« Grávida luz, me hiere tu silencio; / quéjate, grita, rómpeme la sangre »
Ana Inés Bonnin Armstrong · Hombres descalzos
Biografía y amplia selección de poemas de Ana Inés Bonnin. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Ana Inés Bonnin. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Grávida luz, me hiere tu silencio; quéjate, grita, rómpeme la sangre con un feroz escalofrío. Será la muerte, sí, pero no importa. ¡Morir hasta que el mundo resucite! Morir hasta que sean en el mundo los hombres recorriéndolo descalzos: ¡la humanidad por fin enriquecida! Hombres descalzos; por su planta desnuda, justos, buenos. Hombres que al ir andando en carne viva. sintieran el dolor de cada hombre latir en cada piedra que rozaran; sintieran cada gota de rocío temblar a cada sed, a cada lágrima, morir a cada muerte, y gota a gota, encadenando así nuevos rocíos. Hombres descalzos; por su planta desnuda, sobre la tierra lentos y seguros, como una enredadera sorprendente, como si Dios sus águilas postrase, y fueran en el mundo las palomas.
No me dejes, amor, en la añoranza. Dame, por fin, seguro y alto vuelo. Desarráigame, fíjame. Recelo que aquí no lograré paz ni bonanza. Mi sed inextinguible se abalanza y busca un ancho río, paralelo de un mísero y exhausto riachuelo. ¡Amor! Sacia mi sed; dame pujanza para volcarte en molde sin orillas. ¿Por qué, por qué te ciñes y encastillas cuando posees fuerza de coloso? Quisiera derramar esta ternura, que rebasa mi pecho, en la mesura de un pecho inmensamente generoso.
¡Oh buen amor! ¡Oh, ternura divina siempre en llamas! ¡Oh buen amor, paciente, generoso! Llegas a mí, brindándome reposo; no me impones tu afán, porque me amas. ¡Oh ternura divina! De tus ramas presiento el florecer maravilloso. Tú quieres que yo sea fruto hermoso, cosecha de tu huerto. Me reclamas. Escucho conmovida la voz tuya. Me llega triste; no le doy consuelo; rechazo su dolor y su agonía. Perdóname, Señor. Cuando destruya las ansias que me clavan en el suelo, entonces iré a Ti sin rebeldía.
¡Si yo no pido tanto! ¡Si yo no pido tanto! Amor es lo que pido. Briznas de amor para esta sed del mundo, tan grande y tan sumisa. Un diminuto amor, pero constante, que dé su mano al que su mano tienda, que limpie las miradas y los ojos llene de dulcedumbre. Algo de amor en esos corazones que no aman a los niños, que son capaces de cegar a un pájaro, de aplastar las hormigas. Algo de amor; apenas un murmullo de amor en cada pecho de criatura hacia todos los seres, hacia todas las cosas. ¡Si yo no pido tanto! Briznas de amor para esta sed del mundo.
busco y no te encuentro... Te busco y no te encuentro. ¿Dónde moras? ¿Lates sin realidad? ¿Eres un mito, una ilusión, un ansia de infinito? Y si amaneces, ¿dónde tus auroras? ¿En qué tiempo sin tiempo van tus horas desgranándose plenas? ¿Nunca el grito humano dolor quiebra el bendito silencio que te envuelve? ¿Nos ignoras? Partículas de ti fueron llegando; mi mar inquieto se convierte en río; hay trinos en el aire, canta el viento. Canta la vida toda. Por fin siento que estés, pero, dime, dime: ¿cuándo puedo saberte para siempre mío?
« Grávida luz, me hiere tu silencio; / quéjate, grita, rómpeme la sangre »
« No me dejes, amor, en la añoranza. / Dame, por fin, seguro y alto »
« ¡Oh buen amor! / ¡Oh, ternura divina siempre en llamas! »
« ¡Si yo no pido tanto! / ¡Si yo no pido tanto! »
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