« El crepitar / de unas ramas de olivo »
Antonio Cabrera · Amor fati
Biografía y amplia selección de poemas de Antonio Cabrera. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Antonio Cabrera. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
El crepitar
de unas ramas de olivo
que se queman sin prisa tras la poda,
el ímpetu del pájaro en el cielo,
su timidez en el arbusto, el áspero
zarzal y la humareda
me están pidiendo
una confirmación, su debido registro
entre lo que sucede.
Necesitan
el sí callado que he de darles
para poder hacer en su existencia
un hueco a mi existencia muda.
Comprendo que se trata
-como en el lazo entre la flor y el día-
de un destino recíproco,
de un mutuo ser en lo que es, sin más.
(Ninguna plenitud,
tampoco, aún, ninguna pérdida.)
Acepto estar aquí, y estar mirando
estas cosas sin cifra.
Acepto, juzgo, doy
al aire
el mismo aire
que me sustenta a mí.
De "Con
el aire" 2004
A menudo me observo y aprecio en mí tu falta, un vacío que borra mi relieve, que pacta con los días esta paz anodina. Entonces, nada pienso, nada sé. Te llamo alma, con un cuidado extremo. y escojo esta palabra para hacerte presente, para magnificar tu ausencia entre las cosas que han brillado en el centro de otras cosas menores y me ofrecen ahora su palidez, la cera derrotada de lo que tuvo vida. Son las horas sin luz, los días sin asombro ni memoria, tiempo impávido, cuando las únicas noticias de mí son estos pobres mensajes de mi cuerpo, el que todo lo ignora, ese tibio volumen que avanza y parpadea cargado con la necia metafísica de su respiración. De "En la estación perpetua" 2000
He anotado esta idea: El silencio no existe. La he descubierto en mí mientras miraba unas fotografías que alguien tomó en un paisaje nórdico. Podía ver en ellas la rara condición de una llanura en soledad, y en soledad también un poste ensimismado y un asfalto remoto. Bajo la luz raptada, parecía que estuvieran presentes en su abandono estricto, en el légamo claro de cuando nadie mira. El silencio no existe. ¿Cómo podría haberlo si todo tiene vibración y luce y restalla por dentro más allá de su apariencia muda? En donde estemos ¿no escuchamos siempre su murmullo o su pálpito? El silencio no existe. (Noto cómo la idea extrae de mí las líneas de un sentido, y busca su espesor, y al mismo tiempo apunta al blanco en sombra donde está su verdad.) Quizá silencio es sólo un nombre, un nombre acostumbrado aunque inexacto, una palabra errónea que habla, en realidad, del sonido terrestre que está perdido en un espacio ajeno y despoblado donde nadie lo escucha. El silencio no existe. (La idea ya es un dardo que está cruzando el aire. Su vuelo es pensamiento. Mis palabras lo empujan y lo frenan.) De "Con el aire" 2004
Yo decía palabras y escuchaba
las que a mí me decían.
Mientras,
inadvertidamente,
se iba alimentando la mañana
con el néctar de luz de los almendros
hasta forjar
una callada majestad: el día.
Yo hablaba y los demás hablaban,
y las palabras nuestras
fueron un manto tenue
que hacía resbalar
aquella limpia miel, aquella albura,
hacia los bordes
de la conversaci6n,
y en borrada existencia la perdían.
Puedo saber que la perdían
porque la escena
llega completa en lo evocado,
y veo en mi memoria
cómo se erigen firmes a nuestro alrededor
aquellas llamas blancas de febrero.
Se erigen
extrañamente firmes.
¿Dónde estaban entonces,
si no estaban ocultas?
¿En dónde respirábamos nosotros?
Yo paseaba atento a cuanto me decían
pero expulsado
a confines sin luz que ahora, al verme
en el recuerdo, sé que no existieron.
¿Qué había en las palabras
y qué fuera de ellas?
La insistencia del mundo.
Aquella vez
estuvo sostenida
sobre rotundas flores invernales.
En la diafanidad resplandecían.
De las sílabas ciegas que dijimos
fueron eco inaudible, un sí y un no libados,
la distancia.
De "Con
el aire" 2004
La estación perpetua El invierno se fue. ¿Qué habré perdido? ¿Qué desapareció, con él, de mi conciencia? (Esta preocupación -seguramente absurda- por conocer aquello que nos huye, me obliga a convertir el aire frío en pensado cristal sobre mi piel pensada, y a convertir la gloria entristecida de los húmedos días invernales en la imposible luz que su concepto irradia; esta preocupación, en fin, tiene la culpa -y qué confuso y dulce me parece- de que duerman en mí los árboles dormidos.) El invierno se fue, pero nada se lleva. Me queda siempre la estación perpetua: mi mente repetida y sola. De "En la estación perpetua" 2000
Está junto a una fuente. No es secreto. Un barranco con zarzas, con aliagas, con rosales silvestres, con adelfas. Es un espacio donde el tiempo esculpe un bronce vegetal exacto y limpio. A ese lugar retornan por abril los ruiseñores, y abren de inmediato en la floresta su diálogo nocturno sobre intactas verdades misteriosas, en un idioma lleno de razones que son un raro compromiso y son al mismo tiempo hipnosis y soberbia. No he vuelto a ese lugar. Lo guardé un día en el firme paisaje de mi mente donde el cielo pensado está cubriendo la misma luz difícil, el prodigio de la fidelidad que lo impalpable a veces establece con lo grávido, con lo real, con lo que el aire mueve. Allí también puedo escuchar el canto, la conjetura ardiente que medito. De "Con el aire" 2004
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« A menudo me observo / y aprecio en mí tu falta, »
« He anotado esta idea: El silencio no existe. / La he descubierto en mí mientras miraba »
« Yo decía palabras y escuchaba / las que a mí me decían. »
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