« «Un poco antes de medianoche cerca del desembarcadero. / «Si una mujer »
André Breton
André Breton es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras com...
Vida
André Breton es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.
Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.
Poemas de André Breton
1.
A la mirada de las divinidades
A la mirada de las divinidades
«Un poco antes de medianoche cerca del desembarcadero.
«Si una mujer
desmelenada te sigue no te preocupes.
«Es el azul. No tienes que temer
nada del azul.
«Habrá un gran jarro claro en un árbol.
«El campanario
del pueblo de los colores disipados
«Te servirá de punto de referencia.
Tómate el tiempo,
«Recuérdalo. El oscuro geyser que lanza al cielo los
brotes
de helecho
«Te saluda.»
La carta sellada de los tres ángulos de un pez
Pasaba ahora entre la luz
de los suburbios
Como una enseña de domador.
Y al permanecer
La bella, la víctima, la que se llamaba
En el barrio
la pequeña pirámide de reseda
Se descosía para ella sola una nube
semejante
A un saquito de piedad.
Más tarde la blanca armadura
Que vacaba de los cuidados domésticos y
demás
Tomando a sus anchas más fuerte que nunca
Al niño en la concha,
el que debía ser...
Pero silencio.
Un brasero daba ya presa
En su seno a una encantadora novela de capa
Y
espada.
En el puente, a la misma hora,
Así se entretenía el rocío con cabeza de
gata.
Con la noche, se perderían las ilusiones.
He aquí a los blancos Padres que regresan de las vísperas
Con la
inmensa llave por encima de ellos suspendida.
He aquí a los grises
heraldos, por fin he aquí su carta
O su labio: mi corazón es un cuclillo
para Dios.
Pero del tiempo que habla, no queda más que un muro
Golpeando en una
tumba como un velo podrido.
La eternidad busca un reloj de pulsera
Un
poco antes de medianoche cerca del desembarcadero.
Versión de
Manuel Álvarez Ortega
2.
Amor apergaminado
Amor apergaminado
Cuando las ventanas, lo mismo que la mirada del chacal y el deseo, taladran la aurora, unas cabrias de seda me levantan sobre las pasarelas del suburbio. Llamo entonces a una muchacha que sueña en la casita dorada; se une a mí sobre el montón de musgo negro y me ofrece sus labios, que son piedras al fondo de un río presuroso. Velados presentimientos descienden los escalones de los edificios. Lo mejor es huir de los grandes cilindros cuando los cazadores cojean en las tierras destempladas. Si se toma un baño en el muaré de las calles, la infancia regresa a la patria, galga gris. El hombre busca su presa por los aires y los frutos se secan entre las rejas de papel rosa, a la sombra de los nombres desmesurados por el olvido. Las alegrías y las penas se esparcen por la ciudad. El oro y el eucalipto, de igual aroma, atacan los sueños. Entre los frenos y los edelweis sombríos reposan formas subterráneas semejantes a corchos de perfumistas. De "Claro de tierra" Versión de Manuel Álvarez Ortega
3.
Cartero cheval
Cartero cheval
Nosotros los pájaros que encantas siempre desde lo alto de esos
belvederes
Y que cada noche no formamos más que una rama florecida de
tus hombros a los brazos de tu carretilla bienamada
Que nos desprendemos
más vivos que centellas de tu muñeca
Somos los suspiros de la estatua de
cristal que se incorpora
cuando el hombre duerme
Y brechas brillantes se abren en su lecho
Brechas por las que pueden percibirse ciervos de cuernos de
coral en un claro del bosque
Y mujeres desnudas en lo profundo de una
mina
Recuerdas te levantabas entonces descendías del tren
Sin una
mirada para la locomotora presa de inmensas raíces barométricas
Que se
queja en la selva virgen con todas sus calderas doloridas
Sus chimeneas
con humo de jacintos y movida por serpientes azules
Te precedíamos
entonces nosotros las plantas sujetas a metamorfosis
Que cada noche
hacíamos signos que el hombre puede sorprender
Mientras su casa se
desploma y se sorprende ante los engranajes singulares
Que busca su lecho
con el corredor y la escalera
La escalera se ramifica indefinidamente
Conduce a una puerta de haces de heno se abre de pronto sobre
una plaza pública
Hecha de dorsos de cisnes una ala abierta para el
pasamano
Gira sobre sí misma como si fuera a morderse
Pero se contenta
con abrir bajo nuestros pasos todos sus escalones
como gavetas
Gavetas de pan gavetas de vino gavetas de jabón gavetas de
espejos
gavetas de escaleras
Gavetas de carne con empuñaduras de cabellos
A la
hora precisa en que millares de patos de Vaucanson
se alisan las plumas
Sin volverte tomabas la llana con que se hacen los
senos
Te sonreíamos nos enlazabas por el talle
Y tomábamos las
actitudes según tu placer
Inmóviles para siempre bajo nuestros párpados
tal como la mujer
gusta de ver al hombre
Después de haber hecho el amor.
