Poesía Universal

Benjamín Prado

Biografía y amplia selección de poemas de Benjamín Prado. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Benjamín Prado. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Benjamín Prado

9 poemas seleccionados
1.

4 de octubre en Landmark Hotel

-Si es un sueño no quiero que nada me despierte

		-decías con El ángel que nos mira en la mano

		y corriendo bajo la lluvia- decías

		la tormenta es un tigre,

		el tigre tiene un movimiento de árbol

		que va entrando en la noche.

		

		Bajo la lluvia,

		a solas con tu vida entre cielos e infiernos,

		entre nada ya es suficiente y demasiado no basta,

		mirabas caer la oscuridad en los parques

		-como un sonido de campanas sobre el agua-

		y decías una canción es sólo

		la forma de salir de un callejón sin salida,

		mirabas la oscuridad,

		con tu corazón perseguido por los leones,

		con tus plumas azules y tus sortijas árabes.

		

		20 años después, mientras me hablas

		de pequeñas ciudades -me pregunto

		si un recuerdo es algo que conservamos

		o algo que hemos perdido-, de pequeñas ciudades junto al mar,

		yo comprendo que sólo fuiste un sueño. Y como dice

		Delmore Schwartz en una canción de Lou Reed,

		en nuestros sueños comienzan nuestras responsabilidades.

		

		La última playa es fría y tiene una luz extraña,

		una luz blanca hecha de pájaros caídos.

		20 años después, desde este mundo

		de las cosas tal como son, tenemos

		nuestras propias preguntas. y respuestas

		que huyen de tu nombre

		como animales asustados por un trueno.

		

		El sueño es dulce, sientes

		grandes ruedas de fuego en el calor del día.

		y Lou Reed también dice

		que si cierras la puerta

		tal vez la noche dure para siempre.

		

		De "Cobijo contra la tormenta" 1995
2.

VII - Una noche te dije...

-Una noche te dije: -Quien no tiene secretos

		nunca tendrá piedad.

		Llovía, pero abriste una ventana.

		La tormenta era azul dentro del bosque.

		La mancha roja de las rosas

		se extendía

		por el corazón de los jardines.

		y el mundo era un mundo de otra época:

		como la vez que estábamos en una casa abandonada

		viendo un incendio antiguo.


		De 
		"Asuntos personales" 1991
3.

De "Asuntos personales" 1991

IX - Conduciendo bajo 
		la lluvia...


		
		Conduciendo bajo la lluvia,

		la luna es del color de los coches que pasan.

		Atrás queda el pequeño

		hotel de carretera junto a un bosque.

		Conduciendo bajo la lluvia,

		en los jardines públicos brillan ángeles fríos.

		Atravesando calles

		tranquilas,

		soledad edificada.

		Conduciendo de vuelta hacia nosotros mismos.

		La última frontera es nuestro corazón.

		

		De "Asuntos 
		personales" 1991
4.

Asomado al balcón que soy yo porque te amo...

Marsella, 1986 

		

		Asomado al balcón que soy yo porque te amo,

		pasas por mis recuerdos

		igual que se atraviesa una casa vacía.

		Frente a mi soledad

		se alza seriamente

		un viejo panorama de edificios sin luna:

		luces suaves

		de esta madrugada

		con gente triste y niebla en las glorietas.

		Luces brillantes de la madrugada.

		

		Te quedas en Madrid. A mí me esperan

		casas cerca del mar,

		ese cansancio azul de los hoteles,

		los cuartos alquilados

		donde alguien ha muerto alguna vez.

		No pasarán,

                          
		los días,

                                            
		tan despacio.

		

		Pero vendrán las lluvias,

		la nostalgia creciendo

		como crece el amor en épocas de guerra.

		Alguien recordará, seguramente,

		el largo invierno del ochenta y seis.

		

		De "El corazón azul del alumbrado" 1991
5.

Conversación en la isla

-Escribir un poema es intentar desatarse,

		adivinar en qué mano está la moneda

		-dije yo-. Tú mirabas

		el sol igual que un fuego encima de la isla

		y yo dije: -La poesía empieza

		cuando ya has olvidado qué es lo que te asustaba

		pero aún tienes miedo.

		Yo veía

		las torres blancas. Tú dijiste: -Es raro,

		nos gustaría huir

		pero nadie nos sigue.

		

		Junto al agua,

		partiendo nuestras vidas,

		cortándonos las manos al coger los cristales,

		tú dijiste: -La poesía es todo

		lo que hay entre un disparo y el animal herido.

		Parecías

		tan lejos, tan a salvo

		de ti y de mí;

		distinta igual que siempre,

		rota y vuelta a armar de una manera nueva.

		

		El sol se fue. La noche

		se acercaba y yo dije: -¿Recuerdas que jugábamos

		a poner nuestros años

		al lado de la Historia? Por ejemplo:

		aprobaste Latín y Armstrong llegó a la luna...

		Y tú dijiste: -El fuego

                                           
		de los días,

                                                                   
		la suma

		de las horas,

		las letras de "Armstrong llegó a la luna"...

		Estábamos tan solos,

		tan cansados,

		como perros perdidos en medio de la lluvia,

		como hombres mirando la noche desde una casa vacía.

		

		Vi las últimas luces de la costa y el cielo

		extraño encima de la playa. -A veces

		-dije- no hay más que eso

		y algún sitio donde ir pero ningún sitio donde quedarte

		y palabras que son las piezas del abismo

		y recuerdos igual que disparos en una diana.

		

		Luego llegó la luz, el ruido azul

		de la mañana,

		mientras tú decías:

		-Te di mi corazón y quisiste mis sueños,

		te di mis sueños pero quisiste mi esperanza.

		y yo dije: -Sí, es eso. Eso es todo:

		una sola mujer y un millón de maneras de perderla.

		Me miraste. Dijiste: -¿Y después? Y yo dije:

		-Nada. Después no hay nada.

		Después de eso

		tenemos que estar juntos para siempre.

		

		Nos quedamos callados,

		junto al agua,

		mientras la luz rompía el orden de la noche,

		mientras el mar se estrellaba contra los nombres de las ciudades.

		Mirando el sol sobre las torres blancas.

		Cada uno observando su corazón moverse

		lo mismo que un pez rojo en la oscuridad de un río.

		

		La sombra de las torres se parecía a mi vida.

		

		Cada uno protegido por su propio dolor,

		como ángeles mirando una tormenta desde el fondo del cielo.

		

		De "Todos nosotros" 1998
6.

Ecuador

Hace falta 
		la noche para ver las estrellas.

		

		Igual que ayer, hoy busco -lo dijo Juan Ramón-

		una verdad aún sin realidad;

		busco en la tinta verde de todo lo que escribo

		un planeta sin nombre o una jungla perdida.

		

		Y hace falta la noche.

		

		Yo me siento en las sombras,

		prendo un fósforo,

		tallo mis esmeraldas, construyo mis panales.

		Todo es igual y todo es diferente.

		

		La vida,

		que fue un río,

		es ahora un océano,

		el pasado es la arena y el agua es el futuro.

		

		Hace falta la noche.

		

		Todo está en mí

		lo mismo que un clavo en la madera:

		cada paso en la nieve,

		cada luz apagada,

		cada piel encendida.
7.

El corazón azul del alumbrado

W. H. Auden 1907-1973

		

		Esta oscuridad tranquila de verano

		-ríos de estaño suave, con la luna

		sobre el capó de un coche

		solitario y luz niquelada en las sombras

		artificiales del jardín- descubre

		casi siempre en nosotros cierta inclinación

		a la melancolía.

		

		Hay una calle larga,

		helada por la nieve de los globos eléctricos,

		que vuelve

                        
		y el latido

		del frío entre los árboles

		igual que un corazón disciplinado. 

		

		Era mil novecientos

		setenta y tres, septiembre con inmensas

		tardes color de acero y la vida

		en mis primeros años de estudiante:

                                                                              
		el sol

		olvidado en el campo de deporte

		hacia el final del día

                                          
		o la hermosura

		incongruente del laboratorio.

		

		Una tarde oímos la noticia

		por la radio.

		La ciudad extendía sus hospitales blancos;

		las carreteras estaban vacías; 

                                                              
		lejos

		de su muerte, el público llenaba los estadios

		y reía en los cines.

		Entre nosotros, alguien comentó las palabras

		torpes del locutor:

                                       
		aquel poeta

		norteamericano nacido en Inglaterra.

		

		Con los años, querríamos

		ocupar nuestro sitio en los poemas

		suyos que nos estaban destinados,

		por ejemplo En memoria de W. B. Yeats,

		El escudo de Aquiles o Un paseo

		después de anochecer .

		

		Pero íbamos a hablar de la melancolía.

		Cuando la claridad

		suelta viejos leones dorados en la mente,

		viejos leones tibios que cruzan con sigilo

		el corazón azul del alumbrado.

		

		De "El corazón azul del alumbrado" 1991
8.

El viajero

para Javier Egea

		

		Te acompañaban siempre los violines.

		Tus poemas estaban en ti como los peces

		en el fondo de un río.

		

		Eso es lo que vi en ti:

		peces en el desierto,

		música amenazada.

		Te vi hacer bosques y subir montañas,

		te vi cavar abismos con tus manos.

		No supe dónde ibas.

		

		Te vi buscar la sombra entre la luz,

		te vi buscar la muerte entre la vida,

		y no pude entenderte.

		

		Yo no sé qué has ganado, pero sé qué has perdido:

		tu música,

                      
		tus peces,

                                            
		tus montañas azules.

		

		No puede ser feliz quien entierra un tesoro.

		No puede ser feliz

		quien envenena el agua de su vida.

		

		De "Un caso sencillo" 1986
9.

En

el camino

		

		Han pasado diez años y es un día de invierno.

		Tú caminas por las avellanedas.

		y vas junto a esos sauces amarillos que avanzan

		por los ríos con luna.

		

		No será como ahora, no tendrás veinte años;

		la nieve irá acercándose a tu casa

		y el aire verde moverá en tus ojos

		sus bosques de cristal y de silencio.

		

		Recuérdalo, hubo un río.

                                                    
		Los árboles vivían

		en el imán del agua.

		Por la noche, escuchábamos gotear en las sombras

		la canción de los búhos.

		

		Y, luego, la corriente se llevó nuestras caras.

		No sabemos a dónde. No sabemos por qué.

		

		Aún estamos aquí.

                                      
		Pero, de pronto,

		han pasado diez años

		y tú y yo somos dos desconocidos.

		

		De "Un caso sencillo" 1986

Versos y pensamientos de Benjamín Prado

4 citas
« -Si es un sueño no quiero que nada me despierte / -decías con El ángel que nos mira en la mano »
Benjamín Prado · 4 de octubre en Landmark Hotel
« -Una noche te dije: -Quien no tiene secretos / nunca tendrá piedad. »
Benjamín Prado · VII - Una noche te dije...
« Conduciendo bajo la lluvia, / la luna es del color de los coches que pasan. »
Benjamín Prado · De "Asuntos personales" 1991
« Marsella, 1986 / Asomado al balcón que soy yo porque te amo, »
Benjamín Prado · Asomado al balcón que soy yo porque te amo...
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