Poesía Universal

Antonio Carvajal

Biografía y amplia selección de poemas de Antonio Carvajal. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Antonio Carvajal. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Antonio Carvajal

21 poemas seleccionados
1.

A ti, siempre alegría

Es el pagaros gloria tan subida
                         
		que cuanto más os pago, más os debo.

A ti, siempre alegría

		si jazmín amanezcas
o canario en la jaula
de mi ventana seas.

		Pero más si tu cuerpo
en mi amor se concreta,
de una herencia 
		celeste
suavísimo albacea.

		
Mucho más cuando carne
de mi carne te entregas
y ante tus 
		labios pálidas
son todas las anémonas,
si luna, porque clara;

		si mar, porque serena;
si vegetal, por ser
prisión para la 
		estrella.

		
Pues te debo alegría
y esperanza y certeza
y ser quien soy sin 
		ti
no puede ser sin mengua,
tómame por rehenes
de mi amorosa 
		deuda
y canario en la jaula
de tu ventana sea.

		
Y todavía, entonces,
¿cómo no te debiera
el alpiste y el agua

		y la lechuga tierna?
Tenme como un jazmín
silvestre que, a tu 
		vera,
se nutra de suspiros,
mi amor, mientras sesteas.
2.

A

veces el amor tiene 
		caricias...


		A veces el 
		amor tiene caricias
frías, como navajas de barbero.
Cierras los 
		ojos. Das tu cuello entero
a un peligroso filo de delicias.

		
Otras veces se clava como aguja
irisada de sedas en el raso

		del bastidor: raso del lento ocaso
donde un cisne precoz se 
		somorguja.

		
En general, adopta una manera
belicosa, de horcas y cuchillos,

		de lanza en ristre o de falcón en mano.

		
Pero es lo más frecuente que te hiera
con ojos tan serenos y 
		sencillos
como un arroyo fresco en el verano.
3.

Aldaba de noviembre

Una 
		tristeza dulce y anterior
al suspiro y las lágrimas,
anterior al 
		idilio de la tarde
azul y el jacaranda,
invade la memoria con su 
		música,
su brisa, su nostalgia:
Es la tristeza de mirar el cielo

		cautivo entre las ramas.
4.

Amor mío te ofrezco mi cabeza en un plato...

Amor mío 
		te ofrezco mi cabeza en un plato:
desayuna. Te ofrezco mi corazón 
		pequeño,
y una vena fecunda que tu lengua de gato
ha de lamer, ya 
		claras las arrugas del ceño.

		
Otra copita y basta: Amor mío, qué rato
más feliz tu mordisco, 
		como un nudo de sueño,
Yo escalo las paredes, tú apacientas un hato,

		y yo balo en la sombra como cabra sin dueño.

		
Para ti no es la sombra, para ti es sólo el día,
mi Amor nunca 
		tocado por un dedo de bruma,
mi Amor nunca dejado por la indemne 
		alegría.

		
Te ofrezco un dedo rosa y unos labios de espuma,
Amor mío; te 
		ofrezco la lengua que tenía
cuando dije tu nombre y era el eco una 
		pluma.

		
"Tigres en el jardín" 1968
5.

Anunciación de la carne

Envuelto en seda y nardos, encajes y rubíes,
vino el ángel del cielo 
		a verme una mañana;
yo encadenaba plumas de ensueño en mi ventana

		con un candor desnudo de lino y alhelíes.

		
Su corte de querubes y jilgueros turquíes,
cambiaba por mi leche, 
		mi miel y mi manzana;
el beso y la mejilla eran de nácar grana,
de 
		tibios surtidores y absortos colibríes.

		
Se deslizó en mis venas como pez por el río
y, al tiempo que en 
		su torre daba el reloj la hora,
mané sangre y luceros mezclados con 
		rocío.

		
Me cerró las heridas su boca que enamora
y abrazando mi cuerpo 
		transitado en su brío,
me dijo: «Eres hermoso». y se fue con la 
		aurora.
6.

