« Dadme un espeso corazón de / barro, »
Ángela Figuera Aymerich · Belleza cruel
Biografía y amplia selección de poemas de Ángela Figuera Aymerich. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Ángela Figuera Aymerich. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Dadme un espeso corazón de barro, dadme unos ojos de diamante enjuto, boca de amianto, congeladas venas, duras espaldas que acaricie el aire. Quiero dormir a gusto cada noche. Quiero cantar a estilo de jilguero. Quiero vivir y amar sin que me pese ese saber y oír y darme cuenta; este mirar a diario de hito en hito todo el revés atroz de la medalla. Quiero reír al sol sin que me asombre que este existir de balde, sobreviva, con tanta muerte suelta por las calles. Quiero cruzar alegre entre la gente sin que me cause miedo la mirada de los que labran tierra golpe a golpe, de los que roen tiempo palmo a palmo, de los que llenan pozos gota a gota. Porque es lo cierto que me da vergüenza, que se me para el pulso y la sonrisa cuando contemplo el rostro y el vestido de tantos hombres con el mido al hombro, de tantos hombres con el hambre a cuestas, de tantas frentes con la piel quemada por la escondida rabia de la sangre. Porque es lo cierto que me asusta verme las manos limpias persiguiendo a tontas mis mariposas de papel o versos. Porque es lo cierto que empecé cantando para poner a salvo mis juguetes, pero ahora estoy aquí mordiendo el polvo, y me confieso y pido a los que pasan que me perdonen pronto tantas cosas. Que me perdonen esta miel tan dulce sobre los labios, y el silencio noble de mis almohadas, y mi Dios tan fácil y este llorar con arte y preceptiva penas de quita y pon prefabricadas. Que me perdonen todos este lujo, este tremendo lujo de ir hallando tanta belleza en tierra, mar y cielo, tanta belleza devorada a solas, tanta belleza cruel, tanta belleza.
Yo no iba sola entonces. Iba llena de ti y de mí. Colmada, verdecida, me erguía como grávida montaña de tierra fértil donde la simiente se esponja y apresura para el brote. Era mi carne, tensa y ahuecada, nido cerrado que abrigaba el vuelo de un ala sin plumón y con grillete: casi cristal y casi sueño. Tierna. Iba llena de gracia por los días desde la anunciación hasta la rosa. Pero ellos no podían, ciego, brutos, respetar el portento. Rugieron. Embistieron encrespados. Lanzaron sobre mí y mi contenido un huracán de rayos y metralla. Del más bello horizonte, del más puro cielo de otoño vomitaron lluvia de ciegos mecanismos destructores que desataban sobre el cauce seco del callejero asfalto sorprendido los ríos de la sangre. (...) Noches de sueño incierto, triturado por la tremenda sinfonía del frente en erupción y los caballos del miedo galopando en explosivos. Y la sangre con hambre que se exprime hasta la última esencia para nutrir al hijo sazonándose. Y la desnuda soledad del cuerpo, desorientado, desgajado en vivo del cuerpo del amante. Aquellas noches del pavor sin luces, apelmazadas de odios y de ruinas, yo te esperaba. Me llegaste a veces. Del último bisel de la tragedia, del borde mismo de la hirviente sima venías hasta mí. Me contemplabas con unos ojos llenos de agua sucia donde asomaban rostros de cadáveres. Ojos que procuraban ser risueños y mansos al pasar por mi figura y acariciar con luces de esperanza la curva de mi vientre. ¡Con qué exaltada fuerza, con qué prisa, con qué vibrar de nervios y raíces nos quisimos entonces! Yacíamos unidos, sin lujuria, absortos en el hondo tableteo de nuestros corazones. Escuchando de vez en vez el tímido latido del otro corazón encarcelado que ya, para nosotros, gorjeaba. Yo sonreía señalando el sitio en que un talón menudo percutía mis íntimas paredes en un ansia gozosa de correr por los senderos apenas presentidos. Y, en medio del olvido refrescante, en lo mejor del conseguido sueño, surgía denso, alucinante, bronco, el bélico zumbar de la escuadrilla. Bramando, sacudiendo, despeñándose, atropellándose los ecos iban las explosiones avanzando, cada vez más cercanas, hasta que, al fin, la muerte en torrentera, en avalancha loca, trascurría sobre nuestras cabezas sin refugio. Entonces tú, imperioso, dominante, con un impulso elemental de macho que guarda la nidada, con un gesto ardiente y violento como el acto de la amorosa posesión, cubrías mi cuerpo con tu cuerpo enteramente, haciendo de tus largos huesos duros, de tu apretada carne exacerbada, un ilusorio escudo indestructible para el hijo y la madre. Así, unidas las bocas, trasvasándonos el tembloroso aliento, diluidos en éxtasis de espanto y de delicia, las almas contraídas, esperábamos... No. Nunca nos quisimos como entonces.
Entre las cañas tendida; sola y perdida en las cañas. ¿Quién me cerraba los ojos, que, solos, se me cerraban? ¿Quién me sorbía en los labios zumo de miel sin palabras? ¿Quién me derribó y me tuvo sola y perdida en las cañas? ¿Quién me apuñaló con besos el ave de la garganta? ¿Quién me estremeció los senos con tacto de tierra y ascua? ¿Qué toro embistió en el ruedo de mi cintura cerrada? ¿Quién me esponjó las caderas con levadura de ansias? ¿Qué piedra de eternidad me hincaron en las entrañas? ¿Quién me desató la sangre que así se me derramaba? ...Aquella tarde de Julio, sola y perdida en las cañas.
