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Bob Dylan
Bob Dylan es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras compos...
Vida
Bob Dylan es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.
Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.
Poemas de Bob Dylan
1.
Blues
Blues
hablados de la tercera guerra mundial Hace tiempo tuve un sueño desconcertante Soñé que me había metido en la Tercera Guerra Mundial. Al mismísimo día siguiente fui a ver al médico Para ver qué me podía decir. Me dijo que había sido un mal sueño. De todas formas yo no estaba preocupado en absoluto. Eran mis propios sueños y sólo existían en mi cabeza. Dije yo: «Un momento nada más, doctor, me ha pasado una guerra mundial por la cabeza» Dijo él: «Enfermera, coja su libreta; este chico está demente» Me cogió por el brazo. Yo dije ¡ay! Según aterrizaba en el diván del siquiatra. Me dijo: «Cuéntamelo todo». Bueno, pues todo empezó a las tres en punto de la madrugada, Y al dar y cuarto ya había terminado. Yo estaba en una alcantarilla con alguna amiguita, Cuando decidí echar un vistazo por una tapadera Para ver quién podía haber encendido las luces. Me levanté a dar una vuelta Y recorrí la ciudad vacía, Me pregunté dónde podría ir, Encendí un cigarrillo en un parquímetro Y seguí carretera abajo. Era un día normal. Toqué el timbre de un refugio contra la lluvia radiactiva, Asomé la cabeza y pegué un grito, «Dadme una judía verde, soy un hombre hambriento». Una escopeta disparó y yo salí huyendo. No les culpo demasiado de todas formas, El no me conocía. En la esquina de abajo, junto a un puesto de perritos calientes, Vi a un hombre, le dije: «Hola, tú, amigo», Y supongo que algo de aquello debía haber, Gritó sólo un poquito y salió escapado. Pensó que yo era un comunista. Localicé a una moza y antes de que se pudiera ir, Le dije: «Juguemos a Adán y Eva» La cogí de la mano y tuve un ataque de palpitaciones, Pero ella me dijo: «Sí, hombre, ¿estás loco o qué?» «¿No has visto lo que pasó la última vez que empezaron?» Vi la ventana de tu Cadillac allá en la ciudad. No había nadie por allí. Me senté al volante Y tiré por la calle cuarenta y dos abajo En mi Cadillac. Buen coche ése para conducir después de una guerra. Bueno, pues como recordaba haber visto algún anuncio, Puse la emisora de emergencia Pero no había pagado la factura, Y aquello no funcionaba ni medio bien. Puse en marcha mi tocadiscos, Era Rock A Day y Johnny cantaba, «Dile a tu Pa, dile a tu Ma, Que nuestros amores van en aumento, Ooh-wah, Doh-wah .» Me sentí así como solitario y triste, Necesitaba hablar con alguien, Así que llamé al reloj de la Telefónica Aunque sólo fuera por oír a alguien. «Al oír la tercera señal Serán las tres en punto». Lo estuvo diciendo durante más de una hora Y luego colgué. Bueno, pues el doctor me interrumpió como por aquí Diciendo: «¡Eh! Yo también he estado soñando eso mismo últimamente» «Pero mi sueño era algo distinto, verás Yo soñaba que el único que quedaba después de la guerra era yo, Y no te veía por allí». El tiempo pasó y ahora parece Que todo el mundo sueña lo mismo. Todos se ven paseando por ahí y no ven a nadie más. La mitad de la gente puede estar a medias en lo cierto continuamente Unos cuantos pueden estar en lo cierto alguna vez, Pero nadie puede estar en lo cierto todo el tiempo. Me parece que esto lo dijo Abraham Lincoln. Os dejaré aparecer en mis sueños si me dejáis que aparezca en los vuestros. Esto lo he dicho yo. Colección Visor de poesía 1972 Versión de Antonio Rasines
2.
Dama
Dama
de los ojos tristes de las tierras bajas Con tu boca de mercurio en la era de los misioneros. Y tus ojos como de humo y tus rezos que parecen rimas, Y tu cruz de plata, y tu voz de campanillas ¿Quién creen que podría enterrarte? Con tu bolsillos por fin bien protegidos Y tus visiones de tranvías que dejas sobre la hierba Y tu piel de seda, y tu cara como el cristal ¿A quién crees que podrían convencer para que te llevara a cuestas? Dama de los ojos tristes de las tierras bajas, De donde dice el profeta de los ojos tristes que no viene nadie, Mis ojos de almacén, mis tambores árabes ¿Debería tal vez dejarlos junto a la verja? O, Dama de los ojos tristes, ¿debería acaso esperar? Con tus sábanas como el metal y tu cinturón de encaje, Y tu mazo de cartas sin la sota ni el as, Y tus vestidos de sótano, y tu cara hueca, ¿Quién de ellos pudo pensar que podría adivinar lo que harías? Con tu silueta cuando la luz del sol se va apagando En tus ojos, donde nada la luz de la luna, Y tus canciones de caja de cerillas y tus himnos gitanos, ¿Quién de ellos querría intentar impresionarte? Dama de los ojos tristes de las tierras bajas, De donde dice el profeta de los ojos tristes que no viene nadie, Mis ojos de almacén, mis tambores árabes ¿Debería tal vez dejarlos junto a la verja? O, Dama de los ojos tristes, ¿debería acaso esperar? Los reyes de Tiro, con su lista de presos, Esperan en fila sus besos de geranio. Y tú no podías saber que ocurriría así Pero, ¿quién de entre todos ellos desea realmente besarte? Con las llamas de tu infancia en tu manta de medianoche. Y tus modales a la española y las drogas de tu madre. Y tu boca de vaquero, y tus elogios de toque de queda. ¿Quién de ellos crees que se te podría resistir? Dama de los ojos tristes de las tierras bajas, De donde dice el profeta de los ojos tristes que no viene nadie, Mis ojos de almacén, mis tambores árabes ¿Debería tal vez dejarlos junto a la verja? O, Dama de los ojos tristes, ¿debería acaso esperar? Los granjeros y los negociantes decidieron entre todos Enseñarte que lo que solían esconder eran los ángeles muertos. Pero, ¿por qué tuvieron que elegirte a ti para que te pusieras de su lado? ¿Cómo pudieron equivocarse contigo de ese modo? Hubieran querido que cargaras con las culpas de lo de la granja, Pero con el mar a tus pies y la fingida falsa alarma, Y con el hijo de un maleante recogido en tus brazos, ¿Cómo iban a poder convencerte? Dama de los ojos tristes de las tierras bajas, De donde dice el profeta de los ojos tristes que no viene nadie, Mis ojos de almacén, mis tambores árabes ¿Debería tal vez dejarlos junto a la verja? O, Dama de los ojos tristes, ¿debería acaso esperar? Con tus recuerdos de la calle de los enlatadores como láminas de metal, Y tu marido de revista que tenía que irse algún día, Y tu delicadeza de ahora, que no puedes ocultar, ¿Quién de ellos crees que te daría empleo? Ahora estás con tu ladrón, estás en su libertad bajo palabra Con el medallón sagrado que acabas de doblar con tus propios dedos. Y tu cara de santa, y tu alma de fantasma, ¿Quién de entre todos ellos pudo jamás pensar que te podrían destruir? Dama de los ojos tristes de las tierras bajas, De donde dice el profeta de los ojos tristes que no viene nadie, Mis ojos de almacén, mis tambores árabes ¿Debería tal vez dejarlos junto a la verja? O, Dama de los ojos tristes, ¿debería acaso esperar? Colección Visor de poesía 1972 Versión de Antonio Rasines
3.
Flotando
Flotando
en el viento ¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre Antes de que le llaméis hombre? ¿Cuántos mares debe surcar la blanca paloma Antes de dormir sobre la arena? ¿Cuántas veces deben volar las balas de cañón Antes de ser prohibidas para siempre? La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento, La respuesta está flotando en el viento, ¿Cuántas veces debe un hombre mirar hacia arriba Para poder ver el cielo? ¿Cuántos oídos debe tener un hombre Para poder oír a la gente llorar? ¿Cuántas muertes serán necesarias para que comprenda Que ya ha habido demasiados muertos? La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento, La respuesta está flotando en el viento, ¿Cuántos años puede permanecer una montaña Antes de ser arrastrada al mar? ¿Cuántos años pueden algunas gentes vivir Antes de conocer la libertad? ¿Cuántas veces puede un hombre volver la cabeza fingiendo no ver nada? La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento, La respuesta está flotando en el viento. Versión de Marcelo Covian
4.
