Poesía Universal

Alí Chumacero

Biografía y amplia selección de poemas de Alí Chumacero. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

Vida

Biografía y amplia selección de poemas de Alí Chumacero. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Alí Chumacero

15 poemas seleccionados
1.

A tu voz

Erígese tu voz en mis 
	sentidos
tornándose en mi cuerpo sueño helado,
y me miro entre espejos 
	congelado,
y mis labios en sombra doloridos.


	Cuando hablo, mi dolor a ti 
	se vierte,
cálida flor de ceniciento aroma,
y tu voz a mis labios ya 
	no asoma
sino en duro temor de viva muerte.


	Porque tu sueño en mí su 
	voz levanta,
y enemigo de luz y de sonido
destroza la palabra en mi 
	garganta;


	así al fin en tinieblas 
	alojado,
ciego de ti, tal un árbol vencido
flota mi cuerpo entre tu 
	voz ahogado.
2.

A una estatua

Cesa tu voz y muere

	sobre tus labios mi alegría.
No habrá palabra que en tu piel levante

	ni un incierto sabor de brisa oscurecida
como el recuerdo que en mis ojos 
	deja
el paso de tu aliento,
porque vives inmersa en tu silencio,

	impenetrable a mis sentidos
y si mis manos en tu piel se posan

	inclinas la cabeza,
navegas en un tiempo que escucha tu latido,
y 
	entre sus aguas, inundándote
bajo la tersa forma de su espejo,
estás 
	abandonada,
próxima a ser violenta permanencia,
enemiga de olvidos,

	casi perdida en íntima zozobra
y sin más voluntad
que la crueldad 
	entre tus labios muda.


	Toma tu cuerpo ahora, 
	vuelve el rostro,
mírate así, segura y desplomada
hacia un estanque 
	donde mora el miedo,
donde sólo hay imágenes
y el cuerpo deja su 
	cautivo duelo
para entrar en la fuente de su origen.
Verás nacer el 
	sueño de tu cuerpo
anegando en pureza toda vida,
todo impulso negado 
	en puro movimiento
y toda forma sostenida en puro resplandor
ya no 
	será la flor sino su aroma,
ya no serás tú misma.


	No importa entonces que de 
	pronto mueras
y pierdas toda sombra
quedándote en escombros defendida,

	si toda tú pereces,
náufraga de tu propio mar,
presa dentro de ti, 
	vencida
como ángel que asolado por el fuego
lanzara su impotencia,

	y sólo un desengaño
entre rocas de olvido y de tinieblas
dejan tus 
	labios mudos
y la pureza inútil de tu cuerpo.


	Muere, desnuda forma,

	hielo que mata mi alegría,
crueldad vertida en mármol fatigado;
muere 
	ya, y deja que contemple
la lucha de tu cuerpo con la sombra,
el 
	debatir inútil de tus labios
contra el vacío olvido de tus ruinas,
que 
	en ataúd o tumbas duermes
entre un querer o no de tus sentidos.
3.

A una flor inmersa

Cae la rosa, cae

	atravesando el agua,
lenta por el cristal de sombra
en que su tallo 
	ahoga;
desciende imperceptible,
clara, ingrávida, pura
y las olas 
	la cubren, la desnudan,
la vuelven a su aroma,
hácenla navegante por 
	la savia
que de la tierra nace
y asciende temblorosa,
desborda la 
	ternura de su tacto
en verde prisionero,
y al fin revienta en flor

	como el esclavo que de noche sueña
en una luz que rompa
los orígenes 
	de su sueño,
como el desnudo ciervo, cuando la fuente brota,
que moja 
	con su vaho la corriente
destrozando su imagen.


	Cae más aún, cae
más 
	allá de su savia,
sobre la losa del sepulcro,
en la mirada de un 
	canario herido
que atreve el último aletazo
para internarse mudo entre 
	las sombras.
Cae sobre mi mano
inclinándose más y más al tacto,

	cede a su suavidad de sábana mortuoria
y como un pálido recuerdo
o 
	ángel desalado
pierde una estela de su aroma,
deja una huella pie que 
	no se posa
y yeso que se apaga en el silencio.
4.

Amor es mar

Llegas, amor, cuando la 
	vida ya nada me ofrecía
sino un duro sabor de lenta consunción
y un 
	saberse dolor desamparado,
casi ceniza de tinieblas;
llega tu voz a 
	destrozar la noche
y asciendes por mi cuerpo
como el cálido pulso 
	hacia el latir postrero
de quien a solas sabe
que un abismo de duelo 
	lo sostiene.


	Nada había sin ti,
ni un 
	sueño transformado en vida,
ni la certeza que nos precipita
hasta el 
	total saberse consumido;
sólo un pavor entre mi noche
levantando su 
	voz de precipicio;
era una sombra que se destrozaba,
incierta en 
	húmedas tinieblas
y engañosas palabras destruidas,
trocadas en 
	blasfemias que a los ojos
ni luz ni sombra daban:
era el temor a ser 
	sólo una lágrima.


	Mas el mundo renace al 
	encontrarte,
y la luz es de nuevo
ascendiendo hacia el aire
la 
	tersa calidez de sus alientos
lentamente erigidos;
brotan de fuerza y 
	cólera
y de un aroma suave como espuma,
tal un leve recuerdo
que de 
	pronto se hiciera un muro de dureza
o manantial de sombra.


	Y en ti mi corazón no tiene 
	forma
ni es un círculo en paz con su tristeza,
sino un pequeño fuego,

	el grito que florece en medio de los labios
y torna a ser el fin
un 
	sencillo reflejo de tu cuerpo,
el cristal que a tu imagen desafía,
el 
	sueño que en tu sombra se aniquila.


	Olas de luz tu voz, tu 
	aliento y tu mirada
en la dolida playa de mi cuerpo;
olas que en mí 
	desnúdanse como alas,
hechas rumor de espuma, oscuridad, aroma tierno,

	cuando al sentirme junto a tu desnudo
se ilumina la forma de mi cuerpo.


	Un mar de sombra eres, y 
	entre tu sal oscura
hay un mundo de luz amanecido.
5.

Anunciación

Inserto en soledad 
de palabra vertida 
	
que apenas hiriera el silencio, 
siento la voz del sueño 
con su 
	descenso casi imperceptible 
	
y sus labios de hielo, 
mas no el letal dolor que de mí nace, 
ni 
	la perenne dicha del misterio aclarado 
	
más allá de las cosas, 
del último verano de la sangre 
que en su 
	final latir 
	
crece trémula y nos inunda 
de su postrer sollozo, 
sino el 
	misterio mismo con su propia presencia, 
	
sus invisibles alas, sus invencibles olas 
y la marea con que ahoga 
	
la más inundada palabra 
o aun la propia voz, 
y llega sobre el 
	lecho, silencioso, 
	
negando su sonido, 
a destacar su dura esencia 
a despertar mi 
	sueño con su sombra, 
	
a rescatarse en mí 
como cristal que guarda el recuerdo del aire, 

	como cuando el silencio 
	
navega en aguas del silencio, 
y sobre mi cuerpo desnudo, 
tocando 
	con su piel la húmeda frialdad 
	
de mis labios y voz, 
llegando hasta debajo de mis párpados, 
me 
	inunda lentamente, me apresa con sus redes 
	
y en su océano quedo 
como última voz abandonada 
o el naufragio 
	de sombra sobre sombra, 
	
y comprendo que sueño y sombra, 
confusos para siempre, 
no pueden 
	exclamar: "Ésta es mi sangre".
6.

De tiempo a espacio

Naciste desde el fondo de 
	la noche,
del sueño donde el tiempo comienza a ser raíz
y la mirada 
	sólo tibio aire,
cuando aún no era ojo sino apenas un viento suave,
un 
	aroma erigido sin mano que lo toque.


	Eras la flor ahogada 
	flotando sobre el cuerpo
en nuestro amanecer hacia la luz;
destrozabas 
	la noche con tus ojos,
hundida en mi desnudo
tal un vivo rumor de 
	brisa que al oído
volcara la virtud de su marea,
y mi aliento en tu 
	savia navegaba,
y tu voz en mi pulso se moría
como sombra de ave 
	agonizante,
transformando mi cuerpo en sueño tuyo,
en vivo espejo 
	abandonado
o silencio que cruza los espacios.
7.

Debate del cuerpo

Lamento que entre tumbas se 
	consume 
como época de sombra en una desatada tempestad, 
mi corazón 
	esparce su evidencia, 
su dura flor de roca desolada 
y al desbordarse 
	forma 
un cálido latir sobre la piel; 
golpean más allá del cuerpo sus 
	defendidos límites 
prolongando su extrema vigilancia 
contra un mundo 
	al fin eco de mi sueño.  
	


