Poesía Universal

Antonio Gala

Biografía y amplia selección de poemas de Antonio Gala. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

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Biografía y amplia selección de poemas de Antonio Gala. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Antonio Gala

21 poemas seleccionados
1.

Alargaba la mano y te tocaba...

Alargaba la 
	mano y te tocaba.
Te tocaba: rozaba tu frontera,
el suave sitio donde 
	tú terminas,
sólo míos el aire y mi ternura.
Tú moras en lugares 
	indecibles,
indescifrable mar, lejana luz
que no puede apresarse.

	Te me escapabas, de cristal y aroma,
por el aire, que entraba y que 
	salía,
dueño de ti por dentro. Y yo quedaba fuera,
en el dintel de 
	siempre, prisionero
de la celda exterior.


	La libertad 
	
hubiera sido herir tu pensamiento,
trasponer el umbral de tu mirada,

	ser tú, ser tú de otra manera. Abrirte,
como una flor, la infancia , y 
	aspirar
su esencia y devorarla. Hacer
comunes humo y piedra. Revocar

	el mandato de ser. Entrar. Entrarnos
uno en el otro. Trasponer los 
	últimos
límites. Reunirnos.....


	Alargaba la 
	mano y te tocaba.
Tú mirabas la luz y la gavilla.
Eras luz y gavilla, 
	plenitud 
	
en ti misma, rotunda como el mundo.
Caricias no valían, ni cuchillos,

	ni cálidas mareas. Tú, allí, a solas,
sonriente, apartada, eterna tú.

	Y yo, eterno, apartado, sonriente,
remitiéndote pactos inservibles,

	alianzas de cera.


	Todo estuvo de 
	nuestra parte, pero
cuál  era nuestra parte, el punto
de 
	coincidencia, el tacto
que pudo ser llamado sólo nuestro.


	Una voz, en la 
	calle, llama y otra
le responde. Dos manos se entrelazan.
Uno en otro, 
	los labios se acomodan;
los cuerpos se acomodan. Abril, clásico,
se 
	abate, emperador de los encuentros.
¿Esto era amor? La soledad no sabe

	qué responder: persiste, tiembla, anhela
destruirse. Impaciente
se 
	derrama en las manos ofrecidas.
Una voz en la calle....Cuánto olor,

	cuánto escenario para nada. Miro
tus ojos. Yo miro los ojos tuyos;
tú, 
	los míos: ¿esto se llama amor?


	Permanecemos. 
	Sí, permanecemos
no indiferentes, pero diferentes. Somos
tú y yo: los 
	dos, desde la orilla
de la corriente, solos, desvalidos,
la piel 
	alzada como un muro, solos
tú y yo, sin fuerza ya, sin esperanza.

	Idénticos en todo, 
	
sólo en amor distintos.
La tristeza, sedosa, nos envuelve
como una 
	niebla: ése es el lazo único;
ésa  la patria en que nos encontramos.

	Por fin te identifico con mis huesos
en el candor de la desesperanza.

	Aquí estamos nosotros: desvaídos
los dos, borrados, más difíciles,
a 
	punto de no ser....¿Amor es esto?
¿Acaso amor es esta no existencia
de 
	tanto ser? ¿Es este desvivirse
por vivir? Ya desangrado
de mí, ya 
	inmóvil en ti, ya 
	
alterado, el recuerdo se reanuda.
Se reanuda la inútil existencia....

	Y alargaba la mano y te tocaba.
2.

