« Han azotado las tormentas la tierra en este punto / y aquí se han ido a »
Carl Sandburg
Carl Sandburg es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras co...
Vida
Carl Sandburg es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.
Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.
Poemas de Carl Sandburg
1.
Acumulaciones
Acumulaciones
Han azotado las tormentas la tierra en este punto
y aquí se han ido a
pique los barcos
y los transeúntes lo recuerdan
charlando en el puente de noche
cuando allí se aproximan.
Han golpeado los puños la cara de ese
viejo boxeador
profesional
y han aparecido sus combates en las páginas
de deportes y por la calle lo señalan con el
índice extendido por ser uno que una vez tuvo
el cinturón de campeón.
Se han publicado cientos de historias y
se han rumoreado
mil
a propósito del
porqué ese hombre alto y tenebroso se ha
divorciado de dos jóvenes hermosas
para casar con una tercera que se
parece a las otras dos
y sacuden la cabeza y comentan «ahí va»
cuando pasa de largo, con buen tiempo o con
lluvia, por las calles de la ciudad.
Versión de Miguel Martínez-Lage
* * *
2.
Bajo el ala de un sombrero
Bajo el ala de un sombrero
Mientras el murmullo y las prisas
de los pasos que de largo pasan
resuena en mi oído como las olas inquietas
de un mar que azota el
viento,
vino a mí un alma
asomada a la mirada de un rostro.
Ojos como un lago
donde ruge un viento de tormenta
me
sorprendieron bajo
el ala de un sombrero.
Pensé en un naufragio en alta mar,
los dedos magullados y aferrados
a la puerta desvencijada del comedor.
Versión de Miguel Martínez-Lage
* * *
3.
Baño
Baño
Un hombre vio el mundo entero como una calavera riente y un par de huesos cruzados. La carne rosada de la vida se encogió hasta desaparecer de todos los rostros. Nada cuenta, nada. Todo es falsedad. Polvo al polvo, ceniza a las cenizas, y una antigua tiniebla y un silencio inútil. Lo había visto todo. Fue entonces a un concierto de Mischa Elman. En dos horas, las olas de sonido le golpetearon los tímpanos. La música se llevó por delante algo, no sé qué, de su interior. La música derribó y reconstruyó algo en su cabeza, no sé bien qué, o en su corazón. Aplaudió durante los cinco bises que dio el joven judío ruso con el violín. Al salir, dio con las suelas en la acera de una manera nueva. Era el mismo hombre, en el mismo mundo de antes. Sólo que existía un fuego que canta y un ascenso de rosas perennes sobre el mundo entero que contemplaba. Versión de Miguel Martínez-Lage * * *
4.
Chicago
Chicago
Salchichería del mundo, Fábrica de Ãtiles. Almacén de Trigo. Juego de Vías Férreas. Tirada de Mercaderías de la Nación; ciudad tempestad, enronquecida, vocinglera, ciudad de anchas espaldas. Me dicen que eres perversa y lo creo, porque he visto a tus mujeres acicaladas bajo los reverberos esperando a los mozos del campo. Y me han dicho que eres canalla y yo respondo: Sí, es cierto, yo he visto al hombre con revólver matar y quedar libre para volver a matar. Y me han dicho que eres brutal y yo respondo: Sobre el rostro de tus mujeres y de tus niños he visto las señales del hambre desenfrenado. Y habiendo contestado así me vuelvo aún una vez hacia aquellos que desprecian esta ciudad, mi ciudad y les devuelvo su desprecio y les digo: mostradme otra ciudad que cante con la cabeza alta, tan orgullosa de ser viva, robusta, fuerte y astuta. Con sus juramentos magnéticos lanzados, contristándose de hacinar obra sobre obra, he aquí una gran alegre dadora de puñetazos que corta sobre las pequeñas aldeas reblandecidas. Feroz como una perra con la lengua alargada por la acción, astuta como un salvaje, con el desierto como adversario. Cabeza desnuda moviendo la pala, rompiendo, proyectando, construyendo, demoliendo, reedificando. Bajo el humo la boca manchada de polvo, riendo con blancos dientes. Bajo el peso terrible del destino, riendo como ríe una mujer joven, riendo como ríe un luchador ignorante que no ha perdido jamás en un combate, fanfarroneando, riendo de que bajo su muñeca está el pulso y bajo sus costillas el corazón del pueblo ¡Riendo! Riendo con la risa de la tempestad de la juventud, enronquecidas, vocinglera, medio desnuda, sudando orgullosa de hacer Salchichas, de Fabricar Ãtiles, de almacenar el Trigo, de Jugar con las Vías Férreas y de repartir las Mercaderías de la Nación. Versión de Ángel Cruchaga Santamaría * * *
5.
Dos
Dos
vecinos
Rostros de dos eternidades me miran sin cesar.
Uno es de Omar Jayam y
la roja materia
en que los hombres olvidan el ayer y el mañana
y recuerdan sólo las voces y las canciones,
los relatos, los periódicos y las peleas de hoy.
Otro es de Louis
Cornaro y el flaco favor
de las lentas, breves comidas a través de los lentos,
breves años,
para dejar que la Muerte abra la puerta lentamente,
una breve rendija.
Tengo un vecino que jura por Omar.
Tengo un
vecino que jura por Cornaro.
Los dos son felices.
Rostros de dos eternidades me miran sin cesar.
Que miren.
Versión de Miguel Martínez-Lage
* * *
6.
Dunas
Dunas
Qué
vemos aquí, en las dunas arenosas de la luna blanca,
a solas con nuestros pensamientos, Bill,
a solas con nuestros sueños,
Bill, suaves como las mujeres
que se atan una pañoleta a la cabeza al bailar,
a solas con una
imagen y una imagen tras otra, imágenes
de todos los muertos,
más muertos que todos esos granos de arena
apilados
uno a uno aquí, en la luna,
apilados contra la línea del cielo que
adquiere formas tal
como quiera la mano del viento,
qué vemos aquí, Bill, fuera de
aquello en que se rompen
la cabeza los más sabios,
fuera de lo que claman los poetas, fuera de
lo que buscan
con denuedo los soldados, hasta dejarse por ello
el cráneo al sol... ¿,Qué será, Bill?
Versión de Miguel Martínez-Lage
* * *
7.
En un suspiro
En un suspiro
(A los hermanos Williamson)
Mediodía. La blancura del sol
destella en el asfalto de la
Avenida Michigan. El tambor de los cascos, el
zumbar de los motores. Las mujeres de acá para
allá con sus vestidos endebles; en sus pieles y en
sus ojos juega el fuego del sol.
En el teatro, películas
submarinas. Del calor de las aceras
y el polvo de las cunetas, los transeúntes entran en
un suspiro para atestiguar la existencia de grandes,
frescas esponjas, de grandes, frescos peces, de
grandes, frescos valles y cordilleras de coral
tendidas en silencio, bajo el agua, en el lecho del
océano, miles de años.
Se zambulle un buceador desnudo. En su mano derecha,
un cuchillo lanza un tajo al vientre de un tiburón.
El tiburón larga un coletazo. Un simple coletazo
acabaría con el buceador... Pronto, el cuchillo se
hunde hasta las cachas en el gañote del pez que
vira... Las fauces llenas de dientes, cada diente una
daga, hilera tras hilera, brillan cuando el cadáver
estremecido es izado en un bostezo por los
hermanos del buceador.
Fuera, en la calle, el murmurar y el canturrear de la vida
al sol... caballos, coches, mujeres de acá para allá
con sus vestidos endebles; en su sangre juega el
fuego del sol.
Versión de Miguel Martínez-Lage
* * *
8.
Estatuas de bronce
Estatuas de bronce
I
La estatua de bronce del General Grant montado en su
caballo de bronce, en Lincoln Park,
se apergamina al sol cuando pasan
los automóviles
ronroneando en largas procesiones, camino de
alguna parte, para llegar a la cita prevista para la
cena, o al cine, o a comprar y vender
aunque con el atardecer y de
noche, cuando saltan las
altas olas
en las lajas del paseo, a la orilla del lago, ahí cerca,
he visto al general retar a los basureros a que se acerquen
y pongan
a galopar a su caballo de bronce, espoleado por
los cascos y las armas de la tormenta.
II
Atravieso Lincoln
Park en una noche de invierno
mientras nieva.
En su estatua de bronce, Lincoln descuella entre la
blancura de la nieve, su frente de bronce altiva
ante los ecos de los vendedores de periódicos, que
vocean que cuarenta mil hombres han muerto en
el Yser, sus oídos de bronce atentos al amortiguado
rugir de la noche que llega a sus pies de bronce.
Un indio ágil en un
caballo pequeño, de bronce,
Shakespeare sentado en bronce con sus largas
piernas, Garibaldi con su capote de bronce,
montan guardia en la fría y solitaria nieve que esta
noche cubre sus pedestales, y así aguantarán hasta
pasada la medianoche, hasta que raye el alba.
Versión de Miguel Martínez-Lage
* * *
9.
Estilo
Estilo
Estilo, sí: adelante, hablad del estilo.
Es fácil saber de dónde saca
un hombre su estilo,
como fácil es saber de dónde saca la Pavlova sus
piernas
o Ty Cobb el ojo con que mira al batear.
Que sigan hablando.
Eso sí: a mí, que no me quiten mi estilo.
Es mi rostro.
Tal vez no sirva de nada,
pero es de todas todas mi rostro.
Hablo con él, canto con él, gusto y
siento con él.
Sé por qué quiero conservarlo.
Matad mi estilo
y le partiréis las piernas a la Pavlova,
y cegaréis el ojo con que mira Ty Cobb al
batear.
Versión de Miguel Martínez-Lage
* * *
10.
Listo para matar
Listo para matar
Diez minutos llevo mirándolo.
Por aquí he pasado antes muchas veces y
me ha extrañado.
He aquí un monumento en bronce, recuerdo de un
famoso
general
a caballo, con la bandera y la espada y revólver en mano.
Cuánto me gustaría hacer añicos todo ese catafalco,
reducirlo a un montón de escombros, que se lo
lleven a la chatarrería.
Te lo diré con toda claridad:
luego de
que el granjero, el minero, el tendero, el obrero,
el bombero y el camionero
hayan sido recordados en sus monumentos de
bronce,
dándoles la forma del trabajo de conseguirnos a todos,
algo que comer, algo que vestir,
cuando apilen unas cuantas siluetas
recortadas contra el cielo
aquí en el parque,
y rememoren a los auténticos forzudos que hacen el
trabajo
del mundo, que dan de comer a la gente en vez de
aniquilarla,
entonces, a lo mejor sí que me plantaré aquí
a
contemplar con tranquilidad a este general del ejército
que enarbola su bandera al viento
y cabalga como un demonio en su
montura,
listo para matar a todo el que se le ponga por delante,
listo para que corra la sangre roja por la hierba nueva y
tierna de la pradera, y que la empapen las entrañas
de los hombres.
Versión de Miguel Martínez-Lage
* * *
11.
Mag
Mag
Juro por
Dios, Mag, que ojalá nunca te hubiera visto.
Ojalá nunca dejaras tu
trabajo para venirte conmigo.
Ojalá jamás hubiéramos pagado el
permiso, ni comprado
un vestido blanco,
para que te casaras el mismo día en que fuimos
corriendo
a
ver al cura
y le dijimos que nos amaríamos y cuidaríamos uno al otro
por siempre jamás, siempre que el sol y la lluvia perdurasen
en algún rincón.
Sí, ahora es mi deseo que vivieras en otra parte,
bien lejos
de
aquí,
y que yo fuera un vagamundo montado en un mercancías,
a dos mil kilómetros, totalmente en la ruina.
Y ojalá nunca hubiéramos tenido niños
ni el alquiler, el carbón, la ropa por pagar,
ni el recadero de la tienda que viene a cobrar lo suyo,
a cobrar en metálico por alubias y ciruelas.
Ojalá nunca te hubiera visto, Mag
Ojalá nunca hubiéramos tenido niños.
Versión de Miguel Martínez-Lage
* * *
12.
Negro
Negro
Soy el negro.
El que canta canciones,
el que baila...
con más
suavidad que el algodón...
con más dureza que la tierra oscura,
los caminos apisonados por el sol,
por los pies descalzos de los
esclavos...
espumarajos entre los dientes... estridentes
carcajadas...
amor rojo por la sangre de la mujer,
amor blanco por
los negritos que trastabillan...
amor perezoso por el tañer del
banjo...
sudoroso, obligado al jornal de la siega,
altas risotadas
con las manos como dos jamones,
endurecidos los puños con el mango,
la sonrisa de los sueños, la duermevela en las junglas de
antaño,
loco como el sol y el rocío y el goteo, como la poderosa
vida en la jungla,
meditabundo, triste, farfullando los recuerdos de
los
grilletes:
soy el negro.
Mírame.
Soy el negro.
Versión de Miguel Martínez-Lage
* * *
13.
Personalidad
Personalidad
(Cavilaciones de un policía adscrito al Despacho
de Identificación)
Has amado a cuarenta mujeres, pero sólo tienes un
pulgar.
Has llevado cien vidas secretas, pero sólo dejas una huella
dactilar.
Vas por el mundo y combates en un millar de guerras y
obtienes todos los honores del mundo, pero
cuando regresas a tu hogar la huella de uno de los
pulgares que te dio tu madre es la misma huella
del pulgar que tenías en el asilo, donde tu madre
te besó para despedirse.
Del útero revuelto del tiempo provienen
millones de
hombres, cuyos pies atestan la
tierra, y se rajan el
cuello unos a otros
por un lugar donde seguir en
pie, y entre
todos ellos no hay dos huellas de
pulgar que
sean iguales.
En alguna parte debe haber un Gran Dios de los
Pulgares,
capaz de contar por dentro la
historia de todo esto.
Versión de Miguel Martínez-Lage
14.
Elige
Elige
Un solo puño cerrado está en lo alto, listo,
si no, la mano abierta,
tendida, a la espera, con su pregunta.
Elige:
nos hemos de encontrar en uno o en otra.
Versión de Miguel Martínez-Lage
* * *
15.
Felicidad
Felicidad
Pedí a los profesores que enseñan el sentido de la vida
que me dijeran qué es la felicidad.
Fui a ver a los afamados ejecutivos que comandan el
trabajo de miles de hombres.
Todos menearon la cabeza y me sonrieron como si yo
tratase de engatusarlos.
Y un domingo por la tarde fui a pasear por la orilla del
río Desplaines.
Y vi a un grupo de húngaros bajo los árboles, con sus
mujeres y sus hijos, un barril de cerveza y un
acordeón.
Versión de
Miguel Martínez-Lage
* * *
16.
* * *
* * *
Hombros albos
Tus
hombros albos
los recuerdo
y te encogías de risa.
Risa rara
que te arrasaba sola
desde tus hombros albos.
Versión de Miguel Martínez-Lage
* * *
17.
Lealtades
Lealtades
Polvo
amarillo
en el ala de un abejorro,
luces grises en los ojos
de una mujer que pregunta,
rojas ruinas a la luz cambiante
de los rescoldos del crepúsculo:
os tomo y amontono
los recuerdos.
La muerte ha de romperse las garras
en algunos a los que guardo.
Versión de Miguel Martínez-Lage
* * *
18.
Niebla
Niebla
Llega la niebla con sus mullidas almohadillas de gata. Se sienta a mirar la ciudad y el puerto sobre sus ancas calladas y luego sigue su camino. Versión de Miguel Martínez-Lage * * *
19.
Pérdidas
Pérdidas
Tuve un amor y un hijo, un banjo, las sombras. (Pérdidas de Dios, todas acabarán y un buen día nos quedaremos sólo con las sombras.) Versión de Miguel Martínez-Lage
20.
Asesinos
Asesinos
A vosotros canto
con voz queda, como la del hombre que habla con su
hijo
muerto;
con la dureza de un hombre esposado,
sujeto allí donde no
puede moverse.
Bajo el sol
hay dieciséis millones de
hombres
elegidos por sus dientes brillantes,
su buena vista, sus
piernas duras
y porque corre en sus muñecas la sangre caliente y
joven.
Y un jugo rojo corre por la verde hierba;
y un jugo rojo empapa la oscura tierra.
y los dieciséis millones
asesinan...y asesinan y asesinan.
Nunca los olvido, ni de noche ni de día:
me golpean la cabeza para que los recuerde,
me baten el corazón y yo
les devuelvo el grito
y grito a sus hogares y mujeres, a sus sueños y
juegos.
Despierto en plena noche y me llega el olor
de las trincheras
y escucho la leve agitación de los que duermen en
hilera...
Dieciséis millones de durmientes y piquetes a oscuras:
algunos ya durmientes para siempre,
algunos a punto de dormir mañana, dando tumbos, para siempre,
clavados tras la estela de la pena negra del mundo,
comiendo y
bebiendo, empeñados en la faena... en un
largo trabajo de asesinos.
Dieciséis millones de hombres.
Versión de Miguel Martínez-Lage
* * *
21.
Entre rojas escopetas
Entre rojas escopetas
(Tras despertar al alba una mañana, cuando el viento cantaba con
voz baja entre las ramas secas de un olmo)
Entre rojas escopetas,
en los corazones de los soldados .
corre la sangre libre
en la larga, larguísima campaña:
siguen
los sueños.
Entre las monturas de cuero,
en las cabezas de los soldados,
recios en la tortura y la matanza
de toda lucha cuerpo a cuerpo:
siguen los sueños.
Entre los cañones que abrasan,
en las manos de los soldados,
traídos de los pliegues de carne de las mujeres...
blandos en medio
de la sangre y el llano...
en todas vuestras cabezas, todos vuestros
corazones,
entre las escopetas, las monturas, los cañones:
Los sueños,
siguen los sueños
entre
los muertos boca arriba,
destrozados, inútiles ya del todo:
los
sueños del camino y la meta siguen intactos.
