Poesía Universal

Almudena Guzmán

Biografía y amplia selección de poemas de Almudena Guzmán. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Almudena Guzmán. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Almudena Guzmán

20 poemas seleccionados
1.

Ahora es el ritmo del invierno...

Ahora es el ritmo del 
	invierno
quien me clava sus ojos entre las uñas
y el cielo.


	Lo demás poco importa.


	Solo aquellos pasos 
	absorbiendo mi cuello de niebla
al borde bellísimo de sus sirenas y 
	abismos.
2.

Anoche...

Anoche,
al abrir los 
	ojos para apartarme de la boca un cabello,
la mirada que luego alcé

	por encima del hombro de mi amante
-inexplicable reflejo--
tuvo que 
	detenerse cuando ya iba a salir al pasillo.

	
Usted,
apoyado en el quicio de la puerta,
se reía de mí.

(Y 
	sus labios como girasoles inversos
rehuyeron la sudorosa
         
	luz del cuarto.)
3.

Antes...

Antes,
nunca hubo el 
	silencio necesario entre abrazo y abrazo 
	
para advertir el parpadeo de esta guillotina
que hoy,
al rozar por 
	sorpresa mi nuca con sus manos de lejía
me ha puesto los ojos amargos.

	
Yo misma no me oigo cuando grito.
Querría huir. Pero ya es tarde:

	las sábanas se han convertido en agua cenagosa mezclada
con pegamento.

	
Y dentro de poco,
como esa cosa horrible siga detrás de mí
y usted 
	continúe dormido,
me moriré de risa ante el retrato de Leonardo que tengo

	enfrente de mi cadáver.
4.

Cogí el vestido que tanto le gusta...

Cogí el vestido que tanto le gusta 
	
a mi amigo
cogí el vestido y volaron mariposas
y lo enredé en mi 
	pecho
con tres deseos de hiedra.

	
(A las velas del barco blanco
que no me olviden,
al pájaro que no 
	me cante en la rama
de la flor del dolor
y al agua que mi amigo me 
	llame
cuando lo lave.)
5.

De

un tiempo a esta parte...


	De un tiempo
a esta parte
estoy prisionera
en un coche
de gritos 
	y hielo
que circula
por carreteras oscuras
y en vertical
como 
	catedrales,
deslumbrada
por las luces largas
de los que vienen

	en sentido contrario
que sois todos.

	
De"Calendario"
6.

Deslumbramientos sombríos

Esta mañana, el helado y marchito sol de enero hizo estragos 
	
          en mis ojos.

	Por él, vi con más intensidad a esa gitanilla en manga corta
          
	que pedía junto al metro,
tuve plena consciencia de lo arduo de nuestro 
	amor,
me horroricé al contemplar los ametralladores grabados de Goya,

	y salí de nuevo a la calle con las manos encogidas de angustia 
	
          sin saber

	-pálida prisionera de los subterráneos-
si me bajaba en Velásquez o en 
	Lista.
Y subí las escaleras de dos en dos para encontrar a la muerte

	cómodamente recostada en mi gélido cuarto.

	
(La playa del olvido, 1984)
7.

Desnudo en sombra

Volverse a enamorar.

	Besar una piel que sabe distinto,
no encontrar puntos de referencia

	que indiquen el momento justo,
la caricia perfecta,
la mano compañera.

	Retornar a un cuerpo nuevo
sin los huecos del anterior,
no poder 
	palpar una nuca excitada,
una espalda con escalofríos conocidos.
Qué 
	pobre se queda el intento de amar igual a la primera vez.
Cómo pesa una 
	boca tan sabida,
tan llena de humo compartido
ante la desconocida tan 
	poco explorada, tan miedosa.
Cuánto cuesta abandonarte, lavarme de tu 
	olor,
quitarme las huellas de tu peso,
desdoblarme en otra Almudena

	y comenzar a hacer mía una figura
de la calle que me asusta y que 
	¿quiero?
poseer, pero... tú, ahí estás tú,
traspasando con tu desnudo 
	mi sombra,
consolándome pesaroso de mi dolor al terminar,
tu sonrisa y 
	tu cigarrillo,
ese brazo moreno rodeando mi cintura
y llevándome a un 
	lecho desordenado...

	
y tus manos de violinista
volando y enredándose en mis senos.
8.