	En ceniza y olvido ha de 
	morir, 
mas hoy insiste aquí como quien baña 
con un lenguaje mudo sus 
	palabras, 
surgido de una voz que interminable se repite 
acaso en 
	sombra madurando, 
a través de su luz dormida sobre los sentidos 
para 
	crear un mundo de armonía, 
como un deshecho aliento que retoma a su 
	origen 
y vuelve a ser imagen de su fuente. 


	Y soy yo mismo su violento 
	impulso 
al anegarme entre mi propia carne, 
viviendo en ella 
	defendido, 
cómplice de mi ser que contra el tiempo me levanta 
con su 
	voraz sentir la vida dentro, 
y me abandona a cóleras y miedos, 
me 
	hunde en témpanos de espadas, 
cuando al mover sus aguas con mis labios, 

	en lucha contra mi recuerdo, 
frente a formas ajenas a mi imagen, 

	como un abismo ya sin nada cercano al corazón, 
en ella me refugio, 
	convencido 
de que existo en la vida de mi piel, 
habitando el 
	sepulcro de mi cuerpo. 


	Aquí me encuentro oscuro e 
	incorpóreo, 
sin un viento que cambie mi identidad continua, 
y luego 
	me someto a su olvidado duelo 
de lágrimas calladas,
como nace un 
	olvido de otro olvido 
y una roca es igual a su dureza. 


	Habito mi probable noche, 
	mi laurel de adversario 
sobre la arena trémulo abatido, 
y viajo por 
	mi cuerpo 
en testimonio de que no existe un espejo 
o simple fuente 
	contra mí rebelde, 
porque soy mi enemigo sentenciado, 
mi propia 
	víctima, la orilla 
saciada entre sus límites, en un constante incesto 

	o presagio de mar que no requiere playa.
8.

Desvelado amor

Cayó desnuda, virgen, la 
	palabra;
cayó la virgen desnudada
bajo mi cuerpo, trémulo latir
que 
	hoy apenas si me pertenece
y me embriaga con cálido rumor,
rodea mi 
	epidermis,
se introduce letal bajo mi lengua,
y mis párpados no lo 
	miran 
	
pero lo sienten desalado,
desolado que busca entre la noche
la 
	amarga conjunción
de dos manos eternamente unidas
en el estrecho 
	abrazo de la muerte.


	Calló la voz. Mudos los 
	labios
ciñéronse a la sombra
incendiando el incienso  de su caída 
	flor;
tan quietos como el sueño que también esperaban
con ansiedad de 
	ciego sobre el tacto;
descansando angustiosos como el árbol sin fruto

	bajo la primavera. Y mi cuerpo cayó
a un desesperado cuerpo,
y desde 
	entonces siente
cómo crecen sus nervios en una dura ruina
hecha de 
	sombra y voz estremecidas
por el vivo temor de estrecharse a la noche,

	como el mar a las aguas que lo nutren
o la voz a los labios, fuente muda;

	y en la quietud nacida
de este limpio silencio que por mi cuerpo corre,

	destrozados los labios, la voz y la palabra,
anclado entre mí mismo,

	el fuego de mi tacto se adormece
en esta soledad bajo la flor del sueño.
9.

Diálogo con un retrato

Surges amarga, pensativa,

	profunda tal un mar amurallado;
reposas como imagen hecha hielo
en el 
	cristal que te aprisiona
y te adivino en duelo,
sostenida bajo un 
	mortal cansancio
o bajo un sueño en sombra, congelada.
En vano te 
	defiendes
cuando tus ojos alzas y me miras
a través de un desierto de 
	ceniza,
porque de ti nada existe que delate
si por tu cuerpo corre luz

	o un efluvio de rosas,
sino temor y sombra, la caída
de una ola 
	transformada
en un simple rocío sobre el cuerpo.
Y es verdad: a pesar 
	de ti desciendes
y no existe recuerdo que al mundo te devuelva,
ni 
	quien escuche el lánguido sonar de tus latidos.
Eres como una imagen sin 
	espejo
flotando prisionera de ti misma,
crecida en las tinieblas de 
	una interminable noche,
y te deslíes en suspiros, en humedad y lágrimas

	y en un soñar ternuras y silencio.


	Sólo mi corazón te 
	precipita
como el viento a la flor o la mirada,
reduciéndote a voz aún 
	no erigida,
disuelta entre la lengua y el deseo.
De allí has de brotar 
	hecha ceniza,
hecha amargura y pensamiento,
creada nuevamente de tus 
	ruinas,
de tu temor y espanto.
Y desde allí dirás que amor te crea,

	que crece con terror de ejércitos luchando,
como un espejo donde el 
	tiempo muere
convertido en estatua y en vacío.
Porque ¿quién eres tú 
	sino la imagen
de todo lo que nutre mi silencio,
y mi temor de ser 
	sólo una imagen?
10.

El hijo natural

A su 
	pregunta, yo sobre la piel
veía los silencios cruzar el transparente

	origen del pecado.
Quizá fue por la tarde
o cierta madrugada, cuando 
	el insomnio era
escándalo antes y después, y al alma
en sordo 
	interrogar de prisionero
urdía entre la sombra la varonil espera
de la 
	perduración.


	De su mirar 
	volaban
retratos, somnolencias, un rostro femenino
en lucha contra el 
	tiempo: ala o peste
que deja la ciudad e incendia calles
y alcobas sin 
	historia, propicias luego al súbito
nacer de la amargura.

	
Noches de perversión
derrámanse en sus ojos, materia luminosa
de 
	una mujer que en ellos perdura.
11.

El pensamiento olvidado

Pensar en tu mirada y en mi 
	olvido
dejando el pensamiento dilatado
a través de tus ojos, anegado

	de su mismo vivir con tu sentido;


	después mirar tu olvido que 
	en mí asoma
como una rosa que al espacio diera
leve prolongación y 
	luego fuera
la propia luz que toca con su aroma,


	es entregarme a ti sin más 
	denuedo
que la lucha del cuerpo contra el viento,
y contigo soñando 
	estar tan quedo


	como náufrago mar o vano 
	intento:
porque ya que pensarte en mí no puedo,
dejo olvidado en ti mi 
	pensamiento.
12.

El sueño de Adán

Ligera fue tu voz, mas tu 
	palabra dura
con vuelo de paloma sin más peso
que su inmóvil cruzar el 
	mar del viento;
y persistes como un sonido bajo el agua,
desde mi piel 
	al aire levantada,
ligera como fuiste, como esa ala
que olvidada del 
	mundo se recrea,
convertida en ausencia y en olvido.


	Vivo de oírme el cuerpo y 
	de entregarme al tiempo
como a un rumbo sin luz la adormecida rosa,

	como asoma en el sueño y luego muere
el cielo que una tarde contemplamos,

	y oigo la vida en mí, su aliento te recuerda
ingrávida, en latidos 
	desprendida,
con un temblor de silenciosas aguas
de su propia amargura 
	renaciendo.


	sufres conmigo cuando sólo 
	miro
que el amor es un cuerpo de imágenes poblado,
y caricia se llama 
	al tocar el recuerdo,
a sentir las tinieblas en las manos
y en un 
	esfuerzo inútil oponerse
a ese tiempo que arrastra nuestro duelo
hasta 
	inclinar los labios a la nieve
y tender en ceniza nuestros cuerpos.
Te 
	siente el corazón como un aroma
que en un eco perdiera sus imágenes,
y 
	me palpo la piel tocando en ella
la tersura del agua donde yaces,
y 
	después quedo solo, enamorado
de esta voz que del cuerpo te desprende

	tornada en pensamiento, y en palabras te crea,
nacida nuevamente de mi 
	sueño.
13.

Elegía del marino

Los cuerpos se recuerdan en el tuyo: 
	
su delicia, su amor o sufrimiento. 
Si noche fuera amar, ya tu mirada 
	
en incesante oscuridad me anega. 
Pasan las sombras, voces que a mi 
	oído 
	
dijeron lo que ahora resucitas, 
y en tus labios los nombres 
	nuevamente 
	
vuelven a ser memoria de otros nombres. 
El otoño, la rosa y las 
	violetas 
	
nacen de ti, movidos por un viento 
cuyo origen viniera de otros 
	labios 
	
aún entre los míos. 
Un aire triste arrastra las imágenes 
que de 
	tu cuerpo surgen 
	
como hálito de una sepultura: 
mármol y resplandor casi desiertos, 
	
olvidada su danza entre la noche. 
Mas el tiempo disipa nuestras 
	sombras, 
	
y habré de ser el hombre sin retorno, 
amante de un cadáver en la 
	memoria vivo. 
	
Entonces te hallaré de nuevo en otros cuerpos.


	De 
	"Amor entre ruinas"
14.

En la orilla del silencio

Ahora que mis manos 

	apenas logran palpar dúctilmente, 
como llegando al mar de lo ignorado, 

	este suave misterio que me nace, 
túnica y aire, cálida agonía, 
en la 
	arista más honda de la piel, 
junto a mí mismo, dentro, 
ahí donde no 
	crece ni la noche, 
donde la voz no alcanza a pronunciar 
el nombre 
	del misterio.  
	


	Ahora que a mis dedos 

	se adhiere temblorosa 
la flor mas pura del silencio, 
inquebrantable 
	muerte ya iniciada 
en absoluto imperio de roca sin apoyo, 
como un 
	relámpago del sueño
dilatándose, cándido desplome
hacia el abismo 
	unísono del miedo. 


	Ahora que en mi piel 
un 
	solo y único sollozo 
germina lentamente, apagado, 
con un silencio de 
	cadáver insepulto 
rodeado de lágrimas caídas, 
de sábanas heladas y 
	de negro, 
que quisiera decir: "Aún existo". 


	Comienzo a descubrir cómo 
	el misterio es uno 
nadando mutilado 
en el supremo aliento de mi 
	sangre, 
y desnudo se afina, agudiza su sombra 
para cavar mi propia 
	tumba 
y decirme la fiel palabra 
que sólo para mí conserva 

	escondida, cuidada rosa fresca: 
"Eres más mío que mi sombra, 
en tus 
	huesos florezco 
y nada hay que no me pertenezca 
cuando a tientas 
	persigo, destrozando tu piel 
como el invierno frío de la daga, 
el 
	vaho más cernido de tu angustia 
y el poro más callado de tu postrer 
	silencio". 


	Entonces me saturo de mí 
	mismo 
porque el misterio no navega 
ni crece desolado, 
como 
	germina bajo el aire el pájaro 
que ha perdido el recuerdo del nido allá 
	a lo lejos, 
sino que es piel y sombra, 
cansancio y sueño madurados, 

	fruta que por mis labios deja 
el más alto sabor y el supremo silencio 
	endurecido. 


	Y empiezo a comprender 

	cómo el misterio es uno con mi sueño, 
cómo me abrasa en desolado 
	abrazo, 
incinerando voz y labios, 
igual que piedra hundida entre las 
	aguas 
rodando incontenible en busca de la muerte, 
y siento que ya el 
	sueño navega en el misterio.
15.

Entre mis manos vives...

Entre mis manos vives
en 
	confusión de nacimiento y corazón herido,
como desvanecerse o contemplar

	un alto simulacro de ruinas;
sobre mis dedos mueres,
materia pensativa 
	que se abate
bajo el murmullo de mi tacto,
y eres tristeza en mí,

	suave como la forma de la nieve,
como cerrar la puerta
o mirar la 
	inocencia de una pluma.


	Nacida para mi caricia,

	con un perdón que olvida y un comienzo
de éxtasis y aromas,
me acerco 
	hacia tu aliento,
tu oído con mis labios toco y digo
que nuestro amor 
	es agonía,
que escuches mi temor y mi palabra de humo
y que yo, como 
	tú, de noche oigo
cómo se pierde el pensamiento,
confuso entre mi 
	carne y tu recuerdo.


	Mas retiro mi rostro de tus 
	ojos
porque ya no podré pensar una palabra
que no habite tu nombre,

	y porque surges hasta del silencio
como enemiga que desdeña el arma
y 
	de improviso nace entre las sombras,
cuando sin ti yo no sería
sino un 
	olvido abandonado
entre las ruinas de mi pensamiento.

Versos y pensamientos de Alí Chumacero

4 citas
« Erígese tu voz en mis / sentidos »
Alí Chumacero · A tu voz
« Cesa tu voz y muere / sobre tus labios mi alegría. »
Alí Chumacero · A una estatua
« Cae la rosa, cae / atravesando el agua, »
Alí Chumacero · A una flor inmersa
« Llegas, amor, cuando la / vida ya nada me ofrecía »
Alí Chumacero · Amor es mar
Biblioteca poética

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