Ángel Augier

Biografía y amplia selección de poemas de Ángel Augier. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica. Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Antología lírica (6 poemas seleccionados)

A la luz de tu sombra conmovida...

A la luz de tu
sombra conmovida
deja de escuchar a tantas voces tuyas,
me quedaré
desnudo de silencio
cuando me des tu intimidad desnuda.

Los recuerdos que corren por tu sangre
Te han dejado fragante de
ternura,
Fuerte eternidad estremecida
Y el color secular que te
circunda.

La nostalgia se sube a tus arcadas
Para soñar el sol su ansia madura;

Mientras las ramas verdes te acarician
En el temblor henchido por la
lluvia.

Para las sombras de tus corredores
Son mis palabras como sombras
mudas
Que quieren saturarse de tus ecos
Y saturan tu paz de albas
futuras.

Soneto al
patio del Palacio Municipal de La Habana, 1937

Ángel Augier

Ansiedad

Esta
flor mía, viva luz sin reflejo,
ahogada en ella misma,
bebiéndose a mi
sombra su más íntima savia,
su perfume más puro,
sintiendo en cada
pétalo, la clausura del aire
y el secuestro del agua, de la nube, del
árbol...

Esta flor mía, encendida, consumiéndose sola,
muerta en su propia
música,
apretada en su tallo, quebrado ya de angustia;
quemándose a sí
misma,
en tanto que la tierra desnuda su ternura
y es más ancha la
vida,

y el canto,

y la mañana...

Ángel Augier

Cuba

Cuba, flotante línea suspendida
en la punta del agua sin sosiego;

llama en el centro de su propio fuego,
roja al viento la túnica
encendida.

Cuba, de amor extiendes tu medida
y la sombra sepulta su astro
ciego:

tu sangre, ardiente luz, es dulce riego
para alzar el tamaño de la
vida.

Marítima y frutal, solar y sola,
las olas que establecen tu
corola

forman, Cuba, coraza a tu alegría.

Y en tu carrera de canción y
espuma

deslumbra a la mirada entre la bruma
el fulgor con que en ti florece
el día.

Ángel Augier

El mar

Se ha caído al suelo el Mar. Difícil
recogerlo, alzarlo, ayudarle.

La masa espesa se mece y se deshace en espuma,
en olas; se contrae y
distiende, se agita y calma,

se enfurece y desborda como en inútil esfuerzo por levantarse.
La
espesa masa no descansa: moja, hunde, ahoga;

su corrosivo hálito de salitre, esa onda salada y húmeda,
está ahí
siempre incansable, y el espumoso oleaje de gelatina,

azogue, agua. Se ha caído al suelo el Mar.
Y es difícil asirlo,
levantarlo.

Quizás sea preferible dejarlo donde está,
hasta que pueda alzarse
por sí solo.

O hasta cuando lentamente se deseque por cansancio.
O por
aburrimiento.

Ángel Augier

Isla

en el tacto

I
Cosida al mar y al viento por puntuadas olas

a puro sol prendida,
tu perfil, isla mía, tu contorno en el agua

con tu constante litoral dibujas
revuelto hacia la luz y hacia la espuma,

hacia el húmedo mundo clamoroso
donde pierden la tierra y el árbol
sus fronteras,
donde encuentra el azul su razón en los mapas
y se
disuelve en sal la geografía.

II
Soledad por tu sol y por tu ola:
isla sola: sol y ola

confundidos ciñendo, acariciándote
la piel mulata de la costa,
la
femenina piel, fragante de tabaco,
y la piel de la playa,
cálida y
temblorosa con su arena de azúcar.

III
En ti misma comienza y se reanuda
la línea en movimiento de
tus bordes inmóviles,
ese voluptuoso

límite que recorre tu dimensión exacta
y aprieta con su júbilo
tu
verde desnudez estremecida.
En ti nace y renace,
ondulante rodeando tu
náutica estructura,
esa inundada sombra flotadora,
esa flotante sombra
sumergida
que marca tu presencia
en el sitio preciso donde el agua

seca las vestiduras de su viaje marítimo
y se detiene el aire para lavar
su túnica.

IV
Isla mía, resonante,
naviera y vegetal a la deriva.

Cañaveral velamen
extendido de líquida, musical transparencia.
Sonora
y descubierta caracola
de sol y mar y viento traspasada.
Palmar de
verdes puntas de sonidos
del aire dueño y de la enredadera.
Amo y
recorro al tacto
tu ámbito circundado de acústica intemperie,
tu
ámbito en que despliega
la luz de su canción el oleaje.
Ola en la luz,
luz rota en la ola:
Ola, ala de sal que interminable vuela en tu cielo
terrestre;
luz, ala de sol que cubre tu dimensión celeste.
Ola y luz
en una única canción
que sin cesar afila su fragancia
en los clamores
de los arrecifes.

V
Desde todos sus pétalos la rosa de los vientos
desde todas sus
hojas
olas de verdeazul lanza cada segundo
sobre tu acantilado relieve
de desnuda
y abierta geometría.
Desde qué edad remota, desde qué día
sin año,
isla mía sonora,
ya en su oficio sin pausa lanza la rosa
insomne
olas prefabricadas, en serie, arquitectónicas,
con sus crestas
perfectas, con su lote de espumas,
con su rumor secreto de amante
silencioso,
con su clamor de enfurecido amante,
con su caricia apenas
insinuada,
con su látigo sordo, su lenta cuchillada, su constante
golpear,
ese ceñir sin tregua con sus líquidas manos,
con sus dedos de
espumas
la extensión que se alarga, se cierra, se despliega,
la
extensión que está anclada
en su firme frontera submarina,
esa
incansable, ciega, salvaje, tierna, dominante costumbre
de no cesar de no
cesar de no cesar
en el ardiente ceñir de tu collar de olas.

Ángel Augier

No te voy a decir...

No te voy a decir
que quiero ser la arena
que tus pies desnudos
acaricie,
ni los rayos del sol que bajen jubilosos
a dorar más aún

la fina miel que forma tu epidermis,
ni el agua que la abrace con su
espuma
ni el viento que la bese
y agite sus cabellos.

Sólo quiero pedirte que no dejes
que el beso y la caricia
de la
arena y las olas,
de la luz y del aire,
destruyan la huellas de los
míos
ni mi recuerdo que te sigue
como muda presencia inevitable.

Ángel Augier

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