Ola cuajada en la piedra con espuma de romero, hasta tu desnuda cima me has levantado sin vuelo. Sobre tu lomo clavada -mástil sin vela en el viento- de un horizonte redondo soy matemático centro. Ocres, amarillos, verdes, me enredan los pensamientos... -pinos, tierra; tierra, pinos; Duero, chopos; chopos, Duero-. El aire me hace sorber tragos de frío silencio. El péndulo de la tarde me bate lento en el pecho. El grito de un ave avanza, hélice de agudo acero: manos y boca me sangran sólo de intentar cogerlo.
Cuando nace un hombre siempre es amanecer aunque en la alcoba la noche pinte negros cristales. Cuando nace un hombre hay un olor a pan recién cocido por los pasillos de la casa; en las paredes, los paisajes huelen a mar y a hierba fresca y los abuelos del retrato vuelven la cara y se sonríen. Cuando nace un hombre florecen rosas imprevistas en el jarrón de la consola y aquellos pájaros bordados en los cojines de la sala silban y cantan como locos. Cuando nace un hombre todos los muertos de su sangre llegan a verle y se comprueban en el contorno de su boca. Cuando nace un hombre hay una estrella detenida al mismo borde del tejado y en un lejano monte o risco brota un hilillo de agua nueva. Cuando nace un hombre todas las madres de este mundo sienten calor en su regazo y hasta los labios de las vírgenes llega un sabor a miel y a beso. Cuando nace un hombre de los varones brotan chispas, los viejos ponen ojos graves y los muchachos atestiguan el fuego alegre de sus venas. Cuando nace un hombre todos tenemos un hermano.
Si un niño agoniza, poco a poco, en silencio, con el vientre abombado y la cara de greda. Si un bello adolescente se suicida una noche tan sólo porque el alma le pesa demasiado. Si una madre maldice soplando las cenizas. Si un soldado cansado se orina en una iglesia a los pies de una Virgen degollada, sin Hijo. Si un sabio halla la fórmula que aniquile de un golpe dos millones de hombres del color elegido. Si las hembras rehuyen el parir. Si los viejos a hurtadillas codician a los guapos muchachos. Si los lobos consiguen mantenerse robustos consumiendo la sangre que la tierra no empapa. Si la cárcel, si el miedo, si la tisis, si el hambre. Es terrible, terrible. Pero yo, ¿qué he de hacerle? Yo no tengo la culpa. Ni tú, amigo, tampoco. Somos gente honrada. Hasta vamos a misa. Trabajamos. Dormimos. Y así vamos tirando. Además, ya es sabido. Dios dispone las cosas. Y nos vamos al cine. O a tomar un tranvía.
Vaso me hiciste, hermético alfarero, y diste a mi oquedad las dimensiones que sirven a la alquimia de la carne. Vaso me hiciste, recipiente vivo para la forma un día diseñada por el secreto ritmo de tus manos. «Hágase en mí», repuse. Y te bendije con labios obedientes al destino. ¿Por qué, después, me robas y defraudas? Libre el varón camina por los días. Sus recias piernas nunca soportaron esa tremenda gravidez del fruto. Liso y escueto entre ágiles caderas su vientre no conoce pesadumbre. Sólo un instante, furia y goce, olvida por mí su altiva soledad de macho; libérase a sí mismo y me encadena al ritmo y servidumbre de la especie. Cuán hondamente exprimo, laborando con células y fibras, con mis órganos más íntimos, vitales dulcedumbres de mi profundo ser, día tras día. Hácese el hijo en mí. ¿Y han de llamarle hijo del Hombre cuando, fieramente, con decisiva urgencia me desgarra para moverse vivo entre las cosas? Mío es el hijo en mí y en él me aumento. Su corazón prosigue mi latido. Saben a mí sus lágrimas primeras. su risa es aprendida de mis labios. y esa humedad caliente que lo envuelve es la temperatura de mi entraña. ¿Por qué, Señor, me lo arrebatas luego? ¿Por qué me crece ajeno, desprendido, como amputado miembro, como rama desconectada del nutricio tronco? En vano mi ternura lo persigue queriéndolo ablandar, disminuyéndolo. Alto se yergue. duro se condensa. Su frente sobrepasa mi estatura, y ese pulido azul de sus pupilas que en un rincón de mí cuajó su brillo me mira desde lejos, olvidando. Apenas sí las yemas de mis dedos aciertan a seguir por sus mejillas aquella suave curva que, al beberme, formaba con la curva de mis senos dulcísima tangencia.
Yo pasaré y apenas habré sido, -frágil destino de mi pobre arcilla-. Hijo, cuando yo no exista, tú serás mi carne, viva. Verso, cuando yo no hable, tú, mi palabra inextinta.
Sí, también yo quisiera ser palabra desnuda. Ser un ala sin plumas en un cielo sin aire. Ser un oro sin peso, un soñar sin raíces, un sonido sin nadie... Pero mis versos nacen redondos como frutos, envueltos en la pulpa caliente de mi carne.
« Dadme un espeso corazón de / barro, »
« Yo no iba sola entonces. / Iba llena »
« Entre las cañas tendida; / sola y perdida en las cañas. »
« Ola cuajada en la piedra / con espuma de romero, »
Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: