Blanca Andreu

Biografía y amplia selección de poemas de Blanca Andreu. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica. Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Antología lírica (19 poemas seleccionados)

Amor de los incendios y de la perfección...

Amor de los incendios y de la perfección, amor entre

la gracia y el crimen,
como medio cristal y media viña blanca,
como
vena furtiva de paloma:
sangre de ciervo antiguo que perfume
las
cerraduras de la muerte.

"De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall"1980

Blanca Andreu

Amor

mío,
amor mío, mira mi boca de vitriolo...

Amor mío, amor mío, mira mi boca de vitriolo
y mi garganta de
cicuta jónica,
mira la perdiz de ala rota que carece de casa y muere

por los desiertos de tomillo de Rimbaud,
mira los árboles como nervios
crispados del día
llorando agua de guadaña.

Esto es lo que yo veo en la hora lisa de abril,
también en la capilla
del espejo esto veo,
y no puedo pensar en las palomas que habitan la
palabra

Alejandría
ni escribir cartas para Rilke el poeta.

"De una
niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall"1980

Blanca Andreu

Así, en pretérito pluscuamperfecto y futuro absoluto...

Así, en pretérito pluscuamperfecto y futuro absoluto
voy hablando del
trozo de universo que yo era,
de subcutáneas estrellas de sangre

cazadas por el ángel de la anemia
en el cielo arterial,
diciendo
leucocitos del alba y rio de linfa,
o bien de lo que quise:

el ligero Mediterráneo,
la prohibición de envejecer,

la gavilla del sueño barbitúrico,
y sobre todo, sobre todas las cosas,

Mozart anfetamínico preámbulo de pájaros,
Mozart en ala y aeropuerto,

arco de violín principe o piloto: Mozart el Músico.

"De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall"1980

Blanca Andreu

Cinco poemas para abdicar

Cinco poemas para abdicar,
para que sean un destello terrestre en mi
tránsito
mientras el vaivén de mi cuerpo me dote de viejo sueño y tenga
un altar adornado,
mientras mis ojos suspendan la aspersión del líquido
más breve,
abandonen su aire lacustre y la ligereza de la lágrima cóncava
en donde beben grullas
y otras zancudas con pie de bailarina,
mientras
mis manos sean hangares en las salinas negras para aviones de turbios
vuelos,
mientras el súcubo murciélago diga en mi oído espuma y diga
oscuridad
en las marineras negras.

Cinco poemas para la marcha en
el paisaje de sábana de hilo,
un páramo es encaje antepasado,

iniciales bordadas hace ya tres mil días
y alguna mancha de amor.

Cinco poemas como cinco frutos cifrados
o como cinco velas para la
travesía:
el primero hacia aquella a la que nadie ve en la vaga velada
del lago:
un resquicio de abril para Virginia, porque amó a las mujeres.

El segundo para mi amor:
sé bien que encima de mis heridas busco la
alondra de tus heridas,
sé bien que encima de mis heridas una cigüeña
pone sus huevos.
Encima de tus heridas las ramas de los nervios se han
dormido
y ahora son alas, páginas, oleaje, seres verdes.

Encima de mis heridas yo descubro una tela desventurada y ocre,

rasgada de enemigos,
o una palabra emborrachada por el lacre.
Pero
cuando me duerma
ya no te querré.

El tercero para la casa que cae y el álamo vihuela o jardín bello,

para el ángel que guarda a la lombriz,
para todo lo que es pueril o leve
y que clava
submarinos anzuelos en los ojos adultos.

El tercero es para el corazón de la raíz
y para la cerrada tierra de
los estambres,
para la lluvia seria de las siestas del norte,
mala
como una institutriz.

Dile que no se meta en los salones
y los llene de gafas estrujadas.

Ay, dile que no espante los espejos de mirada niña.

Había tres balcones sangrantes,
había tres balcones como tres heridas
incurables del muro,
había tres balcones y siete temblorosos escabeles.

Ay, dile que no asuste las palabras palomas,
que no deje que vayan
batiendo un aire usado con

alas de cuchillo.
Las palabras apátridas de mi tercer poema
que no me
muerdan las mejillas
y las sonatas que yo no toqué nunca, que no cesen,

ni el pequeño cuaderno de Ana Magdalena.
Yo no dije: ¡silencio!,

y ahora el réquiem se teje con seres y desastres consanguíneos.

Dejadme las hortensias vestidas de pupilas, con traje de mirada,
esa
campana vegetal que ya no suena y llora un zumo epílogo,
y las magnolias
catalejos,
y aquel sillar tan grande como el siglo más cíclope.
Yo no
dije: ¡silencio!
pero me fui bebiendo vino de exilio en la boca de
piedra,
bebiendo fermentado líquido migratorio,
los ramos de las
tórtolas de agosto y el eco de la casa

que se cae.

Veo que no sobrevive el alma alta del muro,
la espuma
voladora borracha de gaviotas,
el ángel que cuidaba la cucaracha de uva y
la lombriz,
ni ningún pájaro como lágrima póstuma y celeste,
ni la
resina tañendo su ámbar triste,
ni tampoco las malvas, las violentas, las
verdes partituras.

El cuarto es para mi amor.
Amor mío,
sé bien que no te escupirá mi
sueño y que tu cuello

no será sajado
por el filo último de mi sueño,
que no te insultará el
hiriente corazón de mi sueño,
porque si duermo ya no te querré.
Sé
bien que busco encima de mis heridas
el escorpión de oro de tus heridas.

Sé bien que encima de mis heridas sólo habita
la imagen encalada de mi
muerte.
Y por eso voy a asesinar
con la virgen cuchilla barbitúrico

la muchedumbre de heroicos locos que entonan para mí

la pesadilla y el bostezo,
amor mío, sin asomar por la ventana
fuegos
viejos, frescas cenizas,
familias errantes de soles.

Mi amor para la imagen encalada de mi muerte,
para la cal que se come
a los niños,
para mi último caballo, oro, sobre asfalto celeste y el hule

astral de abril.
Sé bien que galoparé en negro
porque negro es el
color de los sueños,
negras las manos de la intimidad,
y sin espuelas,
y sin bridas,
porque las espuelas son el poder, la aberración,

estrellas de tijera y abismo.

El quinto para mi caballo,
para
cuando ya estemos sucediendo
como dos estaciones
o dos días iguales.

"De una niña de
provincias que se vino a vivir en un Chagall"1980

Blanca Andreu

Cinerario

a Marta

I
Ahora me pregunto qué sería de aquel fuego
y de
su noche, la ceniza.

II
El fuego es dios de nada, dijo el poeta, es nada
aunque a veces
sople por las chimeneas
un aire alemán.

III
Ahora me pregunto qué fue de aquellos fuegos
y de su norte, la
ceniza.

IV
El fuego es dios de nada -dijo el poeta- es nada
y jamás se
controla por educación
o cualquier otra
sino que obra
y porfía.

V
Ahora me pregunto que
será de aquel fuego
y su sepulcro, la ceniza.

"Capitán Elphistone" 1988

Blanca Andreu

Cómo me parecerá extraño el aire que me envuelve...

Cómo me parecerá extraño el aire que me envuelve,
cómo será así
extraño,
cuando tú ya no estés,

la catedral del día,
el claustro que condensa la gran edad de la luz

y el carácter de las tormentas.

Amor mío, amor mío, tú sin día para ti,

enjambrado entre espejos y entre las cosas malas,

muerta la plata trascendental
y las ya antiguas anémonas de égloga,

muerta esta versión, que ahora oscuro, y declino, para leerla, más joven.

Amor mío de nunca, afiebrado y pacífico,

versos para el pequeño pulpo de la muerte,

versos para la muerte rara que hace la travesía de los teléfonos,

para mi mente debelada versos, para el circuito del violín,

para el circuito de la garza,
para el confín del sur, del sueño,

versos que no me asilen ni sean causa de vida,
que no me den la dulce
serpiente umbilical
ni la sala glucosa del útero.

"El sueño oscuro" 1994

Blanca Andreu

Dame la noche que no intercede...

Dame la noche que no
intercede,

la noche migratoria con cifras de cigüeña,
con la grulla celeste y su
alamar guerrero,
palafrén de la ola oscuridad.
Dame tu parentesco con
una sombra de oro,

dame el mármol y su perfil
leve y ciervo,
como de estrofa
antigua.

Dame mis manos degolladas por la noche que no intercede,
palafrén de
las más altas mareas,
mis manos degolladas entre los altos cepos y las
llamas lunares,
mis manos migratorias por el cielo de agosto.