Almuñécar

Durante un 
	anochecer en esta playa te amé tanto
que una respiración
para los dos 
	bastaba.
Suspendieron el mar, para mirarnos,
su armonioso escalofrío,

	y su unánime vuelo de gaviotas.
Se divertía el agua, sonrosada,
como 
	si fuera a amanecer,
y se posó el silencio sobre el aire
lo mismo que 
	un jilguero en una rama.
No existía para el amor
futuro ni pretérito:

	todo era eterno instante....
Y de repente, sobre tus hombros
observé, 
	mientras te besaba,
que nos veían ojos codiciosos.
No supe si eran de 
	los viejos fenicios
o quizá de la noche...
No tardó en quedar claro

	dónde va el ruiseñor cuando mayo termina.
La muerte que los devoró a 
	ellos, 
	
sigilosa nos acechaba.
Nuestro amor, como el  de ellos, fue 
	vencido.
Pero yo te amo todavía.
3.

Arrebátame, amor, águila esquiva...

Arrebátame, 
	amor, águila esquiva,
mátame a desgarrón y a dentellada,
que tengo ya 
	la queja amordazada
y entre tus garras la intención cautiva.


	No finjas más, 
	no ocultes la excesiva
hambre de mí que te arde en la mirada.
No gires 
	más la faz desmemoriada
y muerde de una vez la carne viva.


	Batir tu vuelo 
	siento impenetrable,
en retirada siempre y al acecho.
Tu sed eterna y 
	ágil desafío.


	Pues que eres 
	al olvido invulnerable,
vulnérame ya, amor, deshazme el pecho
y anida 
	en él, demonio y ángel mío.
4.

Atardeció sin ti

Atardeció sin 
	ti. De los cipreses...
a las torres, sin ti me estremecía.
Qué desgana 
	esperar un nuevo día
sin que me abraces y sin que me beses.


	A fuerza de 
	tropiezos y reveses
la piel de la esperanza se me enfría.
Qué agonía 
	ocultarte mi agonía,
y qué resurrección si me entendieses.


	Atardeció sin 
	ti. Seguro y lento,
el sol se derrumbó, limón maduro,
y a solas recibí 
	su último aliento.


	Quién me viera 
	caer, lento y seguro,
sin más calor ni más resurgimiento,
gris el alma 
	y frustrada entre lo oscuro.
5.

Aún eres mío, porque no te tuve...

Aún eres mío, porque no te tuve.
Cuánto tardan, sin ti,
las olas 
	en pasar...

	
Cuando el amor comienza, hay un momento
en que Dios se sorprende

	de haber urdido algo tan hermoso.
Entonces, se inaugura
-entre el 
	fulgor y el júbilo-
el mundo nuevamente,
y pedir lo imposible
no es 
	pedir demasiado.

	
Fue a la vera del mar, a medianoche.
Supe que estaba Dios,
y que 
	la arena y tú
y el mar y yo y la luna
éramos Dios. Y lo adoré.
6.

Bagdad

Tenía tanta 
	necesidad de que me amaras,
que nada más llegar te declaré mi amor.
Te 
	quité luces, puentes y autopistas,
ropas artificiales.
Y te dejé 
	desnuda, inexistente casi,
bajo la luna y mía.
A las princesas 
	sumerias,
cuando fueron quemadas con joyas rutilantes,
les brillaban 
	aún sus dientes jóvenes;
se quebraron sus cráneos antes que sus collares;

	se fundieron sus ojos antes que sus preseas....
Bajo la luna aún 
	brillaban sus dientes,
mientras te poseí desnuda y mía.
7.

Bahía

¿Cómo comer sin ti, sin la piadosa
costumbre de tus alas
que 
	refrescan el aire y renuevan la luz?
Sin ti, ni el pan ni el vino,
ni 
	la vida, ni el hambre, ni el jugoso
color de la mañana
tienen ningún 
	sentido ni para nada sirven.
Allá fuera está el mar,
allá fuera, en el 
	mundo, estás tú.
Comiendo tú sin mí:
tu hambre, tu pan, tu vino y tu 
	mañana.
Yo aquí, ante los manteles opacos
y la bebida amarga,
ante 
	platos sin sabor ni colores.
Lo intento, sí, lo intento, pero cómo

	comer sin ti, ni para qué...
Tú te has llevado tu olor a bosque
y el 
	gusto de la vida.
Fuera están mar y aire.
Dentro, yo solo frente a la 
	mesa puesta
que ha perdido su voz y su alegría.
8.

