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Alexandr Pushkin
Alexandr Pushkin es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras...
Vida
Alexandr Pushkin es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.
Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.
Poemas de Alexandr Pushkin
1.
A...
A...
(Kern)* Recuerdo aquel instante prodigioso en el que apareciste frente a mí, lo mismo que una efímera visión igual que un genio de belleza pura. En mi languidecer sin esperanza, en las zozobras del ruidoso afán, tu tierna voz se oyó en mi largo tiempo y soñaba con tus divinos rasgos. Transcurrieron los años. La agitada tormenta dispersó los viejos sueños y al olvido entregué tu tierna voz así como tus rasgos celestiales. En cautiverio oscuro y tenebroso mis días en silencio se arrastraban, sin la deidad y sin la inspiración, sin lágrimas, sin vida, sin amor. Mas ahora que el despertar llegó a mi alma, y de nuevo apareces ante mí, lo mismo que una efímera visión igual que un genio de belleza pura. Y el corazón me late arrebatado porque en él nuevamente resucitan La inspiración y la divinidad y la vida, y el llanto y el amor. *Anna Pyetróvna Kem (1800-1879) Versión de Eduardo Alonso Duengo
2.
Versión
de Rubén Flórez Arcila
Versión de Rubén Flórez Arcila
¡Adiós mujer oriental amada!
¡Adiós
mujer oriental amada!
Poco faltó y contra mi extravagancia,
el hábito que me dicta todo o nada
casi me arrastra a las estepas, a la errancia
detrás de las huellas de tu carreta.
Tienes rasgados los ojos,
la naricita rara, la frente amplia,
no balbuceas en francés tus antojos,
los pies no aprietas con seda,
y junto al samovar, a la inglesa,
no sirves el té, ni las galletas,
no suspiras por poetas de moda,
Shakespeare no te inquieta,
no te abrumas de melancolía
cuando la cabeza se queda vacía,
no tarareas ma dov' é,
el baile último no conoces...
Algo ocurrió conmigo, apenas media hora,
mientras alistaban los caballos,
la mente y el corazón los llenaba
tu belleza agreste, tus ojos.
¿No es igual amigo mío:
extraviar al alma, ociosa
entre espejos brillantes, en un teatro
que huir por la estepa, nómada?
1829
Versión
de Rubén Flórez Arcila
3.
Versión de Eduardo
Alonso Duengo
Versión de Eduardo Alonso Duengo
Bajo el cielo
de azul de su tierra nativa...
Bajo el cielo azul de su tierra nativa
languidecía ella, se
agostaba...*
Al fin se marchitó, y ya de seguro
su joven sombra sobre mí
volaba;
Nos separa una línea infranqueable.
En vano el sentimiento
desperté.
Su muerte oí de un labio indiferente
y con indiferencia la escuché.
¡Y mi alma la amó con tanto fuego,
con una turbación tan dolorosa,
con tanto sufrimiento y extravío,
con tortura tan tierna y
angustiosa!
¿Qué se hicieron la pena y el cariño?
Ni reproches me quedan ya ni
llanto
para rememorar su sombra crédula
ni la dulce memoria de los días
pasados.
*El poema se refiere a Arnalia Riznich, muerta en Italia en 1825 y
destinataria
de algunos de los más hermosos poemas pushkinianos.
Versión de Eduardo
Alonso Duengo
Versos y pensamientos de Alexandr Pushkin
3 citas« ¡Adiós mujer oriental amada! / ¡Adiós »
« Bajo el cielo azul de su tierra nativa / languidecía ella, se »
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