Poesía Universal

Ángel Cruchaga

Biografía y amplia selección de poemas de Ángel Cruchaga. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Ángel Cruchaga. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Ángel Cruchaga

10 poemas seleccionados
1.

Acacia

Converso 
		con la acacia
que está florida como un mar de espuma.
¿Por qué, 
		poeta, no me ven tus ojos
que ayer me presentían en el llanto?

		Para no lastimarla es mi voz suave.
La miro ahora desde el fin del 
		mundo,
desde el árbol primero de la tierra.
La miro ahora desde el 
		alto día
en que se abrieron todos los retoños
en el arco del cielo 
		resonante.
Vivo más allá del sufrimiento.
Hasta el amor se me 
		trizó en los ojos,
y me vistió de lentas golondrinas.
Converso con 
		la acacia
-racimo de marfil, vaso de lumbre-
y detrás de mis 
		hombros amanece
el signo teologal de la esperanza
y hay un rumor 
		de cera que desciende
de las dulces pestañas de las manos.
2.

Adoración

Este mi 
		amor no puede volverse un alarido.
A veces en él siento fragancias de 
		ceniza.
Así en el mediodía se quemarán los trigos.
¡Yo no puedo 
		llorar a Dios como las islas!


		Atraviesas 
		mi orgullo flameando tan cercana
que me emociono como si yo fuera 
		algo tuyo,
pulsera de tu mano, collar de tu garganta,
y lloro 
		contemplando tus pestañas de humo.
3.

Amada mía

Amada mía, 
		amada en tiempos del primer arco iris
o allá en la creación junto a 
		las primeras alas.


		Desde la 
		sangre de mi madre hacia ti vuelvo mi rostro.
Las abejas de mis 
		almendros vuelan en torno de tus ojos.


		Mi 
		corazón, saeta gastada de noche en el cielo
atraviesa la paloma del 
		día para borrarse en tu voz.


		Alargas en 
		tus ojos los hondos paralelos
mientras la mañana se eleva de tus 
		brazos.


		Te llevaré 
		en la ola de mis venas
así como el cielo lleva su largo temblor de 
		pájaros.


		La tierra 
		gira, mi amiga, en un rincón de tus ojos.
El viento distancia 
		estrellas detrás de tu cabellera.
4.

Cuando cierro los ojos yo sé que me quisiste...

Cuando 
		cierro los ojos yo sé que me quisiste.
Hasta mi sombra llegan tus 
		ondeadas pestañas.
Vienes en un temblor maravillado y triste
y sin 
		mirar mi muerte ríes y me acompañas.


		Yo besaré 
		las rosas que perfuman los muros
de mi casa tranquila. Sorberé la 
		belleza
de vetustas ciudades en horizontes puros.
¡Seré como un 
		panal que llora su tristeza!


		Antes de 
		que vinieras era el mundo un sollozo;
en sus redes de plomo me 
		envolvió el sufrimiento.
Iba por los senderos sin hallar el reposo

		cuando te acercaste besándome en el viento.


		La gracia 
		de tu cuerpo, tu hermosa cabellera
viven en mí: los besa mi sangre 
		agradecida.
Algo tuyo hasta Dios iría si muriera.
Mirándome a los 
		ojos has honrado mi vida.


		Yo sé que 
		me quisiste. Aunque Saturno tienda
sus redes sobre el mundo no besará 
		el latido
que abrió mi corazón cuando vino tu senda.
¡Toda la 
		eternidad estaré conmovido!
5.

Cuerpo de la mujer, claro como un sollozo...

Cuerpo de 
		la mujer, claro como un sollozo
que fulgura en la noche de granates 
		dormidos,
zona de la esperanza, reseda del reposo,
hacia tus 
		brazos van trémulos los sentidos.


		Cuerpo de 
		la mujer, país de la alegría
que adivinamos con un deleite jocundo

		desde tus hombros sube su marejada el día
y de ola en ola crea cada 
		mañana el mundo.


		Cuerpo de 
		la mujer, leche y luz en las venas;
aureola del tiempo, visión de las 
		escenas
del pasado, de hoy... tú sabes sonreír.


		En ti 
		cantan los árboles, los arroyos, las rosas.
Como el paso de un niño 
		maravillas las cosas.
¡Y si eras como Dios no debieras morir!
6.

Cúpula

Es mi 
		corazón como una cúpula
llena de cantos. Hacia él suspiran
los 
		mares y los ríos de este mundo.
Y todo este vibrar se vuelve al cielo

		como en las alas de un arcángel hondo.
Me siento perfumado como un 
		fruto
por la desgracia; pero siempre llevo
la música y la miel de 
		mis abejas.


		Yo sé que 
		ni el amor consolaría
este duelo solemne de mi sangre.
¡El que ha 
		volado mucho ya no puede
ver más que cruces en el horizonte!
7.

El amor junto al mar

En mi 
		silencio azul lleno de barcos
sólo tu rostro vive.
En el mar de la 
		tarde el día duerme.
Eres más bella cuando estoy más triste.


		Tiembla mi 
		amor como una voz antigua
sobre la calma verde.
El sol cantando 
		como los pastores
te dio su melodía hasta la muerte.


		¡Oh tus 
		cabellos en la tarde de ámbar!
Cerca de tu pureza soy más blanco.

		Sé que jamás tu corazón sencillo
latirá en la tristeza de mis manos.


		Eres más 
		bella cuando estoy más triste.
En mi desgracia largamente vivo.

		Soy en el desamor tan desolado
como los continentes sumergidos.