De "Le
revolver à cheveux blancs
Versión de César Moro
4.
Dame joyas ahogadas
Dame joyas ahogadas
Dame joyas de ahogadas Dos pesebres Una cola de caballo y una manía de modista Después perdóname No tengo tiempo de respirar Soy un destino La construcción solar me ha retenido hasta ahora Y ahora sólo tengo que dejarme morir Pide el baremo Al trote con el puño cerrado sobre mi cabeza que suena Un fanal en donde se abre una mirada amarilla También se abre el sentimiento Pero las princesas se agarran al aire puro Tengo necesidad de orgullo Y de algunas gotas comunes Para calentar la marmita de las flores enmohecidas Al pie de la escalera Divino pensamiento en el cristal estrellado del cielo azul La expresión de las bañistas es la muerte del lobo Tenme por amiga La amiga de los hogueras y los hurones Te mira en dos veces Lee tus penas Mi remo de palisandro hace cantar tus cabellos...
5.
De "El aire del agua" 1934
De "El aire del agua" 1934
Tus miembros van desplegando a tu alrededor unas sábanas verdes Y el mundo exterior Hecho de puntos No funciona ya las praderas han desteñido los días los campanarios se reúnen Y el Puzzle social Entregó su última combinación Todavía esta mañana esas sábanas fueron apartadas hicieron vela contigo de un lecho prismático En el castillo revuelto del sauce de ojos de lama Para el cual con la cabeza abajo Partí en otro tiempo Sábanas almendra de mi vida Cuando te vas el cobre de Venus Inerva la hoja resbaladiza y sin bordes Tu gran ala líquida Se agita entre el canto de las vidrieras Versión de Manuel Álvarez Ortega
6.
El
El
águila sexual exulta una vez más...
El águila
sexual exulta una vez más va a dorar la tierra
Su ala descendente
Su
ala ascendente agita imperceptiblemente los mangos de
la menta picante
Y el adorable desnudarse del agua
Los días están
contados tan claramente
Que el espejo ha hecho sitio a un entramado de
frondas
No veo del cielo más que una estrella
Alrededor de nosotros
sólo existe la leche describiendo su
elipse
vertiginosa
De donde la blanda intuición de párpados de ágata ojerosa
Se levanta a veces para clavar la punta de su sombrilla en
el fango de la luz eléctrica
Entonces unas extensiones echan el ancla se
despliegan por
el fondo de mi mirada cerrada
Icebergs que irradian los hábitos de los mundos venideros
Nacidos de una
partícula de ti de una partícula desconocida
y
helada que emprende el vuelo
Tu existencia es el ramo gigante que se
escapa de mis brazos
Mal atado abre los muros despliega las escaleras de
las casas
Se deshoja en los escaparates de las calles
Con las noticias
me voy continuamente con las noticias
El diario es ahora de cristal y si
las cartas no llegan ya
Es porque el tren ha sido comido
La gran
incisión de la esmeralda que dio origen al follaje
Está cicatrizada para
siempre los aserraderos de nieve
cegadora
Y las canteras de carne zumban
solas con el primer destello
Invertido en este destello
Adquiero la
huella de la vida y de la muerte
En el aire líquido
De "El
aire del agua" 1934
Versión de Manuel Álvarez Ortega
7.
El Marqués de Sade
El Marqués de Sade
El marqués de Sade ha vuelto a entrar en el volcán en erupción De donde había salido Con sus hermosas manos todavía ornadas de flecos Sus ojos de doncella Y ese permanente razonamiento de sálvese quien pueda Tan exclusivamente suyo Pero desde el salón fosforescente iluminado por lámparas de entrañas Nunca ha cesado de lanzar las órdenes misteriosas Que abren una brecha en la noche moral Por esa brecha veo Las grandes sombras crujientes la vieja corteza gastada Que se desvanecen Para permitirme amarte Como el primer hombre amó a la primera mujer Con toda libertad Esa libertad Por la cual el fuego mismo ha llegado a ser hombre Por la cual el marqués de Sade desafió a los siglos con sus grandes árboles abstractos Y acróbatas trágicos Aferrados al hilo de la Virgen del deseo De L'air de l'eau Versión de Aldo Pellegrini
8.
El
penacho
El penacho
Si
solamente hiciera sol esta noche
Si en el fondo de la Ãpera dos senos
claros y resplandecientes
Compusieran para la palabra amor la más
maravillosa capitular viviente
Si el pavimento de madera se abriera sobre
la cima de las montañas
Si el armiño mirara con gesto suplicante
Al
sacerdote de vendas rojas
Que regresa de la prisión contando los coches cerrados
Si el eco
lujoso de los ríos que atormento
Sólo arrojara mi cuerpo en la hierba de
París
Que no se hiela en el interior de las joyerías
Por lo menos la
primavera ya no me causaría miedo
Si solamente fuera una raíz del árbol
del cielo
Por fin el bien en la caña de azúcar del aire
Qué ves tú
hermosa silenciosa
Bajo el arco de triunfo del Carrusel
Si el placer
gobernara bajo el aspecto de una eterna transeúnte
Estando las Cámaras
surcadas sólo por la mirada violeta de los paseos
Qué no daría yo porque
un brazo del Sena Se deslizara bajo la Mañana
Que está de todas formas
perdida
No me resigno no a las salas acariciantes
Donde suena el
teléfono de las multas de la noche
Al partir he prendido fuego a una
mecha de cabellos
que es la mecha de una bomba
Y la mecha de cabellos excava un túnel bajo
París
Si solamente mi tren Penetrara Por ese túnel
Versión de
Manuel Álvarez Ortega
9.
En tu lugar desconfiaría del caballero
de paja...
En tu lugar desconfiaría del caballero de paja...
En tu
lugar desconfiaría del caballero de paja
Esa especie de Roger que libera
a Angélica
Leitmotiv aquí de las bocas del metropolitano
Dispuestas en
hilera en tus cabellos
En una encantadora alucinación liliputiense
Pero el caballero de paja el caballero de paja
Te sienta en la grupa y os
precipitáis por la elevada alameda
Cuyas primeras hojas perdidas ponen
mantequilla en las rosas
rodajas de pan del aire
Adoro esas hojas al igual
Que todo ]0
supremamente independiente que hay en ti
Su pálida balanza
Para
calcular violetas
Justamente l0 que se necesita para que se transparente
en los más
tiernos pliegues de tu cuerpo
El mensaje indescifrable capital
De una
botella que ha conservado mucho tiempo el mar
Y las adoro cuando se
amontonan como un gallo blanco
Furioso en la escalinata del castillo de
la violencia
En la luz desgarradora en la que ya no se trata de vivir
En el soto encantado
Donde el cazador apunta con un fusil de culata de
faisán
Esas hojas que son la moneda de Danae
Cuando me es posible
acercarme a ti hasta no verte más
Para abrazar en ti ese sitio amarillo
devastado
El más resplandeciente de tu ojo
Donde los árboles vuelan
Donde los edificios comienzan a ser sacudidos por una alegría
de mala ley
Donde los juegos del circo continúan en la calle con lujo
desenfrenado
Sobrevivir
A gran distancia dos o tres siluetas se
destacan
Sobre el apretado grupo flamea la bandera de parlamento.
De L'air de l'eau
Versión de Aldo Pellegrini
10.
Girasol
Girasol
A Pierre Reverdy
La viajera que atravesó les Halles a la caída
del verano
Caminaba sobre la punta de los pies
La desesperación hacía
girar en el cielo sus grandes yaros tan bellos
Y en el bolso de mano se
hallaba mi sueño ese frasco de sales
Que únicamente aspiró la madrina de
Dios
Los entorpecimientos se desplegaban como el vaho
En el Perro que
fuma
Donde acababan de entrar el pro y el contra
La muchacha sólo
podía ser vista por ellos mal y al sesgo
Tenía yo que vérmelas con la
embajadora del salitre
O con la curva blanca sobre fondo negro que
llamamos pensamiento
El baile de los inocentes estaba en su apogeo
Los
farolillos se encendían lentamente entre los castaños
La dama sin sombra
se arrodilló en el Pont au Change
Calle Gît-le-Coeur los timbres ya no
eran los mismos
Las promesas de las noches por fin se cumplían
Las
palomas mensajeras los besos de socorro
Se unían a los pechos de la bella
desconocida
Lanzados bajo el crespón de las significaciones perfectas
Una granja prosperaba en medio de París
Y sus ventanas daban sobre la vía
láctea
Pero nadie la habitaba aún a causa de los aparecidos
De los
aparecidos que como se sabe son más devotos
que los desaparecidos
Algunos como esta mujer aparentan nadar
Y en el
amor penetra un poco de su substancia
Ella los interioriza
Yo no soy
el juguete de ninguna potencia sensorial
Y sin embargo el grillo que
cantaba en los cabellos de ceniza
Una tarde cerca de la estatua de
Etienne Marcel
Me hizo un guiño de entendimiento
André Breton me dijo
pasa
Versión de
Manuel Álvarez Ortega
11.
