« "Cuando una se siente bien, puede prescindir de lo mejor. / Eso me parece sabio". »
Ana Rossetti · A quien, no obstante tan deliciosos
placeres debo
Biografía y amplia selección de poemas de Ana Rossetti. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Ana Rossetti. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
"Cuando una se siente bien, puede prescindir de lo mejor.
Eso me parece sabio".
Andrea de Nerciat
Y esa tan
transparente neblina que su lengua
extendió sobre mí... labor
concupiscente,
minuciosa e inútil, pues el bello prosélito
¿me
atreveré a decirlo? es que es tan impotente
como adorable es. Por ello,
aún intacto
conservo el corazón de mi valiosa orquídea
(falsas futuras
nupcias blancas) y, así, entre tanto,
mi precioso tormento, recibo tus
bombones
y mis ingles remojo detrás de cada cita
con abluciones vanas.
Pero, tonto muchacho,
no te avergüences si, de pronto, no se abulta tu
pretina,
ni tu enarbolado furor puede,
impasible, horadarme la
membrana
y arrancar de mi carne el clásico aspaviento.
Y no te
desesperes si no soy despojada
aún de aquello que, sobrepasando el tiempo
que la edad aconseja y Cupido consiente,
fiel guardo en el ardiente
túnel. Ya custodiada
mi pelvis por amor tan incauto cerrada
permanece,
mi escudo, sabrosa precaución!
Hundamos nuestras bocas en la fresca
reseda
de nuestros célibes y ocultos sitios
y tú, tonto muchacho, si
encuentras resistencia
en donde tu ternura esperaba verterse,
torpemente no insistas empeñado en robarme
unas gotitas rojas y un agudo
gritito,
pues no soportarías placer tan cruento.
De "Los devaneos de Erato" 1980
Y qué encantadora es tu inexperiencia. Tu mano torpe, fiel perseguidora de una quemante gracia que adivinas en el vaivén penoso del alegre antebrazo. Alguien cose en tu sangre lentejuelas para que atravieses los redondos umbrales del placer y ensayas a la vez desdén y seducción. En ese larvado gesto que aventuras se dibuja tu madre, reclinada en la gris balaustrada del recuerdo. Y tus ojos, atentos al paciente e inolvidable ejemplo, se entrecierran. Y mientras, adorable y peligrosamente, te desvías. De "Los devaneos de Erato" 1980
Dulce corazón mío de súbito asaltado. Todo por adorar más de lo permisible. Todo porque un cigarro se asienta en una boca y en sus jugosas sedas se humedece. Porque una camiseta incitante señala, de su pecho, el escudo durísimo, y un vigoroso brazo de la mínima manga sobresale. Todo porque unas piernas, unas perfectas piernas, dentro del más ceñido pantalón, frente a mí se separan. Se separan. De "Indicios vehementes" 1985
Cibeles ante la
ofrenda anual de tulipanes
Que mi corazón estalle! / Que el amor a su antojo, /
acabe con mi cuerpo. "
Amaru
Desprendida su funda, el
capullo,
tulipán sonrosado, apretado turbante,
enfureció mi sangre
con brusca primavera.
Inoculado el sensual delirio,
lubrica mi
saliva tu pedúnculo;
el tersísimo tallo que mi mano entroniza.
Alta
flor tuya erguida en los oscuros parques;
oh, lacérame tú, vulnerada
derríbame
con la boca repleta de tu húmeda seda.
Como anillo se
cierran en tu redor mis pechos,
los junto, te me incrustas, mis labios
se entreabren
y una gota aparece en tu cúspide malva.
secta feminista se da consejos prematrimoniales
"...Trabajada despiadadamente por un autómata
que cree que el cumplimiento de un cruel deber es
un asunto de honor."
Andrea de Nerciat
Y besémonos, bellas vírgenes, besémonos.
Démonos prisa desvalijándonos
destruyendo el botín de nuestros cuerpos.
Al enemigo percibo respirar tras el muro,
la codicia se yergue entre sus
piernas.
Y besémonos, bellas vírgenes, besémonos.
No deis pródigamente a la
espada,
oh viril fortuna, el inviolado himen.
Que la grieta, en el
blanco ariete
de nuestras manos, pierda su angostura.
Y besémonos, bellas vírgenes, besémonos.
Ya extendieron las sábanas
y la felpa absorbente está dispuesta.
para que los floretes nos derriben
y las piernas empapen de amapolas.
Y besémonos, bellas vírgenes,
besémonos.
Antes que el vencedor la ciudadela
profane, y desvele su
recato
para saquear del templo los tesoros,
es preferible siempre
entregarla a las llamas.
Y besémonos, bellas vírgenes, besémonos.
Expolio singular:
enfebrecidas
en nuestro beneficio arrebatemos
la propia dote. Que el
triunfador altivo
no obtenga el masculino privilegio.
Y besémonos, bellas vírgenes, besémonos.
Con la secreta fuente
humedecida
en el licor de Venus,
anticipémonos,
de placer mojadas,
a Príapo.
y con la sed de nuestros cuerpos, embriaguémonos.
Y besémonos, bellas vírgénes, besémonos.
Rasgando el azahar,
gocémonos, gocémonos
del premio que celaban nuestros muslos.
El falo,
presto a traspasarnos
encontrará, donde creyó virtud, burdel.
De "Los devaneos de Erato" 1980
Creí que te habías muerto, corazón mío... Creí que te habías muerto, corazón mío, en Junio. Creí que, definitivamente, te habías muerto: sí, lo creí. Que, después de haber esparcido el revoloteo púrpura de tu desesperación, como una alondra caíste en el alféizar; que te extinguiste como el fulgor atemorizado de un espectro; que como una cuerda tensa te rompiste, con un chasquido seco y terminante. Creí que, acorralado por tus desvaríos, traicionado por los todavías, alcanzado por las evidencias, exhausto, abatido, habías sido derribado al fin. Y contigo, se desvanecieron los engarces entre sentimientos, imágenes, suposiciones y pruebas. Se me fueron abriendo las costuras de la memoria: ya me estaba acostumbrando a vivir sin ti. Pero tus fragmentos estallados se han ido buscando, encontrando, cohesionándose como gotas de mercurio, sin cicatriz ni señal. Y ahí estás, otra vez inocente, sin acusar enmienda ni escarmiento, guiando, dirigiendo, adentrando en ti el peligro, como si fueras invulnerable o sabio, como si, recién nacido apenas, ya fueras capaz de distinguir, en el mellado filo del clavel, la espada
Y cuando al jardín, contigo, descendíamos, evitábamos en lo posible los manzanos. Incluso ante el olor del heliotropo enrojecíamos; sabido es que esa flor amor eterno explica. Tu frente entonces no era menos encendida que tu encendida beca*, sobre ella reclinada, con el rojo reflejo competía. Y extasiadas, mudas, te espiábamos; antes de que mojáramos los labios en la alberca, furtivo y virginal, te santiguabas y de infinita gracia te vestías. Te dábamos estampas con los bordes calados iguales al platito de pasas que, con el té, se ofrece a las visitas, detentes y reliquias en los que oro cosíamos y ante ti nos sentábamos con infantil modestia. Mi tan amado y puro seminarista hermoso, ¡cuántas serpientes enroscadas en los macizos de azucenas, qué sintieron las rosas en tus manos que así se deshojaban! Con la mirada baja protegerte queríamos de nuestra femenina seducción. Vano propósito. Un día, un turgente púrpura, tu pantalón incógnito, de pronto, estirará y Adán derramará su provisión de leche. Nada podrá parar tan vigoroso surtidor. Bien que sucederá, sucederá. Aunque nuestra manzana nunca muerdas, aunque tu espasmo nunca presidamos, bien que sucederá, sucederá. Y no te ha de salvar ningún escapulario, y ni el terrible infierno del albo catecismo podrá evitar el cauce radiante de tu esperma. *Beca: especie de manto de seda o paño, que colgaba del cuello hasta cerca de los pies, y que en algún tiempo usaron sobre la sotana los eclesiásticos que tenían alguna dignidad. De "Los devaneos de Erato" 1980