Bajo continuo

Como en la muchedumbre 
		de los besos
tantos pierden relieve -sólo el beso
inicial y el 
		postrero por los labios
recibidos perduran-, estas flores
que el 
		año nuevo entrega: Con el blanco
del almendro en su abrigo contra el 
		norte,
la voz del macasar, no su presencia;
hoy, esta rosa. ¿La 
		aguardabas? Huele
como la adolescencia y sus deseos.
Pero en medio 
		se abrieron las cidonias,
los ciruelos, manzanos y perales,
tantos 
		y tantos, rojos, rosas, blancos,
y apenas los mirabas: Como el gozo

		de unos brazos constantes de certeza
te acogieron, te acogen, y 
		recuerdas
sólo el primer calor, sólo la boca
que te ha dicho, al 
		partir esta mañana:
"No vuelvas tarde".


	
	
		Pasas por los campos:

		Entre las hojas con su verde intenso,
aún canta la blancura de los 
		pétalos.
Es la felicidad que da sus trinos,
sus trémolos, su leve 
		melodía,
sobre un bajo continuo de sosiego,
de paz, de vuelta al 
		labio no sabido
en la forma, en la flor que te formule.
7.

Cantar de amigo

Di, noche, 
		amiga de los oprimidos,
di, noche, hermana de los solidarios,


		¿dónde 
		dejaste al que ayer fue mi amigo,
dónde dejaste al que ayer fue mi 
		hermano?


		-Verde le 
		dejo junto al mar tranquilo;
joven le dejo junto al mar callado.
8.

Capricho

Un capricho celeste
dispuso que velado
de lágrimas quedara
el 
		nombre del amor;

		
la alondra, que lo tuvo
casi en sus iniciales,
lo perdiera en 
		el canto
primero que hizo al sol;

		
la raya temblorosa
del horizonte, herida,
repitiera la llaga

		que el eco le dejó;

		
la lumbre de otros ojos
amortecida, apenas
para el silencio 
		nido,
para el sollozo flor.

		
Si oscuro fue el capricho,
y signo fue del cielo,
voluble 
		halló una pluma,
rebelde un corazón:

		
no sometió la sangre
al llanto sus latidos
y desveló el 
		secreto
con risas en la voz.
9.

Como carne apretada a nuestros huesos...

Como carne 
		apretada a nuestros huesos
nos envuelve el amor más solo y puro,

		que, apartados del mundo y su conjuro,
vivimos un festín de fiebre y 
		besos.

		
Este recinto prieto, donde presos
unánimes nos damos un seguro.

		este campo solar y nido oscuro
abona en gracia vida y embelesos.


		
		Contagiados de mundo, sin embargo,
lucha es la vida con caudal de 
		grito,
y a veces un sollozo y un letargo.


		Y es que 
		el dolor destroza nuestro mito
y el dulce amor nos sabe tan amargo

		como la sed de un páramo infinito.
10.

Correspondencia

Fosa común de pájaros y fuentes 
eran tus ojos en la tarde 
		ardida. 
		
Había un brillo cruel de luz mordida 
en tus labios sin besos y 
		en tus dientes. 
		

Ayer dos corazones coincidentes, 
hoy dos bordes sangrantes 
		de una herida, 
		
mañana doble sombra de guarida 
de sierpes y de lobos 
		impacientes. 
		

Tú, aquí; él, por ahí: Porque no es buena 
la vida, no: No es 
		justa y no es sagrada 
		
para quien muerde el fruto de la ciencia. 

Esa ciencia que 
		nace de la pena 
		
de no verse mirada en su mirada, 
pedir amor y recibir paciencia.
11.

Cuentas de vidrio

Así, 
			rodado, crepitado, ungido,
estarcido y flagrado,
como derrama 
			un niño cuenta y cuenta
de vidrio en la sonora
patena de la 
			noche, te he entregado
mi puño y mi tormenta
y he nombrado

			como albacea la Aurora.

			
Agujas y sedales han cosido
mi lengua al paladar, donde tú 
			abrías
ya no sé qué navajas o alegrías,
qué sigilo mortal, qué 
			luz de olvido.

