« Hoy en la calle sola, / cayendo a plomo el sol en las veletas, »
Antonio Murciano · Antiguo amor
Biografía y amplia selección de poemas de Antonio Murciano. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Antonio Murciano. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Hoy en la calle sola, cayendo a plomo el sol en las veletas, comprendí que la vida a veces abre heridas que no cierra. Venía de lo suyo. Yo iba a lo mío por la misma acera. Pero hacía tantos años, tantos recuerdos que dejé de verla, que fue verla y sentirme como alfileres dentro de las venas, como una mano que oprimiera el cuello y me pusiera la saliva seca. Fue subirme a la boca una palabra tonta, una cualquiera, fue hacer un gesto absurdo con la mano mientras pasaba, amor antiguo, ella. No fue buscarla. No. No fue decirla, ni quererla. Venía de lo suyo y cruzó por lo mío, viva, muerta.
de la Adelfa
NO me esperes
-te dije-
junto a la adelfa,
que la adelfa es amarga
y eres doncella.
(La tarde era de verde
como fruta que empieza.)
Espérame
-te dije-
allí donde no sea
turbia la luz, ni el aire,
ni el agua de la acequia.
(La tarde era naranja
como una fruta nueva.)
Pero tú me esperaste
-muchacha-
donde era
amarga la dulzura
de tu boca entreabierta.
(La tarde era amarilla
como una fruta seca.)
¿Lo pisado es lo perdido, lo por pisar el encuentro? En saber por dónde vamos consiste, amor, nuestro juego. Tierra de donde venimos, por donde fuimos viniendo, por donde vamos, camino de donde no volveremos. Caminando escuchamos los propios ecos. Nada ni nadie somos al detenemos. Si la vida es camino, caminaremos. Yo, conmigo y contigo. Tú, con mis sueños.
UN hermoso cabello que con mi mano aliso; frente tras la que pienso, mirada en que me miro; boca de la que bebo agua de gozos íntimos; oído para el requiebro, cuello hacia donde giro; hombro sobre el que sueño pecho con mi latido; brazo en el que me enredo, mano con que acaricio; vientre donde me siembro y renuevo y revivo; urna de mi universo manantial de mí mismo; pierna en que me sostengo, pie para mi camino.
Canción para tu silencio ¡Qué paz de noche plena, amada mía! Hago como que sueño. El agua suena en mi melancolía. Tú devanas despacio lana rosa. Hago como que leo. Por dentro de este verso vas, esposa. En tu silencio creo. Tu canción del Peer Gynt de Grieg, de fondo; con mis palabras lucho. La música te instala en lo más hondo y hago como que escucho. Sigue el son de la lluvia en los cristales por tu silencio vivo. Duermen los hijos. Lo compruebas. Sales. Hago como que escribo. Te sientas otra vez. Te siento junto. Permaneces callada. Hago como que aspiro y no pregunto... Y tú eres el aire, amada.
Abierto tengo el corazón a todo lo que sea palabra verdadera; hombre que llegue a mí de otra manera lo encontrará cerrado a piedra y lodo. Mi corazón es llano y sin recodo, y tan por dentro humano y tan por fuera, que aunque de ausencia y desamor muriera no quisiera que fuera de otro modo. Quien palabras le llueva de ternura, quien en su tierra siempre honrado grano comerá el pan de la amistad segura. Que abierto está en la palma de mi mano como una roja fruta ya madura, pura para la boca del hermano.
Hoy traspasé el umbral de mi ventura.
Estabas toda tú desnuda, digo
vestida de candor.
-Ven. Te esperaba.
Hoy la mañana proclamó tu nombre
y de dorada, se me
fue poniendo
del color verdemar, claro y antiguo,
de tus ojos
abiertos.
Y me miré en tus ojos
-¡qué claridad de viña al mediodía!-
y te
besé los ojos
y me mojé los labios
del agua rosa-niña de los tuyos.
Nunca pude entender que amarse fuera
quedarse quieto al borde de unos
ojos,
asomarse a otra vida y contemplarse
vivido desde lo hondo y para
siempre.
Las dobles caracolas de mi oído
guardaron el eco de tu mar, ¡qué
dicha
tener conmigo tu reír, tu canto,
tu palabra de amor, claro
murmullo!
Toda la casa olía a tu perfume.
Tus dos manos palomas por mi vida.
Mi dolor, mi alegría, todo en orden.
Ser sólo corazón es lo que importan.
« Hoy en la calle sola, / cayendo a plomo el sol en las veletas, »
« junto a la adelfa, / que la adelfa es amarga »
« ¿Lo pisado es lo perdido, / lo por pisar el encuentro? »
« con mi mano aliso; / frente tras la que pienso, »
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