Versión de Miguel Martínez-Lage
* * *
22.
Estadística
Estadística
Inquieto, Napoleón cambió de postura en el viejo sarcófago y murmuró al vigía: «¿Quién va?» «Veintiún millones de hombres, soldados, ejércitos, armas, veintiún millones a pie, a caballo, por aire, bajo el mar.» Y Napoleón volvió a conciliar el sueño. «No es mi mundo el que responde: será un soñador que no sabe nada del mundo en el que avancé desde Calais hasta Moscú.» Y siguió durmiendo en el viejo sarcófago mientras el zumbido del motor de los biplanos se desgranaba entre el mausoleo de Napoleón y las estrellas frescas de la noche. Versión de Miguel Martínez-Lage * * *
23.
Fauces
Fauces
Siete naciones se plantaron con las manos en las fauecs
de la muerte.
Era la primera semana de agosto, mil novecientos
catorce.
Yo escuchaba, escuchabas tú, el mundo entero a la escucha,
y todos nosotros oímos una Voz que murmuraba:
«Yo soy el camino y la luz.
el que cree en mí,
no perecerá,
sino que salvará su vida eterna».
Siete naciones aguzaron el oído y
oyeron a la Voz y
respondieron:
«¡Al demonio!»
Las fauces de la muerte comenzaron a entrechocar y
siguen entrechocando:
«¡Al demonio!»
Versión de Miguel Martínez-Lage
* * *
24.
Guerras
Guerras
En las guerras de antaño, el tamborileo de los cascos y el
rumor de pies calzados.
En las guerras nuevas, el runrún de los
motores y el siseo
de neumáticos.
En las guerras por venir, ruedas calladas y zumbido de
cañas que aún no se han soñado en las cabezas de
los hombres.
En las guerras de antaño, empuñar de espadas cortas y
embates de las lanzas en los rostros.
En las guerras nuevas, armas de
largo alcance y muros
destrozados, armas que escupen metal y hombres
que caen a decenas, a centenas.
En las guerras por venir, nuevas
muertes calladas, nuevos
lanzadores callados que aún no se han soñado en
las cabezas de los hombres.
En las guerras de antaño, reyes que
disputan y miles de
seguidores.
En las guerras nuevas, reyes que disputan y millones de
seguidores.
En las guerras por venir, reyes pisoteados en el polvo y
millones de seguidores de las grandes causas, que
aún no se han soñado en las cabezas de los
hombres.
Versión de Miguel Martínez-Lage
* * *
25.
Hierro
Hierro
Armas,
largas armas de acero
que apuntan desde los buques de
guerra
en nombre del dios de la guerra.
Armas rectas, brillantes,
bruñidas,
a las que se encaraman los reclutas de camisa blanca,
la
gloria de los rostros tostados, el cabello revuelto, los
dientes blancos,
la risa de los ágiles reclutas de camisa blanca,
sentados a horcajadas en las armas con sus cantos de
guerra, con sus bélicas salomas.
Palas,
anchas palas de hierro
que recogen carbón de las bodegas ahusadas,
remueven la turba,
nivelan la tierra.
Os pido
que seáis testigos
de que la pala es hermana del arma.
Versión de Miguel Martínez-Lage
* * *
26.
Murmullos en un hospital de campaña
Murmullos en un hospital de campaña
(Lo recogieron en el prado, donde llevaba dos días tendido bajo
la
lluvia, con una esquirla de metralla en los pulmones)
Ven a mí ahora sólo con juguetes...
Una foto de una mujer que
cante y tenga los ojos azules
de pie ante un seto de hortensias,
amapolas, girasoles...
o un anciano al que recuerdo contar cuentos a
los niños,
cuentos de días que nunca sucedieron, en ningún rincón
del mundo...
Se acabó el hierro frío y duro de manejar,
torneado para
emprender la carga.
Tráeme sólo cosas bellas, inútiles.
Sólo cosas
del hogar, tocadas por la luz del atardecer, en
la quietud...
y en la ventana, un día de verano,
el amarillo en el
nuevo cuenco de la mantequilla
frente al rojo de las rosas que
trepan...
y que el mundo sólo fueran juguetes.
Versión de Miguel Martínez-Lage
* * *
Versos y pensamientos de Carl Sandburg
4 citas« Mientras el murmullo y las prisas / de los pasos que de largo pasan »
« Un hombre vio el mundo entero como una calavera / riente y un par de »
« Salchichería del mundo, / Fábrica de Ãtiles. Almacén de Trigo. »
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