			
No pido compasión; sangre te pido
y músculos joyantes y 
			agonías,
devoradoras águilas, orgías
y uñas escodadoras del 
			sentido.

			
Y vivir y cantar y la condena
cumplir de nuestro amor y ver 
			la cima
del monte más temible destrozada

			
por un súbito embate de carena,
por una mano que la piedra 
			oprima
con el temblor sediento de la espada.

			
"Serenata y navaja"  1973
12.

Dame,

dame la noche del 
			desnudo...


	
	
		Dame, dame la noche del 
		desnudo
para hundir mi mejilla en ese valle,
para que el corazón 
		no salte, y calle:
hazme entregado, reposado y mudo.

		
Dame, dame la aurora, rompe el nudo
con que ligué mis rosas a tu 
		talle,
para que el corazón salte y estalle:
hazme violento, 
		bullidor y rudo.

		
Dame, dame la siesta de tu boca,
dame la tarde de tu piel, tu 
		pelo:
sé lecho, sé volcán, sé desvarío.

		
Que toda plenitud me sepa a poca,
como a la estrella es poco todo 
		el cielo,
como la mar es poca para el río.
13.

Deshojar un recuerdo se convierte...

Deshojar un recuerdo se 
		convierte
en un trabajo lleno de rocío,
como un campo de lirios y 
		cerezos
donde me vieras sin estar conmigo.


		Dócilmente te tiendes a 
		mi lado,
extiendes tu cabello, abres al lino
interiores de concha 
		y amaranto:
el alba fija tus contornos tibios.


		Yo repaso el silencio 
		suavemente,
fluyen las horas, y en su claro signo
ponemos un común 
		astro de besos,
y damos los recuerdos al olvido.


		Todo lo que anhelé, tú 
		me lo has dado;
todo lo que viví, por ti está vivo;
lo que no 
		fuiste tú, sombra es de un sueño
y no esta flor quemándose en tu 
		brillo.


		Tus alas puras lo 
		tocaron todo
Y aún vuelas en mi gesto pensativo.
Oh, no levantes 
		más recuerdos yertos.
Déjame en ti gozosamente hundido.
14.

Después que me miraste

Oigo tu voz muy remota:
¿Me llamas por la alameda
al fondo, donde 
		las hojas
o fulgen de brisa o tiemblan?

¿O me llamas desde 
		arriba,
desde mi memoria, desde
tu propio silencio, íntima

		delicia de conocerte?

¿Por qué me llamas, si sabes
que me 
		tienes, que nos somos,
que después que me miraste
desde tu voz te 
		respondo?
15.

Después que me miraste, 22

Cuéntase de un zagal heroico antiguo
tal singular hazaña: 
		consiguió
dominar preciadísimo caballo
asustadizo de su sombra

		
guiándolo hacia el sol; obtuvo, así,
loa y acatamiento de los 
		hombres.
Pero mayor hazaña fue la tuya
después que me miraste

		pues mi pasión e instinto condujiste
a la luz de la vida y hoy me 
		miro
en el espejo de tus ojos puros
dócil corcel de amor.
16.

Duérmete ahora, sentimiento mío...

Duérmete ahora, sentimiento mío.
Déjame en esta paz que me 
		regalan
la silenciosa habitación, las suaves
luces, las tenues 
		llamas.

		
Ya sé que ayer fue dura la congoja
y no sé cómo el corazón mañana

		soportará romper con estos lazos,
con estas quietas brasas.

		
Pero no me perturbes esta noche
en que mi terca sangre se 
		acompasa
al fluir de otras vidas más serenas,
al soplo de otra 
		gracia.

		
Y tú, indiscreto pensamiento mío
pájaro equivocado de sus alas,

		duerme también y deja que la noche
me abrigue, limpia, el alma.

		
De "Miradas sobre el agua"
17.

Ebriedad

de sol


		Vente conmigo a esta caliente fosa,
al hueco en que un arcángel nunca 
		anida:
es foso de leones o manida
de sangre, no de pétalos de 
		rosa.