Apoyar la frente enfebrecida en la nublada celosía del confesionario. Enumerar los inasibles recorridos de la serpiente. Buscar un nombre para hacer cada crimen discernible. Dibujar las noches; las llagas de las paredes encaladas en la oscuridad, brillando; los colibríes enzarzados, enredando sus lenguas de pistilo bajo los rígidos almidones de mis tocas. Apoyar la frente. Abandonarse. Sentir cómo el anillo que atenaza mi corazón, se me resbala por el pecho como un crisantemo decapitado. De "Virgo Potens" 1994
Salamandra es deseo bebiendo en los topacios de un estanque, en cielos de Giotto, en las bóvedas húmedas de translúcida yedra. Morera y vid se agotan en tu mano. Es deseo caballo enloquecido de temor bajo un raudal de agua, cascada donde estalla el arcoiris, desbaratada trenza entre piedras cayendo. Brazo tuyo defensa en mi cintura. Y como la belleza -desmesura, naufragio o voluble liana que se empina hasta el cedro sofocándolo- el deseo penetra y es herida. Cuerpo tuyo, cercado que mi pasión desborda, todo escudo en dócil miel fundido y es inútil tu intento: a un labio enamorado ni el laurel más mortífero detendría. Ya no podrás lograr que permanezca intacta, angélica tesela en su alto dominio, que mi emoción recorte cual ciprés en un parque atildado, que contemple el abismo desde los barandales y al vértigo resista. Crueldad subyugadora es el deseo. Y me entrego a su lanza, y ho quiero rehuir su mordedura. Apártate de mí, no quiero que me guardes, que en mi cuerpo refrenes lágrimas ni jardines, y antes de que las quejas aviven mi desprecio, los avisos mi cólera, caiga sobre tus labios -incendio alertador, granada suplicante- la delicada muerte de mi olvido.
«Truman Capote» Arcángel desterrado y refugiado en mi anhelo; cada vez que la albahaca se movía a mi vientre tu mano apuñalaba y en el raudo abanico de luces y luciérnagas o en la pared confusa, donde el enfebrecido pájaro de la noche se cernía, aparecías tú. Continua caracola prendida de mi oído; hasta cuando la hierba, de grillos relucientes salpicada, de pronto enloquecía podíase escuchar tu lengua colibrí. Y había que decidirse entre el blanco inocente del naranjo y tu oscura coraza. Duro, frío y deslumbrante estuche para tan dulce torso, terciopelo.
a su muy aplicado
discípulo
"El placer es el mejor de los cumplidos."
Coco Chanel
El más encantador instante
de la tarde
tras el anaranjado visillo primorosa.
Y en la mesita el té
y un ramillete, desmayadas rosas,
y en la otomana de rayada seda,
extendida la falda, asomando mi pie
provocativo, aguardo a que tú
avecines
a mi cuello, descendiendo la mirada
por el oscuro embudo de
mi escote,
ahuecado a propósito. Sonrójome
y tus dedos inician
meditadas cautelas
por mi falda; demoran en los profundos túneles
del
plisado y recorren las rizadas estrellas
del guipur. Apresúrate, ven,
recibe estos pétalos
de rosas, pétalos como muslos
de impolutas
vestales, velados. Que mi boca
rebose en sus sedosos trozos, tersos y
densos
cual labios asomados a mis dientes
exigiendo el mordisco.
Amordázate,
el jadeo de tu alto puñal, y sea tu beso
heraldo de las
flores. Apresúrate,
desanuda las cintas, comprueba la pendiente
durísima del prieto seno, míralo, tócalo
y en sus tiesos pináculos
derrama tu saliva
mientras siento, en mis piernas, tu amenaza.
Nunca más, oh no, nunca más me prenderá la primavera con sus claras argucias. Desconfío del tumescente gladiolo blanco, satinadas pastas de misales antiguos. Parece una mortaja de niño, su apariencia es tan pura que, sin malicia, lo exponemos a la vista de muchachas seráficas. Y sin embargo, qué hermoso señuelo, jamás halló Himeneo instructor más propicio. Ya visita, de noche, silente, las alcobas, se introduce en los sueños y despierta a las vírgenes con dura sacudida. Nunca más, oh no, nunca más me prenderá la primavera con sus claras argucias. De "Los devaneos de Erato" 1980
Flores, pedazos de tu cuerpo; me reclamo su savia. Aprieto entre mis labios la lacerante verga del gladiolo. Cosería limones a tu torso, sus durísimas puntas en mis dedos como altos pezones de muchacha. Ya conoce mi lengua las más suaves estrías de tu oreja y es una caracola. Ella sabe a tu leche adolescente, y huele a tus muslos. En mis muslos contengo los pétalos mojados de las flores. Son flores pedazos de tu cuerpo. "Los devaneos de Erato" 1981
Desvelado el espejo -dosel del costurero saqueado- tantos dones magníficos excesiva duplica. Y, no obstante, sólo tiene su cómplice e incitante señal la madeja encarnada. Oh, tomémosla. Rasguemos las vítolas, las hebras desprendiendo con esmero, y en las tensadas palmas de tus queridas manos laceolados estigmas bordaré diestramente... Tan frágiles cutículas, la sangre al traspasar su rúbrica brillante va prendiendo. Mas si al sedoso hilo la sangre verdadera ha querido emular agolpándose cárdena a su orilla, no te asustes, amor. Pues presurosamente mi estremecida boca a tu herida será vaso propicio. Labios míos temblando, del precioso regalo de tu mano, tiñéndose. Tu sabor penetrando mi inviolada saliva, comulgándome, y el fervor confundido en delirio de besos.
Yo te elegía nombres en mi devocionario. No tuve otro maestro. Sus páginas inmersas en tan terrible amor acuciaban mi sed. Se abrían, dulcemente, insólitos caminos en mi sangre -obediente hasta entonces- extraviándola, perturbando la blancura espectral de mis sienes de niña cuando de los versículos, las más bellas palabras, asentándose iban en mi inocente lengua. Mis primeras caricias fueron verbos, mi amor sólo nombrarte y el dolor una piedra preciosa en el tierno clavel de tu costado herido. Flotaba mi mirada en el menstruo continuo del incensario ardiente y mis pulsos, repitiendo incesantes arrobada noticia, hasta el vitral translúcido, se elevaban. La luz estremecíase con tu nombre, como un corazón era saltando entre los nardos y el misal fatigado de mis manos cayendo, estampas vegetales desprendía cual nacaradas fundas de lunarias. Párvulas lentejuelas entre el tul, refulgiendo, desde el comulgatorio señalaban mi alivio. Y anulada, enamorada yo entreabría mi boca, mientras mi cuerpo todo tu cuerpo recibía. De "Devocionario" 1986
Hubo un tiempo en el que el amor era un intruso temido y anhelado. Un roce furtivo, premeditado, reelaborado durante insoportables desvelos. Una confesión perturbada y audaz, corregida mil veces, que jamás llegaría a su destino. Una incesante y tiránica inquietud. Un galopar repentino del corazón ingobernable. Un continuo batallar contra la despiadada infalibilidad de los espejos. Una íntima dificultad para distinguir la congoja del júbilo. Era un tiempo adolescente e impreciso, el tiempo del amor sin nombre, hasta casi sin rostro, que merodeaba, como un beso prometido, por el punto más umbrío de la escalera.
In confesiones de Gilles de
Rais
"...se hallaba tendido en una chaisse-longue, y tenía en
su blanca mano una rosa sin perfume."
O. Mirebau
Es tan adorable
introducirme
en su lecho, y que mi mano viajera
descanse, entre sus
piernas, descuidada,
y al desenvainar la columna tersa
-su cimera
encarnada y jugosa
tendrá el sabor de las fresas, picante-
presenciar
la inesperada expresión
de su anatomía que no sabe usar,
mostrarle el
sonrosado engarce
al indeciso dedo, mientras en pérfidas
y precisas
dosis se le administra audacia.
Es adorable pervertir
a un muchacho, extraerle del vientre
virginal esa rugiente ternura
tan parecida al estertor final
de un
agonizante, que es imposible
no irlo matando mientras eyacula.
De "Los devaneos de
Erato" 1980
natura
ordenatus imperandum
Si al apagar las luces te
invadía el terror
de que mientras durmieras la belleza
podría
acometerte.
Si infatigablemente inaugurabas nombres
y a todo
sortilegio prestabas tus oídos.
Si te cuidabas tanto en elegir los dedos
que tallo o mariposa tocarían
como si algún acorde de ello dependiera.
