« que despierta / Soy la gata que camina dentro de mí »
Ana María Rodas · Animal
Biografía y amplia selección de poemas de Ana María Rodas. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Ana María Rodas. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
que despierta
Soy la gata que camina dentro de mí
conmigo
las leves zarpas afelpadas
He bajado por el río
conservando el gusto por la caza
los ambiguos
maullidos
Cuando cierro los ojos atravieso los siglos
Las arenas le dieron
el color
a esta piel suave que esconde
una flor mojada entre las
fauces
el oro egipcio se ve reflejado en la pupila
de esta gata
que demasiadas veces
recuerda su verdadera condición de fiera
La
Reina de Saba habría dado la mitad de sus tierras
por tener estas garras
acuerdo
De acuerdo,
soy
arrebatada, celosa,
voluble
y llena de lujuria.
¿Qué esperaban?
Que tuviera ojos,
glándulas,
cerebro,
treinta y tres años
y que actuara
como el ciprés de un cementerio?
* * *
Hoy he descubierto la belleza
de ser yo misma.
-no,
no fue así;
me lo enseñaste-
Pero al hacerme mujer
al
mostrarme que los seres
son tan libres
Comprendí
que libre-yo
y libre-tú
podamos tomarnos de la mano
y realizar la unión sin
anularnos.
Por eso me apretujo dentro de mí misma
hasta salir las lágrimas
y en el pelo
se me prende
el sabor salado del olvido.
Algún imbécil dijo
que el poeta es la clave del mundo.
¡Mentira!
A mi sólo me queda encogerme hacia dentro
y esperar
ciegamente
un sonido, una expresión cualquiera
y que alguien
donde
quiera que esté
emita una señal diciéndome que existo.
* * *
los teléfonos debieran ser
parte
de la poesía
-la poesía está llena de recuerdos-
Hoy, una llamada
solitaria
hizo rodar de nuevo el pasado a mi falda.
Se murieron tres años
casi cuatro.
Un bigote se movió sobre unos labios
murmurando
cosas triviales, de todos los dfas
que cómo están los niños,
si al fin
me voy a Francia
que la perra tiene
tres cachorros
que cómo creció Carlos.
Y el teléfono de ayer me
dijo
Cuánto te quiero.
Cuánto te extra no.
* * *
Te me acabas
como la
vela que lanza
su último fuego.
como el asomo de vida que la final
remueve al que
está ya casi muerto.
¡Cómo es de extraño
escribir poemas
para
alguien que fue
y que comienza a diluirse en el cerebro!
¿Dónde te has escondido en este tiempo? ¿Dónde te has escondido en este tiempo? Bajo tus mismas faldas. Enfundada en tu propia fortaleza negaste la evidencia. ¿Qué evidencia puede haber si no vas a un entierro? ¿Quién ha muerto en esta eterna primavera? ¿Quién puede morir en este lugar de cielos y volcanes qué se reflejan siempre en los maizales verdes? ¿Quién soy yo para sentir, ahora, después de la década perdida este infame dolor que me destroza el pecho? Soy la superviviente. La que cerró los ojos y se llenó las orejas con cera. La que pasó junto a las rocas sin escuchar las voces. Ciega por propia voluntad para evitar la visión de los buitres limpiándose los picos en los huesos.
más hermoso mito inventado por el hombre El más hermoso mito inventado por el hombre más hermoso que Dios o el hermoso ideal del socialismo y el dinero que acumulan los ricos. Más hermoso que el odio, la invención más hermosa. El amor.
Emerjo…
Emerjo
De las profundidades Huelo a sangre y a sal
Soy el océano
que se mueve crujiendo arrastrando
deseos
temores
visiones
entre los dedos
Soy un pantano humeante lleno
de sensuales animales viscosos
Soy el calor el agua el trueno
esta jungla prehistórica
este bosque tropical
Me hundo en lo desconocido No sé
A
Dónde
Regreso
Al resurgir sólo experimento
La certeza triunfal de haber sobrevivido el viaje
aquel tiempo la soledad era un cilicio En aquel tiempo la soledad era un cilicio prendido constantemente a mi cuerpo. Ahora es la estancia perfecta mi refugio cuando salgo/finalmente/de ti.
luna, siempre Redonda, hinchada de frotarse contra el cielo rasga mi piel con su delgada luz Cae sobre mi pelo con la levedad de una sirena que no se hubiera dado cuenta que no posee piernas Solivianta mi sangre me enciende de locura me regala una piel fosforescente y me convierte aceite hirviendo en fauna (cascos y cuernos y cabello desbocado bajo el lúbrico soplo de lo oscuro)
que caían a pedazos...
Lunas que caían a pedazos
descolgadas del cielo
lunas nuevas no vistas nunca
Lunas llenas a ratos
me inundaron la garganta de llanto
Lunas Siempre fueron lunas
A dónde ha ido todo?
Qué viento de cuarenta años borró tu
carne de mi carne?
Ariosto envió a Orlando
el Furioso
a buscar su sanidad mental
a ese lugar lechoso donde uno encuentra
todo
lo que se pierde en la tierra/
A dónde iré a buscar yo
el calor de las noches
la lluvia tibia
las cenas de sopa de fideos?
Nos comimos
la luna a pedazos Casi duró cuatro años
De "El Fin de los Mitos y los Sueños"
que duerme La mujer ve la luna cruzar por el rectángulo y abraza al perro antes de abrirse al sueño. Luna sobre la piel piel de sirena Sueños desportillados amaneceres blancos Se estira, lee lo que escriben sus amigos los ama tanto los ama a todos El penacho del volcán le avisa que hay viento norte A los cincuenta y tantos, dueña de una ventana de diez metros de largo su vientre está dormido Las sábanas son frescas La ciudad gime La mujer sueña
« que despierta / Soy la gata que camina dentro de mí »
« y llena de lujuria. / ¿Qué esperaban? »
« ¿Dónde te has / escondido en este tiempo? »
« más hermoso mito / inventado por el hombre »
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