		
Aquí los huesos silban, y qué hermosa
es su canción de besos y de 
		herida.
El relámpago apenas tiene vida
en tanta huesa amante y 
		cavernosa.

		
Ay, ven conmigo. Duérmete a mi lado.
El gusano no puede con el 
		sueño,
vino es la muerte de metal fundido.

		
Tierra en la tierra ya, nuestro costado
será un arpa que tañe el 
		Sol -su dueño-
para darle al Amor nuestro sonido.

		
"Serenata y navaja"  1973
18.

El amor busca plumas clandestinas

Nació bajo la luz de una tarde de estío.
Súbitamente herido,

		por calles, por tranvías, por geranios, por trajes,
liquen de labios, 
		desplegó sus alas.

		
Rodó por archipiélagos de madreselva húmeda,
por vinos aromados y 
		miradas furtivas,
pero temió las cárdenas navajas
que al inocente 
		acechan.

		
Por la tronera trémula del pino
podían dispararse cerbatanas,

		flechas extintas como espejos sucios.
...Súbitamente herido.

		
El amor busca plumas clandestinas,
rodando por los nombres de los 
		meses,
errando las ambiguas direcciones,
bares de moho, pensativas 
		lunas,
súbitamente herido.

		
Tenía grandes alas, como fuentes,
como cedros, crepúsculos, 
		alondras;
iba por avenidas y jardines
encorvado de piedras y 
		deseo...
Súbitamente herido.
Oh los deseos que en el tiempo 
		anidan,
que incuban sus estrellas, sus acíbares,
y sobre el campo 
		hostil dejan cristales,
nácar de empuñadura de navaja,
caparazones 
		de marfil, diademas
de sangre sexual. Buscaba plumas
clandestinas, 
		covachas, paraísos
terrenales, ocultos, donde el hombre
no acosa 
		como hiena, como hombre,
como sonrisa cómplice, ni escándalo.
¡Qué 
		escándalo de plumas! Centinelas
de la certera soledad prendían

		hachones en la noche
por barrancos, colinas,
por cactos 
		polvorientos, por yacijas
donde el amor inventa su mínima aventura,

		súbitamente herido.
         
		
          El amor se 
		resiste a los acosos,
súbitamente herido,
          
		tiene oídos nocturnos, grandes ojos.
súbitamente herido,
          
		las alas cubren con temor su torso,
súbitamente herido,
          
		y es feliz con sus plumas de abandono,
súbitamente herido.


		Acacias, gritos, campanadas, sombras,
buzones, fechas, compasión, 
		sollozos:
para que su rumor no desvele a los bosques,
pasa el amor 
		con la noche en los hombros.
19.

El deseo es un agua

I
Siempre vive, pervive, sobrevive y asciende,
como un astro y sus 
		luces, el deseo a los cielos,
sin confundirse nunca con el cuerpo 
		logrado,
sin renunciar jamás al clamor de la sangre,

		
a las yemas feroces donde mana
una mano las nieves sin estrépito,

		boca que sigue el trazo de las aves
más allá de la noche y su 
		sospecha.
Abierta noche insomne cuyos dientes
tiñen la sangre de 
		un rumor perplejo,
tacto de mineral, cristal y lágrima
que el mar 
		bebiera y en la luz se cumple
abrasadoramente, ardidamente
por 
		donde el tiempo yergue sus promesas.

		
Siempre en silencio perseguido y dúctil,
resbalando por montes de 
		corales tranquilos,
superviviente frágil que sobrenada el canto

		último en que los barcos naufragaron sin día,
recubierto de arenas 
		marchitas y de pétalos
para perder los labios donde la luna insiste,

		resiste. Donde el hierro, carmín rozado, frente
de otro pesar sin 
		nubes se desliza convulso
como serpiente muda que las sombras escruta

		abrasadoramente,
nunca saciada, nunca
consumada en el tacto,

		musgos frescos, saladas
márgenes, sonorosas
pulpas hendidas, 
		siempre
perseguidora inmune
al sudor del estío,
al frescor de 
		unos ojos
palpitantes de lábiles
corpúsculos de aurora,
nunca 
		dormida, nunca
cubierta por las alas mullidas
del olvido.


