Poesía Universal

Ángel Crespo

Biografía y amplia selección de poemas de Ángel Crespo. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

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Biografía y amplia selección de poemas de Ángel Crespo. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

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Lírica y Versos

Poemas de Ángel Crespo

12 poemas seleccionados
1.

Bajo un cielo sin pájaros...

Bajo un cielo sin pájaros
¿qué redención podemos
esperar -o qué 
		canto
suspendernos sabría?

		
Va el sol cayendo, y su cadáver frío
no cruza un ala -y todas las 
		auroras
gritan desde su ayer que no está muerta
la hoja postrera.
                             
		¿Pero en qué paisaje
tiñe de verde, en qué país, al viento?
2.

Con

la siniestra mano


		Concededme, dioses, que escriba
con la siniestra mano, pero no
le 
		concedáis destreza. Que ella sola
se afane en enseñarme, que las 
		líneas

		
que trace sean,
como las rimas, tortuosas;
que una letra pueda 
		leerse,
indiferentemente,
como una alabanza, un vituperio
a 
		vuestros gestos inmortales
de dioses o de diosas;
que los versos 
		inhábil- se entrecrucen

		
como vuestras miradas y silencios;
y, así, tan lentamente


		como vuestras auroras y ocasos,
vaya sumando mundo
esa torpe 
		escritura:
recobrando azul para el cielo
(que no era luz),
y el 
		temblor de las aguas
(del pozo de los pozos), y
en todo, y lo 
		demás, la sed perdida
(en sus cauces nacientes);
y cuando ya mis 
		líneas quiera
enderezarse -ya adiestrada
mi torpe adrede mano-,

		volváis los ojos displicentes
para que yo quiera deciros
no sabré 
		con qué mano.
3.

Cuando

te quedas solo, eres 
		espejo...


		Cuando te quedas solo, eres espejo
de lo que fuiste:
una mañana

		contemplada desde el balcón
entornado; unos pasos
armoniosos que 
		no has seguido
para no derramar tu gozo;
unas cuantas palabras

		que te cambiaron más que el tiempo;
una mirada que se ahogó
como 
		luz en tus venas;
un viaje que nunca querías
terminar; tu alma 
		ausente
de lo que te esperaba
al quedarte tan solo.
4.

El muro

El peregrino llega junto al muro,

		ya sin aliento, apoya el él las manos

		y la frente, buscando refrigerio:

		

		mas pronto las aparta, que unas manos

		y una encendida frente

		lo sostienen del otro lado.
5.

El viento se ha quedado quieto...

El viento se ha quedado quieto
cabe las ramas, y me acecha
con 
		ojos encendidos.
¿Qué me recuerda -o me recuerdas-? No
sabría 
		adivinarlo.
                              
		Y caen las hojas
que consume la hoguera.
6.

El pedregal

¿Son alas deshojadas, huesos, tristes
restos de algún naufragio,

		trances sin nombre,
tiempo derrumbado
-o no son más que piedras?

		Detrás de ellas habrá un paisaje abierto
o soledad tan sólo;
habrá 
		un vuelo, un tumulto acre de plumas,
un fragor de olas contra el 
		casco vivo,
o una muralla, por la que pasean
centinelas y brumas

		y el mediodía se alzará lo mismo
que una rama que crece.

		
O tal vez no.

Me paro junto a este
pedregal: no me atrevo

		a dar un paso más
hacia lo que me engaña revelándose.
7.

El tedio

El 
		tedio a veces es como el amor;
mana de las cavernas
del pecho, se 
		dilata,
atraviesa la estancia y los cristales
y se difunde hasta 
		perderse
de vista.
Y, barnizado
con su color distinto,
es 
		más íntimo el mundo.
8.

El tiempo se ha posado como un pájaro...

El tiempo se ha posado como un pájaro

		peregrino y cansado

		a la sombra que doy. Ave de alas 

		abiertas y caídas

		ahora, la cabeza inclina, y abre

		el curvo pico, ya ciega a la luz

		que ahora no mueve rayos.

		Igual que un agua que se remansara

		cuando, al formar cascada, está cayendo,

		o como llama que de arder dejase

		al unirse a otra llama, o como aire

		que cesa de moverse a medio viento,

		así el tiempo, a mitad

		de sí mismo, pretende que yo aprenda

		a eternizarme -y que me pare un punto

		a la sombra que da bajo mi sombra.
9.

En esta lluvia

Os palpé en esta lluvia,
no en el aire,
sino en la tierra, tras 
		haber caído
-entre la hierba fría
y caliente, como una boca

		grande y verde que no devora tiempos:
mis manos ahora huelen
a 
		aceite de podrido
y lujuriante azahar (mis dedos,
ya planetas del 
		árbol)
y también a una axila rosa
y al escozor de un vientre
no 
		virgen, tras la lluvia.


		Estabais 
		allí tras el agua
-o sea, allí en la lluvia-
como jugando a ser 
		espejos
más que su fibra ambigua,


		pero era 
		vuestro el aire.
10.

Iban mirándome al pasar

En una cueva de un monte lejano
me refugié. Y era de día
y cantaba 
		el agua en el agua
y el aire soñaba en el aire.

		
Me refugié para no huirme
y no encontrarme. Era de noche
y el 
		monte aquel era de luz.

		
Nunca supe de procesiones
como aquéllas: vestían clámides

		transparentes, sin fibras, iban
mirándome al pasar.

		
Lo que no tiene fin no se posee
ni nos posee: las miradas,

		suyas y mías, eran formas
de otra forma de amor.

		
No hay dioses muertos si son dioses,
ni aquella cueva, ni aquel 
		monte,
ni aquella luz, ni clámides
sin fimbrias, pues abrí
los 
		ojos, y hasta el pecho
surgió el río del río.
11.

Ignorancia

de otoño


		Para ignorar, hay que vivir.
Las manos ya se niegan
al testimonio 
		de los días
y las noches paradas.

		
Maduras
pero todavía no asoman,
amargos, los gajos abiertos

		que oculta tu temor.
Aún no ignoras bastante.
Temes el vuelo de 
		ese pájaro
obstinado.
¿Transcurren, pues, las estaciones
o eres 
		tú, tan absorto, el tiempo?


		Sabes ya 
		que la lluvia
no importa, que nada vale el plazo
de la espera.
                         
		Lo sabes
e ignorar es el alimento
del hombre -el de esta brisa

		que no se sabe aire.
12.

Jardín de Turena

La joven se sentó en la hierba,

		se desnudó los pies

		y amaneció más allá de la aurora.

Versos y pensamientos de Ángel Crespo

4 citas
« Bajo un cielo sin pájaros / ¿qué redención podemos »
Ángel Crespo · Bajo un cielo sin pájaros...
« la siniestra mano / Concededme, dioses, que escriba »
Ángel Crespo · Con
« Cuando te quedas solo, eres espejo / de lo que fuiste: »
Ángel Crespo · Cuando
« El peregrino llega junto al muro, / ya sin aliento, apoya el él las manos »
Ángel Crespo · El muro
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