Bajo qué ramas, di, bajo qué ramas...

Bajo qué ramas, di, bajo qué ramas
de verde olvido y corazón morado

	la roja danza muerde tus talones
y te estrechan amantes amarillos.

	
Desde qué repentina lontananza
giras, me nombras, saltas entre el 
	aire,
mientras yo permanezco absorto en sueños
aún dormida creyéndote 
	en mi alcoba.

	
Qué plateada tristeza te reviste,
si alegre hasta tu alegre voz 
	acudo,
los pies descalzos, para entrelazarme
sal paso de tu danza 
	apresurada.

	
Dónde te vas cuando te vas y lloran
las colinas, a solas con tu 
	nombre
para siempre, hasta oír al lado mío
tu voz que me pregunta a 
	quién aguardo.
9.

Bajo los fuegos de fugaces colores...

Bajo los fuegos de fugaces 
	colores
que iluminan el aire de la noche,
dame tu mano.
Mira 
	abrirse las palmeras doradas, rojas, verdes;
caen los frutos azules de la 
	altura;
rasgan el negro terciopelo
las estelas de plata...
En tus 
	ojos yo veo el frío ardor,
artificial y efímero
de los castillos que 
	veloces surgen
y veloces se extinguen.
Dame tu mano: es todo cuanto 
	tengo
en medio de esta falsa
riqueza, de esta dádiva
que fugazmente 
	se otorga y se consume.
Así es todo: organizado y yerto
brota el amor, 
	crece, se desparrama, se hunde,
vuelve la oscuridad
en la que, 
	previsto y bien envuelto, yacía.
Nada, nada...
Dame tu mano. Entre los 
	irisados estampidos 
	
alegres sólo para los alegres,
se esfuma el corazón, igual que una 
	girándula
demasiado mojada para arder o dar luz.
En este tornasolado e 
	intrincado bosque
dame tu mano para que no me pierda.
10.

Cómo comer sin ti...

¿Cómo comer sin ti, sin la 
	piadosa
costumbre de tus alas
que refrescan el aire y renuevan la luz?

	Sin ti, ni el pan ni el vino,
ni la vida, ni el hambre, ni el jugoso

	color de la mañana
tienen ningún sentido ni para nada sirven.
Allá 
	fuera está el mar.
Allá fuera, en el mundo, estás tú.
Comiendo tú sin 
	mí:
tu hambre, tu pan, tu vino y tu mañana.
Yo aquí, ante los manteles 
	opacos
y la bebida amarga,
ante platos sin sabor ni colores.
Lo 
	intento, sí, lo intento, pero cómo
comer sin ti, ni para qué...
Tú te 
	has llevado tu olor a bosque
y el gusto de la vida.
Fuera están mar y 
	aire.
Dentro, yo solo frente a la mesa puesta
que ha perdido su voz y 
	su alegría.
11.

Cómo retumba amor, cómo resuena...

Cómo retumba 
	amor, cómo resuena
tu nombre, suelto en flor, por los collados:
su 
	aletear de palomos azorados
ni el orden de la noche lo serena.


	Cuánta luna y 
	qué olor de luna llena
empapan con su lino los sembrados.
Brilla tu 
	nombre en los desiertos prados,
y en el tobillo siento su cadena.


	Vendrá la luz, 
	regresará la hora
en que, abierta, la luz despavorida
vierta sonora 
	sangre de granada.


	Vendrá otra 
	vez la sangre más sonora
golpeando en las llagas de la vida,
pero 
	estará la vida ejecutada.
12.

Condena

A 
	trabajos forzados me condena
mi corazón, del que te di la llave.
No 
	quiero yo tormento que se acabe,
y de acero reclamo mi cadena.