		II
La 
		sangre, hierro convexo, pegajosa brasa
sin renuncias, mana y no 
		cubre, fluye
y reclama vasos, céspedes hondos, cuellos
por donde 
		el aire resuena
con cansancios de oboe
henchido con el cuerpo que 
		le negó la aurora,
buscando el lecho estéril y la sombra baldía,

		fingiendo la planicie,
la suave piel sin fechas,
forma de fruto y 
		pecho
desnudo de latidos,
y el pedernal lo gime.

		
¡Oh cosechas vencidas, oh simientes
siempre más generosas que los 
		ojos,
más ofrecidas a las chispas súbitas
que la lengua convulsa 
		de mentiras,
volved, volved al suelo, y la amapola
cante en las 
		primaveras de otros sueños,
otro rumor de latidos acordes,
un 
		desvanecimiento de los labios ardidos,
mordidos, mientras gime
la 
		serpiente en la pulpa
borrascosa, sumida
en su propio deseo,

		abrasadoramente,
nunca saciada, nunca
consumada en el tacto,

		perseguidora inmune
al sudor del estío,
mientras la sangre consta,

		mientras vuelve, revuélvese, se disuelve y desciende
como liquen sin 
		luces el sopor a los cuerpos,
manteniéndolos siempre sobre el duro 
		equilibrio
de una luz prometida que nunca, nunca alcanzan,
y una 
		sombra perenne que los ata y los ciega!

		


		III
No 
		es el azul ni distante-ni irónico,
ni en las puertas perplejas que 
		entreabren
una posible llama donde el jazmín crepite
cuelgan los 
		ramos tristes,
las pupilas, la fría
mueca por la que pierden su 
		sollozo
quienes nunca lograron confundirse en la noche,
quienes 
		nunca lograron que la niebla
tiñera los jardines del deseo
con 
		otra luz que su rencor no hubiere,
mientras en las orillas, por la 
		nube
primera, como frutos destronados
por la estrella rival y 
		melancólica,
surten los barcos de enramadas velas,
la proa hacia 
		los reinos de la llama,
inocente e inmune
al cierzo muerto, al 
		austro
perseguidor de yeguas y leones,
de corzos con la lengua 
		estremecida
por las hierbas recientes de rocío
junto a la nieve y 
		el azul que ríen.

		
Porque se supo siempre
que nos habita el hálito
de un alma 
		nunca nuestra,
víctimas de los límites
que las sombras imponen

		al cuerpo y al deseo.

		
Porque siempre nos queda
una duda en racimos
de sed, una 
		serpiente
de lava que si aflora
castigamos con dura
resolución 
		de niebla,
siempre fingidos, nunca
con resplandor de carne

		abrasadoramente
entregada a los vientos
que la muevan, fecunden

		de pájaros y abejas,
la miel, el vuelo, el canto
por el azul 
		extenso,

		
y nos llama la sombra,
no la llama, no el río
con su rumor 
		frondoso,
su luz y su clemencia,

		
y el vano giro y la inventada roca
que rueda y vuelve a su lugar 
		nativo
no los miramos como ser podrían,
concreciones de piel, sed 
		y silencio
que como pulpa blanda entre los rígidos
y amenazantes 
		dedos de la noche
promete siempre abrasadoramente
la nueva 
		floración, la sangre virgen
negada por los ángeles
hipócritas que 
		cubren
su torso con las capas
del rencor y la envidia,

		
nunca para dar paz, nunca para que el gozo
de la piel amanezca 
		sobre aquellas mejillas
donde una vez pusimos la mirada y los labios,

		tan ardorosamente, tan gozosos, tan ebrios
de un primer resplandor, 
		de un desplegado
astro en sus luces sobre el mar dormido.

		
IV
¿De qué pútridas huellas
se yergue este perplejo

		sinsabor de unos muros
para la luz cansancio,
para la sed derrota,

		calumnia del rocío?

