú, brevedad, caricia.


		Tú, con brazos

		débiles como flores,
con cintura,
con quebradizo cuerpo,
con 
		delgadez, con ojos,
con espanto, con risa,
con noche a tu mirada,

		tú, mi pequeña Yutca,
tú, resistiendo aquí.
15.

Eres feliz

Eres feliz. Saber no 
		quieras 
		
lo que brilla en los ojos humanos. 
Sonríe tú como mañana fresca, 
		
como tarde colmada en su ocaso. 


		Porque eres eso, sí: la 
		tarde pura 
		
en que a veces yo mojo mis manos, 
en que a veces yo hundo mi 
		rostro. 
		
¡La tarde pura en su placer dorado! 


		La savia dulce de la 
		primavera, 
		
toda la luz de la tarde en un cántico, 
sube entonces feliz y 
		presurosa 
		
desde tu corazón hasta mis labios.
16.

Introducciã“n

Introducción a la noche


		1
Con 
		la honda mirada
un día contemplaste
tu honda pasión de ser
en 
		vida perdurable.


		Hoy 
		contemplas acaso
con mirada más grave
el parpadeo puro
de la 
		noche sin márgenes;


		el sollozo 
		inoíble
de un arroyo alejándose
en la sombra; la mole
de la 
		noche indudable.


		2
Y sin 
		embargo, eres.
Y sin embargo naces
como las hierbas verdes
y 
		los nudosos árboles.

		
Compruebas con delicia
que existen matorrales,
y tus manos 
		apresan
piedras de aristas grandes.

		
Saltas sobre los ríos,
subes desde los valles,
cantas desde 
		las cumbres,
vives, existes, ardes.

		
Contemplas la llanura
crepuscular; renaces
como los campos 
		vivos
que en la aurora son arces,
cañadas y caminos,
prados, 
		riberas, cauces
de amor, donde quisieras
vivirte y olvidarte.

		
3
Y aquí estás. Aquí pones
tus dos manos tenaces.
Te 
		agarras a las cosas:
maderas, piedras, carnes,

		
Te aferras a la vida
como el río a su cauce,
cual la raíz de 
		un hondo
vegetal insaciable.
17.

Invasión de la realidad

I
Y aquí estás verdadero,
Oh déjame tocarte.
Tu piel en donde 
		pones
un límite a los aires.

		
Tu don de serte vivo, 
tu realidad, me baste.
Dejadme que 
		compruebe
su ser. ¡Oh, sí, dejadme!

		
II
Dejadme. Yo no quiero
las nieblas pertinaces.
Tras el 
		humo dibuja
su vago ser un valle.

		
Allá tras la cortina
incierta, hay verdes sauces,
un prado con 
		sus flores
diminutas y suaves.

		
En la noche terrible
yo soñaba una imagen.
Hela aquí. Son 
		colores:
blancos, verdes, granates.

		
III
Dejadme con las cosas
también. Son realidades
súbitas 
		que se crean
duras a cada instante.

		
Emergen con firmeza
cruel. Se satisface
con su presencia misma

		dicen: «¡Toma, regálate!»

		
IV
Regálate. Contempla
la piedra, el cielo, el aire.

		Respira entre las luces.
Desciende hasta los cauces.

		
Toca la piedra. Mira.
Huele la rosa. Sáciate.
Gusta, mira, 
		comprueba,
duele, solloza: sabe.

		
Ensánchate en el alba.
Al mediodía, ensánchate.
Sube a la 
		tarde y mira
todo en ella ensanchándose.
18.

Irás

Irás acaso por aquel camino en 
		el chirriante atardecer...


		Irás acaso por aquel 
		camino en el chirriante atardecer
de cigarras, cuando el calor 
		inmóvil te impide, como un bloque, respirar.
E irás con la fatiga y 
		el recuerdo de ti, un día y otro día,
                      
		subiendo a la montaña por el mismo sendero,
gastando los pesados 
		zapatos contra las piedras del camino,
un día y otro día gastando 
		contra las piedras la esperanza, el dolor,
gastando la desolación, 
		día a día,
la infidelidad de la persona que te supo, sin embargo, 
		querer
(gastándola contra las piedras del camino), que te supo 
		adorar,
gastando su recuerdo y el recuerdo de su encendido amor,

		gastándolo
hasta que no quede nada,
hasta que ya no quede nada

		de aquel delgado susurro, de aquel silbido,
de aquel insinuado 
		lamento;
gastándolo hasta que se apague el murmullo del agua en el 
		sueño,
el agitarse suave de unas rosas, el erguirse de un tallo

		más allá de la vida,
hasta que ya no quede nada y se borre la pisada 
		en la arena,
se borre lentamente la pisada que se aleja para siempre 
		en la arena,
el sonido del viento, el gemido incesante del amor, el 
		jadeo del amor,

		
el aullido en la noche
de su encendido amor y el tuyo
(en la 
		noche cerrada
de su abrasado amor),
de su amor abrasado que 
		incendiaba las sábanas, la alcoba, la bodega,
entre las llamas ibas 
		abrasándote todo hacia el quemado atardecer,
flotabas entre llamas 
		sin saberlo hacia el ocaso mismo de tu quemada vida.
Y ahora gastas 
		los pies contra las piedras del camino
despacio, como si no te 
		importara demasiado el sendero,
demasiado el arbusto, la encina, el 
		jaramago,
la llanura infinita, la inmovilidad de la tarde

		infinita, allá abajo, en el valle de piedra
que se extiende despacio, 
		esperando despacio
que se gasten tus pies, día a día,
contra las 
		piedras del camino.
19.

La

mañana

		

		Errante por la luz, en primavera

		recóndita y azul y de oro y grana,

		mi corazón recoge esta mañana

		todo el amor que llueve en lisonjera 

		

		tempestad de frescor. La noche afuera.

		Afuera el cierzo y la ansiedad lejana.

		Se pone en pie la claridad temprana,

		alza sus brazos, yergue su bandera, 

		

		grita su luz, avanza arrolladora

		por la pradera vencedora y mueve

		el árbol todo del espacio ahora. 

		

		Todo en el aire, luminoso, llueve,

		gira, delira entre la luz sonora,

		y allí suspira entre el follaje leve.
20.

La tristeza

Tal vez el mundo sea bello,
cuando el sol claro lo ilumina,
pero 
		yo sé que hay hombres tristes
como la lluvia gris y fría.

		
Yo sé que hay hombres sobre cuyas almas
pasó de Dios quizá la 
		sombra un día.
Pasó, y hoy queda sólo ausencia
en donde la 
		tristeza brilla.

		
Hombres tristes en todos los caminos
con la tristeza pensativa.

		
Tal vez la aurora sea pura,
el aire delicado, claro el día.

		Mas muchos hombres hay como la lluvia
oscura e infinita.

		
Escúchame, Señor. Mi voz hoy sólo
tiene palabras de melancolía.

		Sobre la tarde inmensa cae la lluvia
monótona,  fría.
21.

Letanía del ciego

Soy como un ciego...
                                                                             
		Rubén Darío

Y tú que tanto amas, tanto ríes,
tanto 
		adivinas y conoces tanto,
¿dónde el escudo para que te fíes,
dónde 
		el pañuelo de enjugar tu llanto? 
		

¿Dónde el camino que no veo ahora?
Dímelo o llora y el mirar 
		suprime.
¿Es ya la noche que no tiene aurora?
Dímelo, dime. 
		

Y sin embargo tu vivir empaña
mi vivir con un vaho que es 
		ternura,
que es caliente rumor que me acompaña
la noche oscura. 
		

Y sin embargo con tu mano guías
y a tientas toco lo que 
		apenas veo
y digo acaso para que sonrías
lo que no creo. 
		

Y toco apenas y tu bulto aprendo
y torpe sigo lo que tú me 
		indicas.
Lo que no miro, lo que no comprendo,
tú multiplicas. 
		

Tú multiplicas, o quizás es tu invento
porque lo vea aunque 
		quizá no exista.
Entre la noche de mi pensamiento
dulce es tu 
		vista. 
		

Dulce es tu vista, tu mirar risueño
que mira un llano donde 
		estaba un monte
y que a mi alma de temblor pequeño
llamó 
		horizonte. 
		

Dulce es tu vista que miró aquel lago
y lo llamaba alegre mar 
		bravío.
Tu generoso corazón es mago.
¡Lo fuese el mío! 
		

De "Noche del sentido" 1957
22.

Letanía

Letanía para decir cómo me 
		amas

		
Me amas como una boca, como un pie, como un río.
Como un ojo muy 
		grande, en medio de una frente solitaria.
Me amas como el olfato, los 
		sollozos,
las desazones, los inconvenientes,
con los gemidos del 
		amanecer, en la alcoba los dos, al despertar;
con las manos atadas a 
		la espalda
de los condenados frente al muro; con todo lo que ves,

		el llano que se pierde en el confín, la loma dulce y el estar cansado,

		echado sobre el campo, en el estío cálido,
la sutil lagartija entre 
		las piedras rápidas;
con todo lo que aspiras,
el perfume del 
		huerto y el aire y el hedor
que sale de un apútrida escalera;
con 
		el dolor que ayer sufriste y el que mañana has de sufrir;
con aquella 
		mañana, con el atardecer
inmensamente quieto y retenido con las dos 
		manos para que 
		
          no se vaya a 
		despertar;
con el silencio hondo que aquel día, interrumpiendo el 
		paso de 
		
          la luz,

		tan repentinamente vino entre los dos, o el que invade 
		
          la atmósfera 
		justo un momento
antes de la tormenta;
con la tormenta, el 
		aguacero, el relámpago,
la mojadura bajo los árboles, el ventarrón de 
		otoño,
las hojas y las horas y los días,
rápidos como pieles de 
		conejo,
como pieles y pieles de conejo, que con afán corriesen 
		incansables, 
		
          con prisa

		hacia un sitio olvidado, un sitio inexistente, un día que no existe,

		un día enorme que no existe nunca, vaciado y atroz
(vaciado y atroz 
		como cuenca de ojo, saltado y estallado por una 
		
mano vil);
con todo y tu belleza y tu desánimo a veces cuando 
		miras el techo 
		
          de la alcoba 
		sin ver, sin comprender,
sin mirar, sin reír;
con la inquietud de 
		la traición también, el miedo del amor y el 
		
          regocijo del 
		estar aquí,
y la tranquilidad de respirar y ser. 
		

Así me quieres, y te miro querer como se mira un largo río

		que transparente y hondo pasa,
un río inmóvil,
un río bueno, 
		noble, dulce,
un río que supiese acariciar.
23.

Más

Más allá de esta rosa

                                                 
		(Meditación de postrimerías)
1
Una rosa se yergue.
Tú 
		meditas. Se hincha
la realidad, y se abre, se recoge, se cierra.

		Cuando miras, entierras. Oh pompa
fúnebre. Azucena: Relincho

		espantoso, queja oscura, milagro. Tú que la melodía
de una rosa 
		escuchaste, sangrienta
en el amanecer cual llamada
de una realidad 
		diminuta,
miras tras ella el hondo
trajinar de otra vida, la 
		esbelta
rapidez con que algo se mueve en la noche
con prisa, como 
		si quisiera llegar a una meta
insaciable. Hay detrás de esta rosa, 
		que yergue
suavemente su tallo, una pululación hecha náusea,
un 
		horrible jadeo,
una ansiedad frenética, un hediondo existir que se 
		anuncia.
Una trompeta dispara
su luz, su entusiasmo sonoro
en 
		el estiércol. ¿Qué dices,
qué susurras, qué silbas
entre la 
		oscuridad, más allá de esta rosa,
realidad que te escondes? ¿Qué 
		melodía
articulas y entiendes y desdices y ahogas,
qué rumor de 
		unos pasos
deshaces, qué sonido
contradices y niegas? La cadencia 
		está dicha,
realizado el suspiro.
El rumor es silencio,
la 
		esperanza, la ruina. Todo silba y espera,
silencioso, engreído,

		más allá de esta rosa.

		
2
Más allá de esta rosa, más allá de esta mano
que escribe y 
		de esta frente
que medita, hay un mundo.
Hay un mundo espantoso, 
		luminoso y contrario
a la luz, a la vida.
Más allá de esta rosa e 
		impulsando su sueño,
paralelo, invertido
hay un mundo, y un hombre

		que medita, como yo, a la ventana.
Y cual yo en esta noche, con 
		estrellas al fondo,
mientras muevo mi mano,
alguien mueve su mano, 
		con estrellas al fondo.
y escribe mis palabras
al revés, y las 
		borra.


		"Oda a 
		la ceniza" 1967
24.

Muchacha dulce: no me amas...

Muchacha dulce: no me 
		amas.
Tú no conoces mi figura,
mi triste rostro que lejano vela

		tu faz borrosa entre la lluvia.


		Muchacha dulce: aquí en 
		mis ojos
brilla un otoño que rezuma
oro de amor, de amor por ti 
		que tienes
entre tus manos una aurora púrpura.


		Soy como tú. Soy como 
		tú. ¿Me oyes?
¡Soy como tú! ¡Oh, no me escuchas!
Mira, mira mi 
		amor... ¡Cómo me brota
del corazón este alba rubia!


		Tómala para ti. Yo no 
		la quiero.
Es para ti. Tómala. Nunca.
Hacia el azul sube amorosa

		y allí, tristísima, se alumbra.

Versos y pensamientos de Carlos Bousoño

4 citas
« Algo en mi sangre espera todavía. / Algo en mi sangre en que tu voz aún »
Carlos Bousoño · Algo en mi sangre espera todavía...
« Mira los aires, alma / solitaria, »
Carlos Bousoño · Alma solitaria
« mi / cariño en sus brisas te oreaba. »
Carlos Bousoño · Amor
« Aquí / estás, camino de siempre, »
Carlos Bousoño · Camino
Biblioteca poética

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