« Abril, la ceremonia de las hojas / que sólo puede hablarse con la canción en blanco, »
Álvaro García · Abril
Biografía y amplia selección de poemas de Álvaro García. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....
Biografía y amplia selección de poemas de Álvaro García. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.
Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.
Abril, la ceremonia de las hojas que sólo puede hablarse con la canción en blanco, la consecuencia de lo inconsecuente a trozos que se unen al decirlos lo mismo que las rayas del paseo se vuelven línea entera en la velocidad. Las cosas son seguidas sólo en función del tiempo. Nada enlaza al instante con su aroma. El día por ejemplo, el día es qué, pero de pronto es un azul tranquilo para decirnos el secreto breve de ser gente que vive y hace planes, que plancha el día en la camisa húmeda y pulveriza el agua contra el rostro. Mañana no estaré ya en este día que el aire desmenuza en los tejados tendidos al poniente y al cabeceo largo de las olas en las que suena el respirar del mundo igual que nadie habrá vivido un día exacto al anterior. Abril que nos descansa de haber gastado el tiempo. Mañana no seremos ya los mismos, mañana no será esto lo que mire, aire blando de abril para silbarlo, para decir el día con palabras y que sean felices de ser respiración de la memoria y por debajo de los hechos nítidos, entregados al fuego de la continuidad y de lo útil, esa precisa combustión de nada en busca siempre de algo que se quema también para ser algo, como el tiempo, tú y yo, lo que arde exacto en fuegos inexactos, saber y no saber y ver las olas Extraído de la antología "La lógica de Orfeo" Visor libros 2003
Caída (Canto 2) Poder amanecer. Miro los ojos que entrecierra el gato, lentos, celeste antiguo; gato egipcio que se fue al más allá junto a su dueño y se pasea por los contenedores con la perplejidad y la cautela de saberse en un mundo sin pirámides. La paz viene de lejos; pienso en ella cuando suena la luz de la mañana que confía en sí misma y en nosotros. En la arena, palomas, barrenderos y alguien que busca objetos de metal. Ninguno opera sobre la mañana: migas de ayer encuentran las palomas, los barrenderos barren ese ayer, el detector, como un perro magnético, rastrea el casual brillo de la víspera. Vivir no tiene un brillo de pulsera, pero es también casual y se abandona. ¿Quién encuentra la vida que gastamos? Volverá bajo forma indetectable. Yo he bajado a mirar si estaba el día. Si el aire aleteaba tras la muerte, cambiante en un abrirse de postigos. Si reclama otra luz refugio en ésta. He bajado a mirar si el mar estaba, si sortea la espuma su pavor de vuelta de las islas abolidas. Y susurra memoria de naufragio, pero a los pies expande su insistencia. Ve el derrumbe y se calla la mañana. La mañana se torna ascuas de nieve. Sólo entrega esta mano arena al aire, pero es un trozo de aire hacia más aire que gira por la cáscara del mundo y sopla en las heridas que no acaban: la muerte que habitó ventanas vivas a las que ir en charla de ascensor. Si pienso cómo el vértigo se arroja y cae sin final, el día frena. El desamor nos ata y los recuerdos se duermen en el sueño de las cajas. De "Caída" Pre-Textos 2002
amanecer Dormida, en tu cansancio sólo hay cuerpo, la materialidad del día grávido. Soy yo quien imagina alma en tu alma, la invento con mirar, rozo tu sueño y eres toda la que ni tú ni yo sabemos que eres. Amanece lo exacto sin nosotros, que nos quedamos fuera de su peso, temblor de sol en la ventana. Esta penumbra nos inhibe de brusca realidad, aunque amanezca. Alma es dejar de ser en algo y amanece. De "Para lo que no existe" Valencia, Pre-Textos, 1999
Tesoro de un naufragio es el naufragio mismo, su memoria callada y encallada, su silencio abisal y su misterio transitado despacio por los peces. Se naufraga para algo. Lo que ahí abajo late sin latir es el haber perdido flotación en la historia y ser sustancia de la que el tiempo se alimenta. Los siglos no andan solos, comen derrotas, trizas de pabellones, afanes que navegan y que un día se hunden. Cuando el mar le hace sitio al barco, la memoria no es sólo astillería húmeda que pasa del abismo a la mañana del museo. Es también galeones que yacen en lo oscuro. La luz le duele un poco al fragmento de barco que vuelve con poleas y derramando olvido. El tiempo se despieza y es algo más que piezas. No es ajuar en vitrinas y es temblor. Es vida oscura o luminosa. O algo intermedio, que tal vez sea el espíritu y que escapa mientras secamos piezas con un rótulo al lado, como piratas de nosotros mismos. De "Para lo que no existe" Valencia, Pre-Textos, 1999
La meta es como un túnel, se nutre de tiniebla. Lo propio de las alas es quemarse cinco minutos antes de llegar hasta el sol. Toda meta es un túnel que te absorbe, es una oscuridad que se alimenta de tu propia sustancia y de tu olvido y ese modo de muerte que es el conseguir. Cuando uno logra un fin se queda triste. La meta se lo traga. Mejor ser el mejor sin beso de champán, sin aureola. Y el sueño se ha quemado en su inminencia, como sabiendo que vencer es chusco. Tus sueños se han quemado de pura lucidez. De "Para lo que no existe" Valencia, Pre-Textos, 1999
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« Dormida, / en tu cansancio sólo hay cuerpo, »
« Tesoro de un naufragio / es el naufragio mismo, »
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