Hotel de las centellas
Hotel de las centellas
La mariposa filosófica
Se posa en la estrella rosa
Y forma así una
ventana del infierno
El hombre enmascarado está siempre de pie ante la
mujer desnuda
Cuyos cabellos resbalan lo mismo que de mañana la luz de un
farol
que han olvidado apagar
Los sabios muebles preparan la pieza que hace
juegos de manos
Con sus rosetones
Sus rayos de sol circulares
Sus
moliendas de vidrio
En cuyo interior azulea un cielo con precisión
En
memoria del pecho inimitable
Ahora la nube de un jardín pasa por encima
de la cabeza del hombre
que acaba de sentarse
Parte por la mitad a la mujer de busto mágico y
ojos de Parma
Es la hora en que el oso boreal con gesto de gran
inteligencia
Se estira y da cuenta de un día
Al otro lado la lluvia se
encabrita sobre los bulevares de una gran ciudad
La lluvia entre la
niebla con regueros de sol sobre las flores rojas
La lluvia y el diávolo
de los viejos tiempos
Las piernas bajo la nube frutal rodean el
invernadero
Sólo se percibe el pulso de una mano muy blanca representado
por dos minúsculas alas
El balancín de la ausencia oscila entre las
cuatro paredes
Hendiendo las cabezas
De donde se escapan bandadas de reyes que en seguida se hacen la
guerra
Hasta que el eclipse oriental
Turquesa en el fondo de las tazas
Descubre el lecho equilateral de sábanas color de esas flores llamadas
bola de nieve
Los veladores deliciosos las cortinas rasgadas
Al
alcance de un librito con estas palabras estampadas
No hay mañana
Cuyo autor lleva un nombre extraño
En la oscura
señalización terrestre
Versión de
Manuel Álvarez Ortega
12.
La casa de Yves
La casa de Yves
La casa de Yves Tanguy Donde se entra sólo de noche Con la lámpara-tempestad Afuera el país transparente Un adivino en su elemento Con la lámpara-tempestad Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve Y la tela estampada del cielo -Vamos, lo sobrenatural al suelo Con la lámpara-tempestad Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve Con todas las estrellas del infierno Hecha de lazos y jambajes Color de cangrejo en el oleaje Con la lámpara-tempestad Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve Con todas las estrellas del infierno Con los tranvías delirantes retenidos sólo por sus cables El espacio encadenado, el tiempo disminuido Ariana en su aposento-cofrecillo Con la lámpara-tempestad Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve Con todas las estrellas del infierno Con los tranvías delirantes retenidos sólo por sus cables Con las crines sin fin del argonauta El servicio está a cargo de falenas Que se cubren los ojos con telas Con la lámpara-tempestad Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve Con todas las estrellas del infierno Con los tranvías delirantes retenidos sólo por sus cables Con las crines sin fin del argonauta Con el moblaje fulgurante del desierto Allí Se mata allí se cura Y sin tapujos se conspira Con la lámpara-tempestad Con el aserradero tan laborioso que ya no se lo ve Con todas las estrellas del infierno Con los tranvías delirantes retenidos sólo por sus cables Con las crines sin fin del argonauta Con el moblaje fulgurante del desierto Con las señales que intercambian los amantes desde lejos Ésa es la casa de Yves Tanguy. De "Poèmes" Versión de Aldo Pellegrini
Versos y pensamientos de André Breton
4 citas« atacan los sueños. Entre los frenos y los edelweis sombríos reposan formas / subterráneas semejantes a corchos de perfumistas. »
« Nosotros los pájaros que encantas siempre desde lo alto de esos / belvederes »
« Dos pesebres / Una cola de caballo y una manía de modista »
Libros de André Breton recomendados
Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: