« Una ciudad es / todas las ciudades. »
Álvaro Valverde · Ciudad de ceniza
Biografía y amplia selección de poemas de Álvaro Valverde. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Álvaro Valverde. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual, perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Una ciudad es todas las ciudades. Cruzas el mismo andén, las avenidas iguales y lejanas, tan inhóspitas como esos edificios que proyectan su luz vítrea y opaca en el asfalto. Una ciudad es sólo un sentimiento de euforia o de catástrofe, un círculo que es suma de otros círculos igual de fantasmales. Es un azar, una ciudad; un tramo entre dos direcciones de ida y vuelta, y un idéntico fin y un mismo origen. Con la mirada hundida, el paso rápido, recorres sin cesar las mismas calles que desoladas cercan tu destino. De "Mecánica terrestre" 2002
Quise volver de donde no se vuelve. Si el viaje duró lo que dura una vida, fue el destino culpable. Nada hice que hoy me recuerde el pasado. Una bruma extravía los mares que cruzara y en el puerto se cubren las balizas de sal. De las ciudades guardo la nostalgia del límite y ningún barco lleva el nombre de mi reino. Demoré la llegada sin saber que perdía esa clave dudosa que dibujan los atlas. Sólo sé que fue inútil. Viviré de olvidarme. De "Una oculta razón" 1991
fuera Vivir es deslizarse, repetiste, captar nuestra existencia de soslayo o verla desde lejos, en lo alto, con la perplejidad del que contempla. Los que te conocieron aseguran que tu viviste así, que no hubo nada ni nadie que pudiera desviarte ni un ápice siquiera de ese trazo que le diste por fin a tu camino. Esa senda emboscada conducía a una casa perdida entre los páramos. Sobre aquel pedregal erosionado, bajo la ardiente luz de los veranos, una sombra precisa dibujaba el estupor final de tu extravío. En ese santuario estableciste una visión del mundo peligrosa. Rogabas a los dioses con frecuencia que no nos castigaran con desgracias (capaces en su ardor de destruirnos) sin antes enseñarnos lo importante: la frágil transparencia de la vida.
al alba Habrá estado esperando que la noche cumpliera su sentencia contra el tiempo, el terco maleficio que la habita y que a solas padece cada vez que en el sueño le despierta el temor y, después, la vigilia se establece imponiendo una extraña alianza de excepción y costumbre. Habrá intentado acaso explicar el porqué de aceptar sin ceder esa ciega amenaza que le cerca y, no obstante, él espera implacable. En la primera claridad tras la penumbra que agota de la noche el cauce oscuro, la realidad ordena en sus contornos la tregua en que apagar otra conciencia. De "Una oculta razón" 1991
He llegado. Me acerco con cautela a la orilla y distingo en las aguas una suerte de antigua y fugaz transparencia. Queda al lado un desierto, un lugar retirado que una puerta franquea preservando el destino de los hombres que huyen. Una breve vereda que coronan cipreses nos conduce a la senda reiterada, a los pasos que se llegan a Yuste -el otoño dorado de la hiedra rojiza y el estanque en penumbra-, al jardín de Abadía -ruinas, mármol, canales, Lope, acantos y olivos-. Es difícil saber sobre qué edificamos la virtud. Qué lugares -evocados o vistos- nos contienen. Paredes, tapias, huertos, bancales, muros hechos de piedras colocadas siguiendo cumplimientos idénticos. Minuciosos remiten a un estado de cosas que se pierde. Enseñanzas de la edad sometidas a un complejo sistema en precario equilibrio. Su presencia anticipa la verdad de la historia. No es extraño volver, sorprendido, la vista y caer en la cuenta: somos agua, y aun piedra; árbol, río, retamas. Somos tierra. Hago mías las razones de Anteo. Arrancada a la roca la ruindad de los huertos, empeñados en darle a las aguas su cauce, embalsando su fuerza en los largos estíos, aguardando la nieve transformada en torrente, afinando en la viga la bondad de los troncos, observando en las nubes la promesa de lluvia, ¿no cumplirnos un ciclo necesario e idéntico? De "El reino oscuro" 1999
He temido el encuentro. Sí, supuse probado que esa ignota comarca encerraba secretos que eran míos de antiguo. Que su mito era fruto de una aciaga mentira. Sus leyendas tejieron una red de emboscadas. Cuando apenas conozco, hago mías las huellas de esos pasos que ahora asimila la sombra. Cada casa o iglesia, cada muro o sendero, participan del tránsito. Suspendidos proponen su ficción de promesas. Junto al río, sentado, al pasar de la noche, he entendido lo inútil de ofrecerles batalla. Paralelos discurren dos viajes. A un tiempo, retrocedo y avanzo. Peregrino a las fuentes y aun así permanezco. Voy de paso. ¿Hacia dónde? ¿ Qué remoto espejismo me depara el presente ? ¿Por qué yendo, regreso? Trazo círculos, lanzo -piedras planas al agua. En sus ondas intento apresar el que sea, para mí, convincente. Con paciencia, persisto. Fijo el pulso. Procedo. Son ensayos fallidos. Darán cuenta algún día de la vida de un hombre: solo, ajeno, consigo.
Abro la verja del jardín sin nadie. Espera mi llegada el viejo limonero y al verlo me parece que no hubiera pasado en parte alguna todo este largo tiempo, que siempre hubiera estado sentado en esta sombra, silencioso, viendo pasar los días con la mirada turbia de los que nada esperan, pero al fin sobreviven. Con tanta asiduidad he recordado este mismo lugar que no es extraño sentir la vuelta a casa como un hecho casual como si ahora volviera una vez más y simplemente cerrara una vez más la misma puerta. La casa es hacia dentro el laberinto que siempre he perseguido. Permanece sitiada por los muros azules de la infancia, por ecos de una edad sobrevenida. En la azotea, el puerto sigue siendo un sueño antiguo y arriba en las estrellas leo de nuevo el rumbo del viaje que comienza. De "Una oculta razón" 1991
Este viento tan cálido que recompone ahora un verano tardío; la luz anaranjada del cuarto y la penumbra de los libros que aguardan al lector del invierno. Las breves y oscilantes líneas de sol dispuestas, la desdichada espera de quien cifró en la huida la razón y el principio y reconoce apenas que una ciudad le acecha y ésta será la única. Aquél que en la distancia quiso amar lo recóndito y el tiempo le devuelve la certeza del sitio. Aquél éste que ahora -ya decía- se empeña, y recupera en vano lo que nunca ha existido, y en el viento que entra, cuando atardece, observa, toma papel y escribe. Yo mismo, el que contempla el río entre las hojas, cierra la puerta y vuelve a ocupar su costumbre. Aquél al que le basta la sombra fugitiva, el instante, esa efímera razón de permanencia. De "Una oculta razón" 1991
« Una ciudad es / todas las ciudades. »
« Quise volver de donde no se vuelve. / Si el viaje duró lo que dura »
« fuera / Vivir es deslizarse, repetiste, »
« al alba / Habrá estado esperando que la noche »
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