		Tu áurea 
		cabeza brilla
en la tarde sutil soledosa.
¡Pobre mi corazón que 
		está llorando
y hasta su Dios se va como una ola!

		
Más allá de la vida,
triste como una selva abandonada,
miro 
		irse las horas
en las lunas, los pájaros y el agua.

		
Tu corazón sonríe
sin mirar mi fatiga.
¿Te arrancaron los ojos

		en qué calle siniestra de la vida?

		
Yo me iba al futuro
con los brazos abiertos en la luz,
como se 
		van las almas de los muertos...
¡Voy al futuro caminando aún...l

		
Como a un infante solo
te llevé de la mano
por mis sendas 
		dormidas
en un claro perfume de alicanto.

		
En haces de centellas
fulgió mi corazón. ¡No lo miraste!
Más 
		allá de la vida está llorando
como un niño en el seno de su madre.
8.

El canto de los mares solos

Somos la remembranza de la tierra vencida.
Necesitaba Dios 
		nuestro vaivén profundo
que era ritmo en sus venas y en su carne 
		florida
la invencible y eterna melodía del mundo.

		
Nuestro vigor es fuerza de estrellas y raíces.
Los árboles nos 
		dieron sus moribundos bríos.
Soñamos en las claras y enormes 
		cicatrices
que abrían las soberbias quillas de los navíos.

		
Como un collar perdido de piedras fabulosas
las estrellas nos 
		hieren en nuestro sueño esquivo.
Somos la sangre turbia de las 
		difuntas cosas;
el grito gutural del hombre primitivo.

		
En nuestra rebelión de temblores y nervios
el eco de la tierra 
		que se murió podrida.
¡Oh, mástiles sonoros; oh, navíos soberbios

		llevados por los vientos primeros de la vida!

		
¡Qué nuevos argonautas verán el vellocino!
En un dolor horrendo 
		tiemblan nuestros ciclones
queriendo revivir el difunto destino

		que fue sangriento y hosco como un tropel de leones.

		
Sabemos dónde estaban las estrellas, sus rastros
quedaron en 
		nosotros. Con dulzura de abuelo
iremos sobre el agua colocando los 
		astros
que desprendió Jesús con su mano del cielo.

		
Seremos un vigor enorme y tenebroso.
En nuestras olas vibran 
		inmortales tormentas,
la voz del Cristo rueda semejando un sollozo

		lanzado de la cruz hacia los Cuatro vientos.
9.

En el éxtasis

Era tu amor el único digno de tristeza.
Se me volvió una llaga 
		perenne tu belleza.

		
Hoy, para no morir, miro el rostro profundo
de mi madre. Mis ojos 
		sienten llorar el mundo.

		
Y agradezco a mi Dios el momento encantado
en que mi corazón 
		trémulo te ha mirado.

		
Y agradezco a mi Dios que vivas, que respires
cerca de mi 
		quebranto, aunque nunca me mires.

		
Pudo un banal amor encenderme las venas,
pero ellas en el cuerpo 
		se volvieron cadenas.

		
Entregué mis estrellas hasta quedarme exhausto,
y aquella amada 
		nunca comprendió mi holocausto.

		
Tú que estás inundada de cielo y eres clara,
como si eternamente 
		el Cristo te mirara,

		
perfumaste mis siglos, tu claridad me diste.
Era este amor el 
		único digno de hacerme triste.
10.

Es amor

Abeja de 
		mi tarde y de mi muerte,
anticipo del sol, bien de mis ojos,
deja 
		que en tu cruz grabe mi día
como en la gloria de un bajo relieve.

		Ancha de mirra, música de arcángel
en toda latitud tu cuerpo vive,

		como la rueda leve de este mundo
que de los cielos a los mares gira.

		Tú llevas el rocío en las pestañas
y en los cabellos el matiz dorado

		de un caracol que se quedó dormido.
Todo esto es el amor entre 
		retoños,
entre resinas, olas y relámpagos.
Este es el amor que se 
		desprende
como un lento cometa de tus hombros
Éste es el mundo 
		para tu garganta,
erguido ventanal de las palomas.
Ésta es la 
		noche de fulgor de esencia
en donde el mar detiene su caballo.

		Eres la dueña de las golondrinas,
del azahar que atrae al moribundo.

		Tú tienes el vestido de la tierra,
verde y dorado con encajes de 
		agua.
Si te mueves de súbito, el rocío
moja la tarde porque estás 
		colmada.
Si levantas los brazos inauguras
una grave y doliente 
		geometría.
Dueña del gnomo que embrujó la selva
donde duerme y 
		suspira la avellana.
Para tu hechizo lloran los pastores
en los 
		oteros de marfil y de ámbar.
En ti doblega el día su corola
y tú 
		la meces en tus pulsos finos.
Y si viene la noche con los ojos

		cerrados te adelantas a la muerte.
Entre el cielo y la tierra, 
		detenido
está el amor con túnica de mirra...

Versos y pensamientos de Ángel Cruchaga

4 citas
« con la acacia / que está florida como un mar de espuma. »
Ángel Cruchaga · Acacia
« Este mi / amor no puede volverse un alarido. »
Ángel Cruchaga · Adoración
« Amada mía, / amada en tiempos del primer arco iris »
Ángel Cruchaga · Amada mía
« Cuando / cierro los ojos yo sé que me quisiste. »
Ángel Cruchaga · Cuando cierro los ojos yo sé que me quisiste...
Biblioteca poética

Libros de Ángel Cruchaga recomendados

Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: