Poesía Universal

Blanca Varela

Biografía y amplia selección de poemas de Blanca Varela. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Blanca Varela. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Blanca Varela

23 poemas seleccionados
1.

A lo mejor eres tú mismo el tren que pita y se mete bajo...

A lo mejor eres tú mismo el tren que pita y se mete bajo
       
		tierra rumbo al infierno o la estrella de chatarra que te
       
		lleva frente a otro muro lleno de espejos y de gestos,
       
		endiablados gestos sin dueño y tú tras ellos, solo, feliz
       
		propietario de una boca escarlata que muge.
Pega el oído a la tierra 
		que insiste en levantarse y respirar.
Acaríciala como si fuera carne, 
		piel humana capaz de
       conmoverte, 
		capaz de rechazarte.
Acepta la espera que no siempre hay lugar en el 
		caos.
Acepta la puerta cerrada, el muro cada vez más alto, el
       
		saltito, la imagen que te saca la lengua.
No te trepes sobre los 
		hombros de los fantasmas que es
       
		ridículo caerse de trasero with music in your soul.
2.

A media voz

la lentitud es belleza
copio estas líneas ajenas
respiro 
		
acepto la luz 
bajo el aire ralo de noviembre
bajo la hierba

		sin color
bajo el cielo cascado
y gris 
		
acepto el duelo y la fiesta
no he llegado 
no llegaré jamás

		en el centro de todo
esta el poema intacto
sol ineludible
noche 
		sin volver la cabeza
merodeo su luz
su sombra animal
de 
		palabras
husmeo su esplendor 
		
su huella
sus restos 
todo para decir 
que alguna vez

		estuve atenta
desarmada

		
sola casi 
en la muerte
casi en el fuego
3.

Aquella torturada nube parecía tan firme...

V
Aquella torturada nube parecía tan firme,
ambulando,

		desgarrando,
chocando con masas de ángeles.

		
Cóncava,
valva de nieve y soledad,
de trajín y música 
		constante,
de arena, de resplandor
y fuga,
desierto etiope

		en un tutti de gemidos
y sorpresa.

		
Tan exacta
sobre el laberinto de la pupila,
color perdido

		de vieja misiva,
terrible silencio
de quien ha sacudido el aire

		y conoce el vado de los sollozos.
Continuaba,
migradora,
llave 
		del torbellino
como una gota pura
preñada de su propia existencia.
4.

A rose is a rose

inmóvil devora luz

		se abre obscenamente roja
es la detestable perfección
de lo 
		efímero
infesta la poesía
con su arcaico perfume
5.

Así sea

El día queda atrás,
apenas consumido y ya inútil.
Comienza la 
		gran luz,
todas las puertas ceden ante un hombre
dormido,
el 
		tiempo es un árbol que no cesa de crecer.

		
El tiempo,
la gran puerta entreabierta,
el astro que ciega.

		
No es con los ojos que se ve nacer
esa gota de luz que será,

		que fue un día.

		
Canta abeja, sin prisa,
recorre el laberinto iluminado,
de 
		fiesta.

		
Respira y canta.
Donde todo se termina abre las alas.
Eres el 
		sol,
el aguijón del alba,
el mar que besa las montañas,
la 
		claridad total,
el sueño.
6.

Auvers-sur-oise

Nadie te va a abrir la 
		puerta. Sigue golpeando.
Insiste.
Al otro lado se oye música. No. 
		Es la campanilla del
         
		teléfono.
Te equivocas.
Es un ruido de máquinas, un jadeo 
		eléctrico, chirridos,
         
		latigazos.
No. Es música.
No. Alguien llora muy despacio.
No. 
		Es un alarido agudo, una enorme, altísima lengua que
         
		lame el cielo pálido y vacío.
No. Es un incendio.

		
Todas las riquezas, todas las miserias, todos los hombres,
todas 
		las cosas desaparecen en esa melodía ardiente.
T ú estás solo, al 
		otro lado.
No te quieren dejar entrar.
Busca, rebusca, trepa, 
		chilla. Es inútil.
Sé el gusanito transparente, enroscado, 
		insignificante.
Con tus ojillos mortales dale la vuelta a la manzana, 
		mide
           con 
		tu vientre turbio y caliente su inexpugnable
           
		redondez.
Tú, gusanito, gusaboca, gusaoído, dueño de la muerte y
           
		de la vida.
No puedes entrar.
Dicen.
7.

Bodas

Perdidos en la niebla
el colibrí y su amante.
Dos piedras 
		lanzadas por el deseo 
		
se encuentran en el aire.
La retama está viva,
arde en la 
		niebla,
habitada. 
		
( dedicatoria)
8.

Canto

villano


		y de pronto la vida
en mi plato de pobre
un magro trozo de celeste 
		cerdo
aquí en mi plato

		
observarme
observarte
o matar una mosca sin malicia

		aniquilar la luz
o hacerla

		
hacerla
como quien abre los ojos y elige
un cielo rebosante

		en el plato vacío

		
rubens cebollas lágrimas
más rubens más cebollas
más lágrimas

		
tantas historias
negros indigeribles milagros
y la estrella de 
		oriente

		
emparedada
y el hueso del amor
tan roído y tan duro

		brillando en otro plato

		
este hambre propio
existe
es la gana del alma
que es el 
		cuerpo

		
es la rosa de grasa
que envejece
en su cielo de carne


		mea culpa ojo turbio
mea culpa negro bocado
mea culpa divina 
		náusea

		
no hay otro aquí
en este plato vacío
sino yo
devorando mis 
		ojos
y los tuyos
9.

Casa de cuervos

porque te alimenté con esta realidad
mal cocida
por tantas y tan 
		pobres flores del mal
por este absurdo vuelo a ras de pantano
ego 
		te absolvo de mí
laberinto hijo mío

		
no es tuya la culpa
ni mía
pobre pequeño mío
del que hice 
		este impecable retrato
forzando la oscuridad del día
párpados de 
		miel
y la mejilla constelada
cerrada a cualquier roce
y la 
		hermosísima distancia
de tu cuerpo
tu náusea es mía
la 
		heredaste como heredan los peces
la asfixia
y el color de tus ojos

		es también el color de mi ceguera
bajo el que sombras tejen

		sombras y tentaciones
y es mía también la huella
de tu talón 
		estrecho
de arcángel
apenas pasado en la entreabierta ventana
y 
		nuestra
para siempre
la música extranjera
de los cielos 
		batientes
ahora leoncillo
encarnación de mi amor
juegas con mis 
		huesos
y te ocultas entre tu belleza
ciego sordo irredento
casi 
		saciado y libre
con tu sangre que ya no deja lugar
para nada ni 
		nadie

		
aquí me tienes como siempre
dispuesta a la sorpresa
de tus 
		pasos
a todas las primaveras que inventas
y destruyes
a 
		tenderme -nada infinita-
sobre el mundo
hierba ceniza peste fuego

		a lo que quieras por una mirada tuya
que ilumine mis restos
porque 
		así es este amor
que nada comprende
y nada puede
bebes el 
		filtro y te duermes
en ese abismo lleno de ti
música que no ves

		colores dichos
largamente explicados al silencio
mezclados como se 
		mezclan los sueños
hasta ese torpe gris
que es despertar
en la 
		gran palma de dios
calva vacía sin extremos
y allí te encuentras

		sola y perdida en tu alma
sin más obstáculo que tu cuerpo
sin más 
		puerta que tu cuerpo
así este amor
uno solo y el mismo
con 
		tantos nombres
que a ninguno responde
y tú mirándome
como si no 
		me conocieras
marchándote
como se va la luz del mundo
sin 
		promesas
y otra vez este prado
este prado de negro fuego 
		abandonado
otra vez esta casa vacía
que es mi cuerpo
a donde no 
		has de volver
10.

Curriculum vitae

digamos que ganaste la 
		carrera
y que el premio
era otra carrera
que no bebiste el vino 
		de la victoria
sino tu propia sal
que jamás escuchaste vítores

		sino ladridos de perros
y que tu sombra
tu propia sombra
fue tu 
		única
y desleal competidora.
11.

Dama de blanco

el poema es mi cuerpo
esto la poesía
la carne fatigada 
		
el sueño el sol
atravesando desiertos
los extremos del alma se 
		tocan
y te recuerdo Dickinson
precioso suave fantasma
errando 
		tiempo y distancia
en la boca del otro habitas
caes al aire eres 
		el aire
que golpea con invisible sal
mi frente
los extremos del 
		alma se tocan
se cierran se oye girar la tierra 
		
ese ruido sin luz
arena ciega golpeándonos
así será ojos que 
		fueron boca
que decía manos que se abren
y se cierran vacías

		distante en tu ventana
ves al viento pasar
te ves pasar el rostro 
		en llamas
póstuma estrella de verano
y caes hecha pájaro
hecha 
		nieve en la fuente
en la tierra en el olvido
y vuelves con falso 
		nombre de mujer
con tu ropa de invierno
con tu blanca ropa de

		invierno 
		
enlutado
12.

Deseos,

piedras, cielo a 
		jirones...


		IV
Deseos, piedras, 
		cielo a jirones,
ni un ave.
Estoy huyendo.
Una nueva montaña,

		un río joven, sin ira.

		

Éste es el mundo que amo.
Quiero un cielo veloz,
la mañana 
		distinta, sin colores,
para poner mis ángeles,
mis calles donde 
		siempre hay humo y sorpresa.
13.

Despierto...

VIII
Despierto.

Primera isla de la conciencia:

		
un árbol.

El temor inventa el vuelo.

El desierto 
		familiar me acoge.

		
Alguien me observa con indiferencia.
14.

Destiempo

I 
Se fue el día,
las escamas del sueño giran.

		
Todo desciende,
la noche es el tedio. 

En el desierto, a 
		oscuras,
temerosa del amor
la ostra llora a solas. 
		
Caen las lívidas hojas de tu frente,
Te alejas, negra burbuja sin 
		destino. 
		

Se abren súbitamente mil calles,
arrecifes en llamas 

		retienen tu cuerpo helado como una lágrima,
nada te hiere,
el 
		coral clava su garra en tu sombra, 
		
tu sangre se desliza, inunda praderas,
salta de las ventanas como 
		un rojo sonido
y todo esto no es sino el otoño.
15.

Ejercicios

I
Un poema 
como 
		una gran batalla
me arroja en esta arena
sin más enemigo que yo


		yo
y el gran aire de 
		las palabras


		II
miente la nube

		la luz miente
los ojos
los engañados de siempre
no se cansan de 
		tanta fábula


		III
terco azul

		ignorancia de estar en la ajena pupila
como dios en la nada


		IV
pienso en alas de 
		fuego en música
pero no
no es eso lo que temo
sino el torvo 
		juicio de la luz
16.

El amor es como la música...

IX
El amor es como 
		la música,
me devuelve con las manos vacías,
con el tiempo que se 
		enciende de golpe
fuera del paraíso.
Conozco una isla,
mis 
		recuerdos,
y una música futura,
la promesa.

		
Y voy hacia la muerte que no existe,
que se llama horizonte en mi 
		pecho.
Siempre la eternidad a destiempo.
17.

El mar pliega las alas al atardecer...

VI
El mar pliega las 
		alas al atardecer,
tú no eres sino una pálida burbuja
navegando al 
		golpe del aliento,
un negro trino,
el sol que sale en el centro 
		del pecho
en mitad de la calle,
un silencio en la música dura

		de la ciudad sin límites.

		
Para atravesar ese océano,
ese golpe de luz en la siesta,
no 
		bastaría la eternidad.
18.

El rayo ha perfumado ferozmente nuestra casa...

II
El rayo ha perfumado ferozmente nuestra casa.
Tenemos sed, 
		tenemos prisa por golpear 
		
con el hueso de una flor en la tiniebla.
Hay un árbol talado en 
		esta historia.
Contemplamos el cielo. No hay señales.
¿Es de día? 
		¿Es de noche?
Murió la araña que medía el tiempo, 
		
sólo hay un viejo muro y una nueva familia de sombras.
19.

En lo más negro del verano

El agua de tu rostro
en un rincón del jardín,
el más oscuro 
		del verano,
canta como la luna.

		
Fantasma.
Terrible a mediodía.
A la altura de los lirios
la 
		muerte sonríe.
Sobre una pequeñísima charca,
ojo de dios,
un 
		insecto flota bocarriba.
La miel silba en su vientre
abierto al 
		dedo del estío.

		
Todo canta a la altura de tu rostro
suspendido como una luz 
		eterna
entre la noche y la noche.

		
Canta el pantano,
arden los árboles,
no hay distancia,
no 
		hay tiempo.

		
El verano trae lo perdido,
el mundo es esta calle de fuego

		donde todas las rosas caen y vuelven a nacer,
donde los cuerpos se 
		consumen
enlazados para siempre
en lo más negro del verano.


		En un rincón del jardín

		bajo una piedra canta el verano.
En lo más negro,
en lo más ciego 
		y blanco,
donde todas las rosas caen,
allí flota tu rostro,

		fantasma,
terrible a mediodía.
20.

Esa fría luz de la memoria...

Es fría la luz de la memoria 
lo apenas entrevisto brilla 
con 
		insistencia 
		
gira buscando el casco de botella 
o el charco de lluvia 


		tras cualquier puerta que se abre 
		
está la luna 
tan grande y plana 
tan fuera de lugar 
como 
		si de un cuadro se tratara 
		
óleo sobre papel 
endurecido por el tiempo 

así cayeron en 
		la mente 
		
formas y colores 
casualidades 
azar que anuda sombras 

		vuelcos en la negra marmita 
		
donde a borbotones 
se cuecen gozo y espanto 

crece el 
		yeso de un cielo 
		
mil veces lastimado 
mil veces blanqueado 
se borra el mundo y 
		se vuelve 
		
a escribir 
hasta el último aliento 

sólo esto 

		eternidad aparente 
		
mísera astilla de luz en 
la entraña 
del animal 
que 
		apenas estuvo
21.

Escena final

he dejado la puerta entreabierta
soy un animal que no se resigna a 
		morir 
		

a eternidad es la oscura bisagra que cede
un pequeño ruido en 
		la noche de la carne

		
soy la isla que avanza sostenida por la muerte 
o una ciudad 
		ferozmente cercada por la vida

		
o tal vez no soy nada 
sólo el insomnio y la brillante 
		indiferencia de los astros 
		

desierto destino 
inexorable el sol de los vivos se levanta 
		
reconozco esa puerta 
no hay otra 

hielo primaveral 
y 
		una espina de sangre 
		
en el ojo de la rosa.
22.

Estréchame las manos...

II
Estréchame las manos,
la única luz que nos queda,
no me 
		dejes olvidada
en la cima de una ola.


		Aléjate

Aparten 
		ese frío paisaje de cipreses,
escombren esos náufragos que ocultan el 
		horizonte.


		La vida es una noticia 
		conmovedora.


		Atravieso el desierto,

		la terrible fiesta en el centro de un cielo derribado.
Estoy casi 
		olvidando.
23.

Fuente

Junto al pozo llegué,
mi ojo pequeño y triste
se hizo hondo, 
		interior.

		
Estuve junto a mí,
llena de mí, ascendente y profunda,
mi alma 
		contra mí,
golpeando mi piel,
hundiéndola en el aire,
hasta el 
		fin.

		
La oscura charca abierta por la luz.

Éramos una sola 
		criatura,
perfecta, ilimitada,
sin extremos para que el amor 
		pudiera asirse.
Sin nidos y sin tierra para el mando

Versos y pensamientos de Blanca Varela

4 citas
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Blanca Varela · A lo mejor eres tú mismo el tren que pita y se mete bajo...
« la lentitud es belleza / copio estas líneas ajenas »
Blanca Varela · A media voz
« V / Aquella torturada nube parecía tan firme, »
Blanca Varela · Aquella torturada nube parecía tan firme...
« inmóvil devora luz / se abre obscenamente roja »
Blanca Varela · A rose is a rose
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