George
George
Jackson Cuando me desperté esta mañana Mi cama estaba empapada de lágrimas Han matado a un hombre al que amaba de verdad Le han pegado un tiro en la cabeza. Dios, Dios, han matado a George Jackson Dios, Dios, le han tumbado por tierra Le metieron en la cárcel Por un robo de treinta dólares Cerraron la puerta tras él Y tiraron la llave Dios, Dios, han matado a George Jackson Dios, Dios, le han tumbado por tierra Nunca aceptó la mierda de nadie Nunca agachó la cabeza ni se arrodilló Las autoridades le odiaban Porque era demasiado real. Dios, Dios, han matado a George Jackson Dios, Dios, le han tumbado por tierra. Los guardianes de la prisión le maldecían Mientras le vigilaban desde lo alto Pero tenían miedo de su poder Estaban asustados de su amor. Dios, Dios, han matado a George Jackson Dios, Dios, le han tumbado por tierra A veces pienso que este mundo No es más que un gran patio de prisión Algunos somos presos Los otros somos guardianes. Dios, Dios, han matado a George Jackson Dios, Dios, le han tumbado por tierra. Colección Visor de poesía 1972 Versión de Antonio Rasines
5.
Hace
Hace
mucho tiempo, muy lejos... Predicar sobre la paz y la hermandad ¡Oh!, ¡cuál puede llegar a ser el precio! Un hombre lo hizo hace ya mucho tiempo y le colgaron de una cruz. Hace mucho tiempo, muy lejos, Estas cosas ya no pasan hoy en día. Las cadenas de esclavos Se arrastraban por el suelo Con las cabezas y los corazones agachados Pero esto fue en tiempos de Lincoln Y eso fue hace mucho tiempo. Hace mucho tiempo, muy lejos Cosas como ésta ya no pasan hoy en día. Las armas de guerra se dispararon salvajemente El mundo entero sangró Los cuerpos de los hombres flotaron en las orillas De océanos de barro. Hace mucho tiempo, muy lejos, Cosas como ésta ya no pasan hoy en día. Un hombre tenía mucho dinero Otro no tenía ni para comer Un hombre vivía como un rey El otro mendigaba en la calle Hace mucho tiempo, muy lejos Estas cosas ya no pasan hoy en día. Un hombre murió por un cuchillo muy afilado Un hombre murió por la bala de un rifle Un hombre murió de tristeza Al ver el linchamiento de su hijo Hace mucho tiempo, muy lejos Cosas como ésta ya no pasan hoy en día. Los gladiadores se mataban los unos a los otros Esto fue en tiempos de los romanos La gente les vitoreaba con los ojos inyectados en sangre Mientras los ojos y la mente se cegaban Hace mucho tiempo, muy lejos Cosas como ésta ya no pasan hoy en día. Y hablar de paz y hermandad ¡Cuál puede llegar a ser el precio! Un hombre lo hizo hace mucho tiempo y le colgaron de una cruz. Hace mucho tiempo, muy lejos Cosas como ésta ya no pasan hoy en día. ¿No? Colección Visor de poesía 1972 Versión de Antonio Rasines
6.
La
La
huida del vagabundo Ayudadme en mi miseria Oí al vagabundo decir Cuando le sacaban del tribunal Y se lo llevaban «Mi camino no ha sido agradable Y me queda poco tiempo, Y sigo sin saber Qué mal le he hecho yo a nadie» El juez se quitó la toga, Sus ojos se llenaron de lágrimas «Jamás lo comprenderías», le dijo, «¿Por qué tienes que intentarlo?» , Fuera el público alborotaba, Se le podía oír desde la puerta, Dentro el juez bajaba del estrado Mientras el jurado clamaba pidiendo más. «¡Oh!, callen ya a ese maldito jurado», Gritaron el asistente y la enfermera. El juicio ya fue bastante malo, Pero esto es diez veces peor. Justo entonces, un rayo, Reventó el Juzgado, Y mientras todo el mundo caía de rodillas a rezar, El vagabundo escapó. Colección Visor de poesía 1972 Versión de Antonio Rasines
Versos y pensamientos de Bob Dylan
4 citas« de los ojos tristes de las / tierras bajas »
« en el viento / ¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre »
« Jackson / Cuando me desperté esta mañana »
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