Dame mis manos degolladas por el antiguo oficio de la infancia,
mis
manos que sajaron el cuello de la noche,
el destello del sueño con
metáforas verdes,
el vino blasonado que se quedó dormido.

Amor de los incendios y de la perfección,
amor entre la gracia y el
crimen,
como medio cristal y media viña blanca,
como vena furtiva de
paloma:
sangre de ciervo antiguo que perfume
las cerraduras de la
muerte.

"De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall"1980

Blanca Andreu

Desde Irak

Respóndeme, político, ¿por qué
quieres desfigurar la faz del mundo?

¿Por qué quieres cortar
las cabezas azules de mis templos?
¿Por qué
quieres
salpicar con mi sangre
a tu pueblo inocente?
¿No sabes que
si envías
la muerte a visitarme
volverá sobre ti, boomerang en
retorno?
¿Por qué quieres
matar mi casa
romper mi niño
quemar mi
perro?

Blanca Andreu

Di que querías ser caballo esbelto, nombre...

Di que querías ser caballo esbelto, nombre
de algún caballo mítico,
o
acaso nombre de tristán, y oscuro.
Dilo, caballo griego, que querías ser
estatua desde hace diez mil años,
di sur, y di paloma adelfa blanca,

que habrías querido ser en tales cosas,
morirte en su substancia, ser
columna.

Di que demasiadas veces
astrolabios, estrellas, el nervio de los
ángeles,
vinieron a hacer música para Rilke el poeta,
no para tus
rodillas o tu alma de muro.

Mientras la marihuana destila mares verdes,
habla en las recepciones
con sus lágrimas verdes,
o le roba a la luz su luz más verde,
te
desconoces, te desconoces.

"De una niña de
provincias que se vino a vivir en un Chagall"1980

Blanca Andreu

Dos

Y casi espíritu de fuego,
casi la empuñadura de una idea del fuego
aire de pájaro o espada, pero
espía,
en tu interior hay ciervos y prodigios,
acaso un charco de oro.

"Libro de las bestias.
Primer fisiólogo" 1984

Blanca Andreu

Elphistone

Es la
hiedra negra, en las raíces, entre las hojas
del invierno, caídas hojas
bajo la nieve, en las estrellas
del invierno, estrellas gastadas.
Yo
lo recuerdo de la misma manera que el invierno
cuando con sus grandes
botas pisotea la tierra,
como la sombra que divide así yo lo recuerdo

entre arbotantes y grandes maderos, en tanto el viento
escapa hacia el
altar.
Yo recuerdo la luz de su fría república,
-sin duda la luna u
otra materia maléfica.
Yo recuerdo su luz mientras el viento escapa
y
una sombra torcida cruza hacia el altar.

Qué señor de las noches, qué guerreros, qué ausentes,
qué silencio
crecido en un secreto como las ramas y
las catedrales
cuando la música
de marzo tiene la verdad a sus pies.
Qué estaciones donde nada hay y
ningún mensajero recuerda
aquella música lejana, aquellos ojos que
brillan en la oscuridad
como dos animales vivos.
Sobre la niebla,
entonces, propagaba su pensamiento
y relaciones y analogías relucían
semejantes a peces,
recuerdos refulgiendo sobre el lomo del mar, huraños

pasillos de la memoria, entonces -los últimos
sentimientos, negros como
la sombra en la bodega,
se saben todavía mal interpretados- qué
astrolabio
y qué brújula, qué viento del noroeste
para el sombrío
capitán Elphistone, para su mirada
cuando saluda a las constelaciones, el
Boyero y las Cabrillas
contra el incendio de las tempestades
o bien
qué mueca definitivamente fría como un hueso.
Gesto de sable pájaro,
ademán de orgullo
cuando con los días contados
finges, te creces,
injurias con la voz que va derecha.
Fugaces cortesías de los mares se
disputan tu honor
y cierto género de noticias o silencios muy elocuentes,

espías del recuerdo las estrellas evocadoras, oleajes
de postrimerías,
bendiciones, cuando
-bajo la advocación del Holandés- te desposas con el
aparejo
y el viento oficiante murmura
sobre el podrido tálamo de lona

mientras que la madera entona el réquiem.

De "Elphistone" 1989

Blanca Andreu

En la India

(Loto)

-¿Quién eres tú, misteriosa
paloma vegetal de las
aguas
perfumada estrella viviente?
-Cuando alza el azafrán como un
monarca
su morada corona
y hace brillar su pistilo escarlata
del
color de unos labios diciendo: “cosechadme”
y las lentejas de agua
y
las castañas de agua
abren sus verdes ojos y pasean por el lago
yo
lanzo mis raíces
a las profundidades
navego
por debajo
en un
viaje de muerte
como el amor terrible
atravieso el olvido
y llego
hasta la tierra sub-acuática
como a un palacio negro
y allí entro

sombrío, soberano
a comenzar mi historia
y entonces
vivo contra las
aguas
desde la tierra al cielo
como el amor real
y majestuoso

subo
de la savia a la flor
y entonces soy
corazón blanco en las
manos del río
soy nube anclada

de salvajes raíces
soy el suave
cordero
de las lagunas:
la
rosa de Siddhartha.

"El sueño oscuro" 1994

Blanca Andreu

Entre tú y yo...

Entre tú y yo no hay ningún no.

"El sueño oscuro" 1994

Blanca Andreu

Escucha, escúchame, nada de vidrios verdes...

Escucha, escúchame, nada de vidrios verdes o doscientos días

de historia, o de libros
abiertos como heridas abiertas, o de lunas de
Jonia y cosas así,
sino sólo beber yedra mala, y zarzas, y erizadas
anémonas

parecidas a flores.

Escucha, dime, siempre fue de este modo,
algo
falta y hay que ponerle nombre,
creer en la poesía, y en la intolerancia
de la poesía, y decir
niña
o decir nube, adelfa,
sufrimiento,

decir
desesperada vena sola, cosas así, casi reliquias, casi lejos.

Y no es únicamente por el órgano tiempo que cesa y no cesa,

por lo crecido, para lo sonriente,
para mi soledad hecha esquina, hecha
torre, hecha leve notario,

hecha párvula muerta,
sino porque no hay otra forma más violenta de
alejarse.

"De una niña de provincias que se vino a vivir en un
Chagall"1980

Blanca Andreu

Fábula

Fábula de la fuente y el
caballo

A Beatriz de Laiglesia y Werner Aspenström

Dicen que murió un
caballo.
Contaron que pasó como una sombra, que galopaba
como noticia
que va corriendo
todos los días hasta la fuente -agua y sonidos blancos,

jaurías blancas y galgo crepitar-
todos los días entre la nieve y en el
deshielo, sobre la
hierba de mayo, año tras año
huía de los lobos

ese caballo que ahora está muerto
atravesaba los bosques encendidos por
la luna
quien lo saludaba fríamente.
Era castaño -acaso era una yegua-

ese caballo del que hablo. Nunca lo podré conocer.
Me han dicho que pasó
como una sombra
que su vida no fue sino una sombra y sin embargo el
caballo

era luz.
Era un caballo ateniense. En sus ojos brillaba el fuego
de la
verdad y la beneza,
pero nadie lo conoció.
Ese caballo que ahora viene
vigilante hasta este poema
con los ojos agrandados por el insomnio de la
muerte,
con la mirada de mi hermano y la sonrisa de fábula
a veces
miraba a los hombres,
pero los hombres no sabían prestar atención a un
caballo.
Ni el sabio ni el indiferente se preocuparon de indagar.
Y
así el caballo pudo ir año tras año
hasta la fuente aquella y dicen

que se hicieron compañía
durante los durísimos tiempos.
No hablaban
más que de sus cosas
en un lenguaje desconocido, más misterioso que el
sueco
aquel caballo y aquella fuente.
La fuente era una comadre de las
que todavía quedan,
vividora, aficionada
a los chismes.
El caballo
era un caballero, no puede decirse otra cosa.
Dicen que galopaba como
noticia que va corriendo
a propagar la prosperidad, como un mensaje

del rojo del verano.
Y nadie lo escuchó sino la fuente, nadie supo su
signo
ni su símbolo,
nadie quiso saber sino la fuente de aquel caballo
color hoja seca.
En el interior de un verso sueco descansa de su soledad

y ahora ha negado a este poema antes del amanecer
con grandes ojos
semejantes a los de un antiguo profeta,
con ojos que no se preguntan si
fue dios quien hizo la
muerte,
con grandes ojos elevados
a la
categoría de potencias.
Sueño y sendero, sangre y oscuridad
que suenan
como campanadas.
Hacia dónde vuelan. De su paso no queda
vestigio
alguno. Y el caballo -desde la noche- mira y aprueba
no los ojos de la
desapacible
sino la última luz de una brizna de hierba.

"Capitán Elphistone" 1988

Blanca Andreu

Hasta nosotros la infancia de los metales raros...

Corónate, juventud, de una hoja más aguda

Saint-John Perse

Hasta nosotros la infancia de los metales
raros,
la muchedumbre de la plata que nos pudre en su espuma,
su larga
espuma larga como una cinta que naciera en un

cuaderno de Back el Joven
Y viniera a morir aquí,
en las aves que
anidan en los discos,
mientras Rainer María ya no es tan joven como en la

página 38,
no es ni siquiera un joven muerto,
un infante difunto sin
pavana,
y yo lo sé,
y no desfallecemos entre sexos cerrados como
libros
cerrados,

pero desfallecemos,
yo me desmayo,
tú te desvaneces,
él siente un
ligero mareo sin llegar a la náusea
escrita o no escrita.
Ay,
bostezamos ante tazas de azul de metileno,
aspiramos con aire distante el
amoníaco,
nos hastiamos frente al alto sonido del vitriolo,
nos
coronamos de veronal,
pues no encontramos hoja más aguda.

Mi hermano busca el cetro de mil alas de Heliogábalo,
aquellos niños
prefieren la tiara papel,
y estos pequeños cíclopes enfermos del pulmón

que bajan de autobuses o de la marihuana,
y son hermosos como
hermafroditas,
se coronan con cipreses de silos color vino:
no han
encontrado un árbol más agudo.
Pero qué más da, el vaivén de sus cuerpos
es vano y

terrible,
y en absoluto excesiva la droga seria que se teje en la

sangre,
las inyecciones de grave savia,
el hierro y el mercurio en las
arterias haciendo de

armadura y filtro,
el casco negro y la zarza negra de ningún caballero
andante.

Como en mi medieval historia,
cuando ardían las piedras colegiales

para las brechas en la frente
y el cuerpo me dotaba de opio recién
nacido,
la hora propia nos confunde,
nos hace himnos o hijos del
antiguo caballo mitológico
y de una niña triste con la vena extendida,

de una aguja levantada por nieve increíble,
por amarillo de palomas
persas:

hablemos de los caballos padres,
hagamos alusión a los cascos secretos
que nos darán la paz
y a las bridas ningunas,
a las futuras crines
delicadamente angustiadas,
hablemos de los caballos padres que nos
traerán la
muerte y de la luna
de anfetamina,
hablemos de la vena madre que nos traerá la dicha del fin,

hablemos de la virgen bebida extrema,

no hablemos sino del litoral y las vertientes de la locura
que posee
a los hombres en los parques y ordena,

sino del puñalito que coronará la arteria coronaria como

diadema suma
con la hoja infantil del metal más raro y más agudo del

mundo.

"De una niña de provincias que se vino a vivir en un Chagall"1980

Blanca Andreu

Hombres de los océanos

A Miguel Lodeiro

Navego
sobre trigo celeste
entre hierbas
azules por los campos marinos.
Aquí son gaviotas las tórtolas
y el
mirlo, cormorán.
Los que labran estos húmedos surcos
de color verde o
índigo
recogen plata
si siembran
sueños
o deseos
de volver al
hogar.

Blanca Andreu

Lo que tuve y lo que no tuve y acaso aquello que mi mano solitariamente asilaba...

Lo que tuve y lo que no tuve y acaso aquello que mi mano

solitariamente asilaba,
todo lo que ahora escucho maldecir y llamear.

Del mismo modo que escucho tu nombre golpeando fragua

mítica,
sonando en metal de saga,
en herrería blanca que aún me quema.

"Báculo de
Babel" 1982

Blanca Andreu

Los labios impacientes de la noche...

Los labios impacientes de
la noche te sanan mientras abren

el olor de la piedra
te conducen si acosan el alma de la piedra
si el
tierno corazón mineral beben
es tu hora es la noche

así, dirás que te han robado como un vino novicio
y te harás
piedra aguda como un líquido agudo
limpia como opio de oro
y será s
tregua tuya
y alianza

así, dirás que la que es contigo y lleva un aire desigual a

balanza entre estrellas
la idéntica más favorable
tu obra nocturna
rara
es la que muestra sonrisa y griterío
palabras como estrellas
y
escucha un piano terso como una estrella, estrellas.

"El sueño oscuro" 1994

Blanca Andreu

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