		
Desplegaba la tarde sus desdenes
en el ocre frenético, en el 
		cisma
de un sol de labios húmedos,
de un hondo respirar que el 
		sueño oprime,

		
y el invicto deseo
golpeaba los vidrios
de aquella luna, cima

		de la desolación,
hierro concreto y linde
donde el pájaro abate

		todo el candor de sus plumas hendidas,
el despliegue inconstante de 
		la rica, la grácil
persecución de un pecho
donde anidan espejos,

		simulacros de un vino
que hace vivir las algas,
las espumas 
		rocosas
donde el beso se extingue
casi con claridad de esperanza o 
		de culmen.

		
Pero el muro no basta
para torcer el curso
de las alas, los 
		labios, las yemas, los cansancios
que fustiga la sangre y recorre el 
		silencio
como una desplegada resplandeciente copa.

		
Beber y hundir los ojos, con las sienes
golpeadas por núbiles 
		enloquecidos potros,
puentes hacia el extremo poniente sin rencores,

		allí donde nos consta,
donde canta el deseo.

		


		V
El 
		deseo es un agua
retenida en los ojos,
resbalada en los labios

		que en la sombra sugieren
lentas lunas amargas,
fulguración y 
		súplica y suplicio,
dura omisión de resplandor silvestre,

		terrestre, con escamas como días,
como fechas impuestas a los súbitos

		relámpagos insomnes, a la carne
que sabe cierto el límite y el 
		trémulo
deshacerse en la luz que así la nutre,
incorporarse a un 
		borde sin semillas.

		
El deseo es un agua que persigue
álamos blancos, valles y 
		riberas,
un horizonte despejado y quieto,

		
alma región luciente donde fluye
una canción con labios que la 
		dicen,
nutritiva plegaria, cuerpo solo
en que arder y vivir fueran 
		la dicha,
el gozo, el vuelo, el silbo, el aire, el sol.
20.

Hacia las cumbres iba...

Primer 
		acorde. Alhambra

		
Hacia las cumbres iba,
hacia las verdes cumbres, su deseo.

		Allí aprendió que la melancolía,
cuerpo lento del tiempo,
cuerpo 
		del agua frágil detenida
en los vasos secretos,
a conformar 
		empieza la memoria. 
		

Lleno de suaves algas y de pétalos
sumergidos, de platas 
		indecisas
y de leves luceros,
allí esperó que la frescura nítida

		y los blandos oreos
condujesen su sed, su amor, su dicha 
		
sin nombre hasta los cielos,
las visiones perfectas, la precisa

		iniciación del vuelo
y supo allí que la belleza efímera
es de toda 
		verdad fuente y espejo.
21.

Idilio

Dicen todos: Ellos son,
ellos cantan, ellos miran
la aurora de las 
		acequias,
el ruiseñor que origina
tristezas de amor, extrañas
y 
		suaves melancolías.
¡Cuánta flor han deshojado,
cuánta mirada 
		cautiva,
cuánto encaje de hilo limpio,
cuánto beso sobre el día

		que como un pozo de brasas
se enciende y los aniquila!

		
...no son ellos; ya no son
más que tórtola en la encina,
más 
		que el agua del venero,
más que la flor de alegría,
más que una 
		vara de nardos
llameante a maravilla,
el torso bello y desnudo,

		la boca que les destila
ámbares, rosas, jazmines
y una palabra no 
		dicha,
palabra sola que son,
amor, amor... Y la brisa
los 
		lleva, blancos y puros,
los lleva a las altas cimas,
los lleva a 
		las luces ebrias,
hacia las estrellas fijas...

Versos y pensamientos de Antonio Carvajal

4 citas
« Es el pagaros gloria tan subida / que cuanto más os pago, más os debo. »
Antonio Carvajal · A ti, siempre alegría
« A veces el / amor tiene caricias »
Antonio Carvajal · A
« Una / tristeza dulce y anterior »
Antonio Carvajal · Aldaba de noviembre
« Amor mío / te ofrezco mi cabeza en un plato: »
Antonio Carvajal · Amor mío te ofrezco mi cabeza en un plato...
Biblioteca poética

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