Si a escondidas, leyendo, con pervertidos príncipes,
apasionados mártires
y almas de atormentados
el pacto establecías de una rara alianza.
Si
acechabas collares de continuo
pues gustabas probar el sabor de las
gemas,
biselados confites convertidos en ascuas
por tu boca.
Sí te fingías enfermo
para, en vez de jugar, a tus desmesurados
dominios acudir y disponer cortejos
o banquetes, o asaltos, y perpetrar
delito
y hermosura en baúles y árboles.
Si entregado a ti mismo decías
ser feliz
aun cuando, suntuosa, la tristeza vagaba
por tus ojos,
desconocido mío,
afortunado fue que no te presintiera.
Pues de la
soledad era yo soberana,
tenía todo un atlas pintado en el jardín
y el
atrevido espejo que igualarme pudiera,
que pudiera doblar, extender los
confines
de mi íntimo reino, me hubiera, irremediable,
aniquilado.
Incapaz de adorar lo que a mí se asemeja,
despiadada y tenaz te hubiera
combatido.
Pero si derrotada
me fuera insoportable someterme,
vencedora, perdiéndote, no lo resistiría:
Son débiles corazas el amor y
el orgullo.
Desconocido mío, afortunado es
que todavía te sueñe.
"No te contemples en la muerte;
deja que tu imagen sea llevada
por las aguas que corren"
Marcel Schwob
No hay cortejo comparable para ti,
alma melancólica, a esta multitud
de ecos silenciados, galería monótona
que la quietud repite y obstinada refleja
sus trastornados ritmos.
Y la muerte está ahí, en el espejo
que divulga las voces de las aguas,
en esa luna inerte donde la menta asoma
tiritando, mientras que entre los dientes
las culebras son besos, y en la inmóvil tristeza,
el frío, de sus parques, traza la geometría.
Y el tinte de tu rostro se hace pálido y verde.
Pero si alguna vez quieres sobrepasar,
desgarrar la cruel lámina y clavar el gladiolo
en la caverna húmeda del espejo,
te arrastraré a la danza delirante
que en un instante alberga mil figuras distintas,
podré decirte cómo derrochar la belleza
en la noche magnífica, incendiándola,
a usar los diccionarios como libros de música,
orquesta fugitiva para esta insurrección,
esta brillante fiesta que en tu obsequio preparo.
Pues sentir es el prodigio único
que me alerta y preocupa, y la audacia,
como un tenaz diamante rasgando las ventanas,
la joya y homenaje que prefiero.
Llámame pues si rompes esa fronda sombría
del espejo, si has llegado al final
hasta el papel de plata, de repente arañado,
si tu rostro al cristal desampara
y con agudo estruendo se desprende.
No siempre hay que creer lo que el espejo dice.
Tu rostro verdadero puede ser cualquier máscara.
De Indicios vehementes 1985
Si alguien sabe de un
filtro que excuse mi extravío,
que explique el desvarío de mi sangre,
le suplico:
Antes de que se muera el jazmín de mi vientre
y se cumplan
mis lunas puntuales y enteras
y mis venas se agoten de tantas madrugadas
en las que un muslo roza al muslo compañero
y lo sabe marfil pero lo
piensa lumbre;
antes de que la edad extenúe en mi carne
la vehemencia,
que por favor lo diga.
Contemplo ante el espejo,
hospedado en mis sábanas,
las señales febriles de la noche inclemente
en donde el terso lino aulaga se vertiera
y duro pedernal y cuerpo de
muchacho.
ciño mi cinturón y el
azogue me escruta,
fresas bajo mi blusa ansiosas se endurecen
y al
resbalar la tela por mi inclinada espalda
parece una caricia; y la boca
me arde.
si alguien sabe de un
filtro que excuse mi locura
y me entregue al furor que la pasión exige,
se lo ruego, antes de que me ahogue
en mi propia fragancia, por favor,
por favor se lo ruego:
que lo beba conmigo.
« "Cuando una se siente bien, puede prescindir de lo mejor. / Eso me parece sabio". »
« Y qué encantadora es tu / inexperiencia. »
« Dulce corazón mío de súbito / asaltado. »
« Cibeles ante la / ofrenda anual de tulipanes »
Ediciones recomendadas para disfrutar de su obra poética completa y estudio crítico: