Poesía Universal

Ausiàs March

Ausiàs March es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus prime...

Biografía lírica

Vida

Ausiàs March es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.

Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.

Lírica y Versos

Poemas de Ausiàs March

4 poemas seleccionados
1.

«Busquen las gentes fiestas con alegría...»

Busquen las gentes fiestas con alegría,
alabando a Dios, entremezclando 
	deportes;
que plazas, calles y deleitosos jardines
se llenen con los 
	relatos de grandes gestas;
y vaya yo los sepulcros buscando,

	interrogando a las almas condenadas,
que me responderán, pues no están 
	acompañadas
sino por mí en su perenne lamento.

	
Cada cual busca y quiere a su semejante;
por esto no me agrada el 
	trato con los vivos.
Al imaginar mi estado, se tornan esquivos;
como 
	de hombre muerto, de mí toman espanto.
El rey ciprio, prisionero de un 
	hereje,
no es a mis ojos desventurado,
pues lo que quiero jamás será 
	logrado;
de mi deseo médico alguno podrá curarme.

	
Como Prometeo, a quien el águila come el hígado
y siempre brota de 
	nuevo la carne,
y jamás termina el pájaro de devorar;
más fuerte dolor 
	que éste me tiene asediado, 
	
pues un gusano me roe el pensamiento, 
otro el corazón, y de roer no 
	cesan,
y su trabajo no podrá interrumpirse 
	
sino con aquello que es imposible de lograr.

Y si la muerte no me 
	infiriese la ofensa
-alejándome de tan placentera visión-,
no le 
	agradecería que vista de tierra
mi desnudo cuerpo, quien no piensa perder

	el placer, pues tan sólo imagina
que mis deseos no pueden cumplirse;
y 
	si mi postrera hora ha llegado,
término tendrá también el bien amar.

	
Y si en el cielo me quiere Dios albergar,
amén de verle, para cumplir 
	mi deseo
será preciso que allá me sea dicho
que mi muerte vos tenéis a 
	bien llorar,
arrepintiéndoos de que por vuestra poca merced
muriese un 
	inocente, mártir por amaros:
pues el cuerpo del alma separaría
si en 
	verdad creyese que de ello os doleríais.

	
Lirio entre cardos, vos sabéis y yo sé
que bien puede morirse por 
	amor;
si creéis que en tal dolor me hallo,
no os excederéis, poniendo 
	en ello plena fe.


	Versión 
	de José Batlló
2.

Canto espiritual

Pues que sin Ti, a Ti ninguno alcanza,
dame la 
	mano, del suelo levántame;
y aunque la mía no tienda a la tuya,
aunque 
	sea a la fuerza arrástrame hacia Ti.
A tu encuentro quería yo salir;

	no sé por qué no hago lo que quiero;
pues cierto que mi voluntad es libre

	e ignoro quién impide mi deseo.

	
Quiero alzarme, mas no hago lo bastante:
y es la causa el peso de mis 
	terribles culpas;
antes de que la muerte concluya mi proceso,
dígnate, 
	Señor, que tuyo sea, pues serio quiero;
haz que tu sangre mi duro corazón 
	ablande :
de mal semejante a otros muchos ella curó.
Tu tardanza 
	denuncia tu enojo;
tu piedad no halla en mí lugar .

	
No pequé tanto con el entendimiento
como he cargado mi voluntad de 
	culpa.
¡Ayúdame, Señor! Mas locamente te ruego,
pues tú no ayudas sino 
	a quien a sí mismo se ayuda,
ya cuantos a Ti se acercan
no les fallas, 
	bien lo muestran tus brazos.
¿Qué haré, si no merezco tu ayuda,
pues 
	sé que no me esfuerzo tanto como pudiera?

	
¡Perdóname que te hable locamente!
A la pasión se deben mis palabras.

	Siento pavor del infierno, al cual me llevas;
quisiera volverme, y no 
	dispongo de mis pasos.
Mas también recuerdo que redimiste al Ladrón

	(tanto cuanto es claro que no bastaban sus obras);
allá donde le place, 
	sopla tu espíritu:
ni cómo ni por qué saben los humanos.

	
Aunque mal cristiano sea por mis obras,
no te guardo ira, ni de nada 
	te inculpo;
cierto sé que siempre obras bien,
y bien haces tanto dando 
	vida como muerte:
todo es lo mismo si brota de tu poder,
por lo que 
	loco es quien contra Ti se yergue.
Amor al mal, ignorancia del bien,

	tales son las razones por las que el hombre te desconoce.

	
A Ti te pido que mi corazón fortalezcas,
a fin de que mi voluntad a 
	la tuya se ligue;
y pues sé que el mundo no me aprovecha,
dame fuerzas 
	para abandonarlo del todo,
y del placer que el bueno en Ti gusta,

	alcánzame tan siquiera una migaja,
para que mi carne, que se me subleva,

	quede satisfecha y deje de acosarme.

	
¡Ayúdame, Señor, que sin Ti no puedo moverme,
pues mi cuerpo más que 
	paralítico está!
Tan arraigados están en mí los malos hábitos,
que el 
	sabor de la virtud me resulta amargo.
¡Oh Señor, piedad! Renueva mi 
	naturaleza,
que mala es por mi gran culpa;
y si muerto puedo redimir 
	mi falta,
sea la muerte mi dulce penitencia.

	
Te temo más que no te amo,
y ante Ti me confieso de esta culpa;

	turbada está mi esperanza,
y en mi interior hay una terrible lucha.
Te 
	veo justo y misericordioso;
tu voluntad concede gracia al sin méritos,

	y sin méritos los dones das y quitas a capricho.
¿Quién será tan justo, 
	cuánto más yo, que no te tema?

	
Si el justo Job a Dios temía tanto,
¿qué no haré yo que en mis culpas 
	nado?
Cuando pienso en el infierno donde el tiempo no existe,
se me 
	muestra cuánto los sentidos temen.
El alma, que para contemplar a Dios 
	fue hecha,
contra su Señor, blasfemando, se rebela.
No es el hombre 
	quien tan gran mal ama;
entonces, ¿dónde está quien hacia tal parte 
	camina?

	
Ruégote, Señor, que mi vivir acortes
antes de que peores casos me 
	sucedan;
en dolor vivo haciendo vida perversa,
y temo aquella muerte 
	que es eterna.
Pues aquí con mal, y allá con pena sin fin.
Tómame en 
	el instante en que mejor me halles;
el retardarlo, no sé qué finalidad 
	tiene;
no ha reposo quien el viaje ha de emprender.

	
Me duelo de no dolerme tanto como quiero
del dolor infinito, del cual 
	dudo;
pues tal dolor no lo ampara la naturaleza,
ni puede medirlo el 
	hombre, ni menos sentirlo.
Si es así, pobre parece mi excusa, 
	
cuando de mi daño, que tanto es, no me espanto. 
El cielo pido, y no 
	lo aprecio lo bastante: 
	
gran falta tengo de miedo y de esperanza.

Por más que irascible 
	te presentes,
ello sólo es debido a nuestra ignorancia;
tu voluntad 
	siempre es clemente,
el mal que muestras es bien inestimable.

	Perdóname, Señor, si de algo te culpé,
pues me confieso ser el único 
	culpable;
con ojos humanos juzgué tus hechos:
¡quieras darle luz a la 
	vista del alma!

	
Mi voluntad a la tuya es contraria,
y enemigo tuyo soy queriendo ser 
	amigo.
¡Ayúdame, Señor, pues me ves en tal aprieto!
Me desespero si 
	mis méritos mides;
me enoja el que mi vida se prolongue,
y mucho dudo 
	de que tenga término;
en dolor vivo, pues mi deseo no es firme,
y 
	alterado en mí está el equilibrio.

	
Tú eres la meta donde todo acaba, 
y no es final si en Ti no termina; 
	
Tú eres el bien donde todo bien se mide, 
y no es bueno quien a Ti, 
	Señor, no se parece. 
	
A quien te complace, dios Tú le llamas; 
para que se te asemeje, 
	mayor grado de hombre le das; 
	
es justo, pues, que quien al diablo complace, 
tome el nombre de 
	aquel a quien se conforma. 
	

Si algún fin en este mundo se halla 
no es auténtico fin, ya que 
	no hace al hombre feliz: 
	
sólo es el principio donde lo otro termina, 
según el curso que 
	podemos entender los humanos. 
	
Los filósofos que el final pusieron 
en sí mismos, está visto que son 
	seres discordes: 
	
señal cierta de que en la verdad no se fundaron; 
por consiguiente, 
	al hombre no satisfacen.

	
La ley judaica por sí misma no bastaba 
(no se entraba con ella en el 
	Paraíso), 
	
sino en cuanto fue principio de la nuestra, 
por lo que puede decirse 
	que las dos son una. 
	
Así, toda meta totalmente humana 
no da reposo ni término al deseo, 
	
mas tampoco sin ella el hombre alcanza la otra; 
San Juan anunció la 
	llegada del Mesías. 
	

No tiene reposo quien otro fin persigue,
pues la voluntad en nada 
	más descansa;
es cosa sabida, y no caben sutilezas,
que, si no es en 
	Ti, el deseo no termina.
Así como los ríos a la mar se apresuran,
así 
	todos los fines en Ti se cumplen.
Puesto que te conozco, ayúdame a 
	amarte.
¡Que el amor venza al miedo que te tengo!

	
Y si tanto amor como quiero no siento,
aumenta mi miedo para que, 
	temiendo, no peque,
pues no pecando, perderé aquellos hábitos
que en 
	mí fueron la causa de no amarte.
Mueran quienes de Ti se apartaron;

	casi me dieron muerte y me impiden vivir .
¡Oh Señor! Haz que mi vida se 
	prolongue,
ya que creo que hacia Ti camino.

	
¿Quién me enseñará a excusarme ante Ti,
cuando tenga que rendirte mis 
	mal ordenadas cuentas?
Tú me diste un camino derecho,
y yo hice de la 
	regla una hoz muy curva;
enderezarla quiero, mas preciso tu ayuda.

	Ayúdame, Señor, pues débiles son mis fuerzas;
deseo saber qué destino me 
	reservas:
para Ti es presente, pero para mí incierto futuro.

	
No te pido que me des salud corporal
ni bien alguno natural o de 
	fortuna,
pero sí que tan sólo a Ti, Señor, te ame,
pues bien cierto sé 
	que el mayor bien de ello nace.
Por consiguiente, no siento altas 
	delectaciones
ya que no me hallo bien dispuesto a sentirlas;
pero 
	hasta el más grosero de los hombres sabe
que, sobre todos, el mayor bien 
	es deleitable.

	
¿Qué día será en que la muerte ya no tema?
Será cuando de tu amor yo 
	me inflame,
y ello no es posible sin menospreciar la vida;
haz que por 
	Ti yo desprecie la mía.
Debajo de mí, entonces, estarán las cosas
que 
	ahora veo pasar sobre mis hombros;
quien no teme a las garras del fiero 
	león,
mucho menos temerá al aguijón de la avispa.

	
Ruégote, Señor, que me hagas insensible
para que nunca más ciertos 
	deseos sienta,
no tan s61o los feos que te contrarían,
sino también 
	aquellos que te son indiferentes. 
	
Tal deseo, para poder pensar sólo en Ti 
y poder buscar el camino que 
	a Ti lleva;
hazlo, Señor, y si de esto me arrepiento,
encuentre ya 
	para siempre tus oídos sordos.

	
Quítame el dolor de ver cómo pierdo el tiempo,
pues, doliéndome, no 
	puedo amarte como deseo
y quiero hacerlo aunque la costumbre me lo 
	impida;
en tiempos pretéritos me cargué de culpas.
Tanto valgo yo como 
	otros que no te sirvieron,
ya ellos diste no menos bien del que te pido;

	por ello te suplico, Señor, que entres en mi corazón, 
	
ya que en otros más abominables penetraste.

Católico soy, mas la 
	Fe no me da calor,
pues la apaga el lento frío de los sentidos.
Mas ya 
	dejo lo que mis sentidos sienten
y en el Paraíso creo por fe, pero con 
	razón juzgo. 
	
La parte del espíritu está pronta,
Imas la de los sentidos sólo 
	arrastrándola se acerca;
socórreme, pues, Señor, con el fuego de la fe,

	hasta el punto en que mi parte fría se abrase.

	
Tú me creaste para que mi alma salvara,
y quizá sepas que haré 
	precisamente lo contrario.
Si es así, ¿por qué, entonces, me creaste,

	ya que en Ti reside el saber infalible?
Devuelve mi ser a la nada, te lo 
	suplico;
preferible es a una eterna y oscura cárcel;
como quisiste 
	decir acerca de Judas, yo creo
que mejor sería no haber nacido hombre.

	
¡Preferiría, habiendo recibido el bautismo,
no haber tornado a los 
	brazos de la vida,
sino haber pagado a la muerte mi deuda,
con lo que 
	ahora no viviría ya en la duda!
Más temen los humanos al infierno
que 
	no los placeres del Paraíso juzgan;
lo que padecemos, de aquel padecer es 
	ejemplo,
mientras el Paraíso sin sentirlo se juzga.

	
Dame fuerzas para tomar de mí venganza;
contra Ti obré, y con gran 
	culpa.
Y si no lo consigo, castiga mi carne,
pero no toques mi 
	espíritu, hecho a tu semejanza;
y, sobre todo, que mi fe no vacile
y 
	que no tiemble mi esperanza :
no me faltará la caridad, si permanecen 
	firmes,
y si por mi carne te pidiera, no me escuches.

	
¡Oh! ¿Cuándo será que mis mejillas moje
con el agua de un llanto de 
	dulces lágrimas?
La contrición es la fuente de donde manaran:
tal es 
	la llave que el cerrado cielo nos abre.
De la contrición, nacen las 
	amargas,
pues antes en temor que en amor se fundan;
pero, pese a todo, 
	dame de éstas en abundancia,
pues son camino y vía para llegar a las 
	otras.

	
	
	
Versión de José Batlló
3.

No tanto la clara fuente...

No tanto la clara fuente 
	
desea ciervo herido, 
como yo, vuestro rendido, 
estaros siempre 
	presente. 
	
Al grande y dulce reposo 
do está mi contentamiento, 
por otra 
	puente no siento 
	
hallar otro paso, ni oso. 

Tarde me llega aquel día, 
para mí 
	tan deseado, 
	
muy caramente comprado 
con dolor y pena mía. 

Pero al fin, 
	tarde o temprano, 
	
que ha de venir estoy cierto, 
si muerte el camino abierto 
no lo 
	cierra con su mano. 
	

No puedo ser de esperanza 
por ningún caso lanzado, 
porque, 
	señora, os he amado 
	
según bienaventuranza. 

Y de vos favorescido 
contra mí cosa 
	no siento, 
	
si vuestro consentimiento 
me otorga lo que le pido. 

De 
	grandes dolores siento 
	
un monte delante puesto, 
de mil estorbos que opuesto 
se han a mi 
	contentamiento. 
	

De mí preguntaros nueva, 
señora, tengo temor, 
dudando que no 
	hay amor 
	
para mí puesta a la prueba. 

Y de no sabello temo 
vivir en 
	mayor tormento 
	
y estos dos males que siento 
por cualquier lado me quemo. 

No 
	está a vos el contentaros 
	
de cumplir lo que yo pido, 
si bien queráis por partido 
contra 
	vos misma forzaros. 
	

Amor, amor es aquel 
que es fuerza que os aconseje 
para que 
	mi bien se deje 
	
en vos cumplido y en él. 

Cosa alguna os dé temor 
de que 
	rescibáis despecho,
	
mis pensamientos han hecho 
la verdad de su color. 

Que 
	serviros habrá sido 
	
en firmeza confirmados; 
de tal suerte de criados 
quiere ser amor 
	servido. 
	

Si mentira os paresciere 
este lenguaje que oís, 
o vos sin 
	amor vivís 
	
o no sabéis lo que quiere. 

Muy mal puede reposar 
quien 
	siente aqueste tormento,
	
tan sólo en el movimiento 
tendréis siguro lugar.


	Versión 
	de Fransisco de Quevedo
4.

«placer

«Placer no tiene ser do 
	no se sabe...»


	Placer no tiene ser do no se sabe; 
pierde su merescer mucha costumbre.
	
Morimos por saber de amor la cumbre 
y en viéndola de mala no nos 
	cabe; 
	
aquello que pensamos que perdido 
dará poco dolor, cuando se pierde 
	
no hay cosa que al sentido desacuerde 
tanto como sentir que se haya 
	ido. 
	

A tal extremo y punto soy llegado 
que aquello que más quise en 
	esta vida 
	
lo siento con tibieza descaída, 
y al punto que lo pierdo soy 
	quemado. 
	
Ninguno puede ver tales hazañas 
como las veo después que al cielo 
	fuistes;
	
sin vida con moriros me hecistes; 
Dios sabe el porvenir destas 
	marañas.
	

El bien o mal que da o quita fortuna, 
hijos, hacienda, honor 
	abalanzaron 
	
aquellos que tras vicios caminaron, 
teniendo a la virtud por 
	importuna; 
	
yo tengo ya mi cuenta fenescida: 
no puedo haver jamás ningún 
	contento,
	
no lloro lo futuro que no siento, 
la vuestra muerte cruel fue mi 
	homicida. 
	

Tengo de mi dolor placer sencillo, 
holgando de mi mal por quien 
	le tengo; 
	
con este imaginar yo le sustengo, 
ni helgo de dejalle ni sufrillo.
	
¡Oh espíritu que estás gozando el cielo!, 
si vees de allá mi mal, de 
	mí te duele
	
y tu gloria y beldad se me revele, 
que espíritus te dan gloria y 
	consuelo. 
	

Muerte que quita el bien y la riqueza 
que vida suele dar a los 
	mortales, 
	
cuanto era me llevó, sino mis males, 
dejando de aquel tiempo una 
	tristeza. 
	
A todos doy señal de lo presente 
mostrando de pesares el extremo; 
	
del tiempo por venir recelo y temo, 
pues sola la tristeza en mí se 
	siente. 
	

Nunca de mi dolor me veo pagado, 
pues busco en el dolor el 
	alegría; 
	
mi corazón es duro, pues podría 
vivir siendo de vos desamparado. 

	Amor fue mi enemigo en aquel punto 
	
que os vi dejar el cuerpo tan hermoso; 
cruel fue más que león el ser 
	piadoso, 
	
y más mi corazón, que no es defunto. 

No puede en breve tiempo el 
	mal sentirse 
	
cuánto es como después que es conoscido; 
ataja un gran dolor todo 
	sentido 
	
el tiempo, que le hace dividirse; 
razón pide que el mal, para 
	entenderse, 
	
se parta, porque en tiempo viva y dure, 
porque de hacer placer nunca 
	se cure 
	
ni nadie jamás pueda dél valerse. 

No cure de juzgarme a mí 
	ninguno 
	
si no sabe la causa de mi duelo: 
la muerte me llevó mi bien al 
	cielo, 
	
dolor es este tal más que importuno. 
¿Quién puede ser tan cruel que 
	así no llora 
	
a quien más que a sí mismo en vida quiso, 
ni cómo de llorar se ve 
	arrepiso 
	
privado ya de ver a mi señora? 

La muerte es desventura al más 
	dichoso, 
	
mirá qué puede ser al desdichado; 
todo lo trae la cruel amedrentado, 
	
por siempre su dolor es congojoso. 
Aquesta del amor cruel enemiga, 
	
contino anda partiendo corazones; 
de un golpe a vos y a mí partió 
	sus dones 
	
y en mí quedó el durar de su fatiga.


	Versión de José Batlló

Versos y pensamientos de Ausiàs March

4 citas
« Busquen las gentes fiestas con alegría, / alabando a Dios, entremezclando »
Ausiàs March · «Busquen las gentes fiestas con alegría...»
« Pues que sin Ti, a Ti ninguno alcanza, / dame la »
Ausiàs March · Canto espiritual
« No tanto la clara fuente / desea ciervo herido, »
Ausiàs March · No tanto la clara fuente...
« Placer no tiene ser do no se sabe; / pierde su merescer mucha costumbre. »
Ausiàs March · «placer
Biblioteca poética

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