En un banco...

En un banco,
meneando 
	aburrida mis zapatos de bruja,
yo veía al invierno entrar y salir,

	flirtear con el aire y sentarse finalmente a mi lado.
(Otro -pensé- que 
	tampoco tiene nada que hacer
         
	esta tarde.)

	
Ya me iba a levantar cuando descubrí su espalda
en la ventana de 
	enfrente.
Usted hablaba con alguien.

	
Y en ese mismo momento
-Ios libros, cómo no, resbalaron patosos desde 
	la falda
hasta el suelo-
se volvió a mirarme.
9.

Entonces...

Entonces el beso conocía el 
	norte y el sur...


	Entonces el beso conocía el norte y el sur,
el este y el oeste de toda 
	cartografía
como si antes de labio en medio de la lluvia
hubiera sido 
	rosa de los vientos
o brújula del corsario de los siete mares.
Nada 
	estaba preparado
-dormían las leyendas su sueño abisal-
y sin embargo 
	no cabía margen alguno de error:
cada noche atracaba en su alborada,

	cada zozobra en su bahía,
cada deseo en su rompeolas.
Así era el amor,

	volver a casa
con la red llena de certidumbres
nunca un naufragio en 
	alta muerte
silenciosa
como ahora.
10.

Ernesto,

moreno de luz y luna 
	argentina...


	Ernesto, moreno de luz y 
	luna argentina,
cigarrillo entre los dedos,
sonrisa de ni ñ o en los 
	naranjales del alba.

	
Ernesto, amigo fiel de espejos y cafés,
padre confidencial con aire 
	triste de gorrión,
páramo de salina y dulce de leche.

	
Ernesto, aire de tocayo guerrillero,
espuma que se desborda por la 
	vida,
costado tembloroso ajeno a ti mismo.

	
Ernesto, paloma que se ha roto una pata,
plata sin cascabel, 

	runruneo de pato deslizándose en el canalón... 
	
te quiero más que a él 
pero -perdona, compañero tan próximo-:
no 
	te amo
11.

Este hombre que ahora cerca mi cuello...

Este hombre que ahora cerca 
	mi cuello
con su sabia muralla de labios
quizá abandone de pronto la 
	almena,
quizá desaparezca para siempre.


	Porque tiene un tacto en la 
	mirada
que recuerda las plumas de los pájaros.
12.

Esto va a venirse abajo...

Esto va a venirse abajo 

	de un momento a otro
y usted lo sabe.
El amor ya no es un templo 
	griego
sino algo parecido a un desastre de líneas
oblicuas que 
	aprisionan todo intento de lluvia.


	Y es gris. Tan gris como 
	esta perspectiva de furias
                
	que se nos viene encima.
13.

Esto ya va mejor...

Esto ya va mejor.
Ya no 
	le tengo miedo.


	Y me complace que usted,

	como quien no quiere la cosa,
haya fijado el barniz de sus ojos en mis 
	piernas.
14.

Exquisita pendencia la de mi boca y la suya...

Exquisita pendencia la de 
	mi boca y la suya
por ese dedo abeja que libó entre murmullos y 
	distensiones
                 
	golosas,
las sucesivas floraciones de mi anémona nocturna.
15.

Foto antigua

Y esa monicaca de chocolate hasta los kikis de rosados lacitos soy yo.

	Quién lo diría.
Quién adivinaría en esos ojitos dulces un atisbo, sólo un 
	atisbo de 
	
          amargura.
¡Si 
	ella, la otra yo, la que fue voraz consumidora de leche condensada, 
	
          me conociera 
	ahora!
Ahora que estoy hecha un asco, ajada, sin luz, luciérnaga exenta 
	de 
	
          brillantes 
	culebreos.
Qué pena.
La abstracción de mi mente ha culminado en un 
	monolito de sal. Y ya 
	
          no quiero 
	escribir más.

	
(La playa del olvido, 1984)
16.

Hoy era la última tarde...

Hoy era la última tarde.


	Usted no paraba de hablar

	-lo hubiese matado-
y a mí me ardían las uñas cuando nos despedimos
            
	en la parada del autobús.


	Ni un sólo beso.
17.

La

ventana me remite a su 
	coche...


	La ventana me remite a su 
	coche,
el coche al beso,
el beso a la oreja que anda siempre perdiendo 
	pendientes,
la oreja a la boca,
la boca a las medias porque las rompe,

	las medias al...
-¿Tienes un bolígrafo de más?
-Toma, y a ver si dejas 
	de pedirme cosas,
que contigo al lado no hay quien coja un apunte,
           
	Mari Carmen.
18.

Leo

lo que escribí de ti y 
	de mí...


	Leo lo que escribí de ti y 
	de mí
en esos días de tanta lluvia,
con Bach y los naranjos
de 
	contertulios ante el fuego
y los catarros, las pupas,
las mutuas 
	manías,
advirtiéndonos de aquella bomba colgada
del tiesto de las 
	glicinas
que oscilaba sobre nuestras cabezas
sin llegar a caer,

	contenida por el Atlante de la risa
y el lujo inaudito
de poder 
	ignorarnos,
de tener tiempos muertos,
de no abundar en preguntas y 
	respuestas
cuando había tanto que disfrutar del silencio. 
	

Desde entonces hasta ahora
los atlantes se nos han vuelto 
	anémicos
y quién sabe si ésos fueron y serán nuestros últimos días de 
	lluvia,
          pero,

	                   de todas formas,
me sigue gustando leer lo que escribí 
	de ti y de mí,
en especial lo de tu imagen con bufanda
volviendo de 
	comprar la leche y el pan,
y la mía con sonrisa y pijama de osos pandas

	saludándote desde el balcón.
19.

Llama de lluvia maya

Estalla la poesía de tu piel, Juan, como la miel en un cedro
mojado; te 
	veo y eres la luz, el brote oloroso que abre las 
	
ventanas de un día feliz.
Ya ves, aquí me tienes jugando con los 
	grillos del alba
porque a un lado está tu pecho encendido,
las manos 
	se te posan en mi pelo cansado
y entonces nunca ha existido cansancio en 
	mí;
todo lo rompes, Juan, te estableces en mi corazón y allí 
	
                                                                 
	fundas tu casa
de guacamayos blancos, viento y sal,
las violetas 
	vuelan exasperadas por tu aroma
y el mar se rinde
-grandioso perdedor-

	ante ese cabello dorado que a todo le pide cuentas:
al amor, a los 
	encantados caminos,
a los dioses de fuego que alumbran tus ojos de indio 
	desarraigado.
Siento que sufras bajo los cementos de Madrid,
que te 
	falte espacio para cambiar tus lágrimas 
	
                                                    
	por las de la luna llena,
pero el tenerte aquí, el vivir junto a un 
	nagual único, inextinguible,
junto a una llama de lluvia que nunca se 
	apaga…
¿A quién debo agradecerle tanta dicha?
20.

Lo peor de todo era el atardecer...

Lo peor de todo era el atardecer. 

Cuando las aves frías 
	tachonaban el bosque
de rumores y sombras,
tu recuerdo me ceñía las 
	costillas
como un pulpo de fuego...

	
Daniel: ¿Por qué me has abandonado?


	De "El libro de Tamar"

Versos y pensamientos de Almudena Guzmán

4 citas
« Ahora es el ritmo del / invierno »
Almudena Guzmán · Ahora es el ritmo del invierno...
« al abrir los / ojos para apartarme de la boca un cabello, »
Almudena Guzmán · Anoche...
« nunca hubo el / silencio necesario entre abrazo y abrazo »
Almudena Guzmán · Antes...
« Cogí el vestido que tanto le gusta / a mi amigo »
Almudena Guzmán · Cogí el vestido que tanto le gusta...
Biblioteca poética

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