	
Ni concibe mi mente mayor pena
que libertad sin beso que la trabe,

	ni castigo concibe menos grave
que una celda de amor contigo llena.

	
No creo en más infierno que tu ausencia.
Paraíso sin ti, yo lo 
	rechazo.
Que ningún juez declare mi inocencia,

	
porque, en este proceso a largo plazo
buscaré solamente la sentencia

	a cadena perpetua de tu abrazo.
13.

El arma que te di pronto la usaste...

El arma que te di pronto la 
	usaste
para herirme a traición y sangre fría.
Hoy te reclamo el arma, 
	otra vez mía,
y el corazón en el que la clavaste.


	Si en tu poder y fuerza 
	confiaste,
de ahora en adelante desconfía:
era mi amor el que te 
	permitía
triunfar en la batalla en que triunfaste.


	Aunque aún mane la sangre 
	del costado
donde melló su filo tu imprudencia, 
	
ya el tiempo terminó de tu reinado.


	Hecho a los gestos de la 
	violencia,
con tu mala costumbre ten cuidado;
tú sólo no te hieras en 
	mi ausencia.
14.

Ella

Bebió en tu 
	boca el tiempo enamorado
y la cuajó con besos de paloma.
Casto tu 
	cuello, sobre el oro asoma
tan sólo por el oro acariciado.


	Lunado el 
	pelo, el corazón lunado,
rubor apenas por el aire aroma.
Amapola 
	ritual tu torso toma
y te aparta del mar verde azulado.


	Tu mirada de 
	miel, marisma ardiente,
la luz antigua con las luces nuevas
-recién 
	despierta y ya cansada- alía.


	Te duele la 
	victoria, y dócilmente
a cuestas tu destino de amor llevas,
delicada y 
	sangrienta vida mía.
15.

Enemigo íntimo

Hay tardes en que todo
huele a enebro quemado
y a tierra prometida.

	Tardes en que está cerca el mar y se oye
la voz que dice: "Ven".
Pero 
	algo nos retiene todavía
junto a los otros: el amor, el verbo

	transitivo, con su pequeña garra
de lobezno o su esperanza apenas.
No 
	ha llegado el momento. La partida
no puede improvisarse, porque sólo

	al final de una savia prolongada,
de una pausada sangre,
brota la 
	espiga desde
la simiente enterrada.

	
En esas largas
tardes en que se toca casi el mar
y su música, un 
	poco
más y nos bastaría
cerrar los ojos para morir. Viene
de abajo 
	la llamada, del lugar
donde se desmorona la apariencia
del fruto y 
	sólo queda su dulzor.
Pero hemos de aguardar
un tiempo aún: más 
	labios, más caricias,
el amor otra vez, la misma, porque
la vida y el 
	amor transcurren juntos
o son quizá una sola
enfermedad mortal.

	
Hay tardes de domingo en que se sabe
que algo está consumándose entre 
	el cálido
alborozo del mundo,
y en las que recostar sobre la hierba

	la cabeza no es más que un tibio ensayo
de la muerte. Y está
bien todo 
	entonces, y se ordena todo,
y una firme alegría nos inunda
de abril 
	seguro. Vuelven
las estrellas el rostro hacia nosotros
para la 
	despedida.
Dispone un hueco exacto
la tierra. Se percibe
el pulso 
	azul del mar. "Esto era aquello".
Con esmero el olvido ha principiado

	su menuda tarea...

	
Y de repente
busca una boca nuestra boca, y unas
manos oprimen 
	nuestras manos y hay
una amorosa voz
que nos dice: "Despierta.

	Estoy yo aquí. Levántate". Y vivimos.
16.

Era invierno; llegaste y fue verano...

Popayán

Era invierno; llegaste y fue verano.
Cuando llegue el 
	verano verdadero,
¿qué será de nosotros?
¿Quién calentará el aire

	más que agosto y que julio?
Tengo miedo
de este error de los meses que 
	has traído.
¿Quién es nuestro aliado: tú o yo?
Cuando llegue el verano

	quizá el aire esté frío...
Era invierno y llegaste.
17.

Es

hora ya de levantar el 
	vuelo...


	Es hora ya de levantar el 
	vuelo,
corazón, dócil ave migratoria.
Se ha terminado tu presente 
	historia,
y otra escribe sus trazos por el cielo.

	
No hay tiempo de sentir el desconsuelo;
sigue la vida, urgente y 
	transitoria.
Muda la meta de tu trayectoria,
y rasga del mañana el 
	hondo velo.

	
Si el sentimiento, más desobediente,
se niega al natural imperativo,

	álzate tú, versátil y valiente.

	
Tu oficio es cotidiano y decisivo:
mientras alumbre el sol, serás 
	ardiente;
mientras dure la vida, estarás vivo.
18.

Hoy encuentro, temblando ya y vacía...

Hoy encuentro, 
	temblando ya y vacía,
la casa que los dos desperdiciamos
y el vago 
	sueño del que despertamos
sin habernos dormido todavía.


	Acordarse del 
	agua en la sequía
no hace brotar ni florecer los ramos.
¿Dónde estás, 
	dónde estoy, y dónde estamos?
¿Qué fue del mundo cuando amanecía?


	Hoy me pasa el 
	amor de parte a parte.
Temo encontrarte y no reconocerte.
Temo 
	extender la mano y no tocarte.


	Temo girar los 
	ojos y no verte.
Temo gritar tu nombre y no nombrarte...
Temo estar 
	caminando por la muerte.
19.

Hoy me pasa el amor de parte a parte...

Hoy me pasa el amor de parte a parte.
Temo encontrarte y no reconocerte.

	Temo extender la mano y no tocarte.
Temo girar los ojos y no verte.

	Temo gritar tu nombre y no nombrarte...
Temo estar caminando por la 
	muerte.
20.

La

luna nos buscó desde la 
	almena....


	La luna nos 
	buscó desde la almena,
cantó la acequia, palpitó el olvido.
Mi 
	corazón, intrépido y cautivo,
tendió las manos, fiel a tu cadena.


	Qué sábanas de 
	yerba y luna llena
envolvieron el acto decisivo.
Qué mediodía sudoroso 
	y vivo
enjalbegó la noche de azucena.


	Por las 
	esquinas verdes del encuentro
las caricias, ansiosas, se perdían
como 
	en una espesura, cuerpo adentro.


	Dios y sus 
	cosas nos reconocían.
De nuevo giró el mundo, y en su centro
dos 
	bocas, una a una, se bebían.
21.

Maitines

Callad, 
	amantes, y ocupad el labio
con el beso.  No pronunciéis palabras 
	vanas
mientras se busca vuestro corazón
en otro pecho, jadeante y 
	pobre
como el vuestro,
ya al filo de la aurora.


	Cuando te 
	poseí por vez primera
tocaban a maitines
en el Convento de las 
	Mercedarias.
La tiniebla del aire estremecieron
repentinos palomos 
	alterados.
Titubeante el alma sonreía,
sin comprender por qué, en 
	torno a tu cintura.
Y luego, hasta la alcoba recién inaugurada,
fueron 
	entrando laúdes y alabanzas
que mi alma repetía con orgullo 
	
suavemente en tu oído.


	Callad amantes 
	y ocupad 
	
el labio con el beso....

Versos y pensamientos de Antonio Gala

4 citas
« Alargaba la / mano y te tocaba. »
Antonio Gala · Alargaba la mano y te tocaba...
« Durante un / anochecer en esta playa te amé tanto »
Antonio Gala · Almuñécar
« Arrebátame, / amor, águila esquiva, »
Antonio Gala · Arrebátame, amor, águila esquiva...
« a las torres, sin ti me estremecía. / Qué desgana »
Antonio Gala · Atardeció sin ti
Biblioteca poética

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