Poesía Universal

Alejandro Duque Amusco

Biografía y amplia selección de poemas de Alejandro Duque Amusco. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica....

Biografía lírica

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Biografía y amplia selección de poemas de Alejandro Duque Amusco. Antología de la poesía hispanoamericana. Poesía sensual perdurable y romántica.

Poesía del siglo de oro. Traducciones poéticas. Archivos sonoros.

Lírica y Versos

Poemas de Alejandro Duque Amusco

13 poemas seleccionados
1.

Análisis de la luz

Desde las márgenes del negro al blanco,

		desde el aire a la tierra,

		con qué vestidura sigilosa, con qué dureza

		ruedas por un manto de porosidades,

		azar, entretejida estrella, dardo solar,

		lengua de luz huidiza

		hacia las letras claras del vacío.

		

		En la hodierna de la necesidad

		tu nombre cede al ser,

		y eres la piedra ardiente,

		la cosmogonía de la llama,

		el balbuceo del origen,

		pulsión y anulación,

		la flor que suma todos los colores,

		la palabra que no tiene sílabas,

		la liturgia profunda de la carne,

		la serpiente de la anamorfosis.

		

		Azar, azar, rosa vital,

		espectro fugitivo.

		

		De "Del agua, del fuego y otras purificaciones"

		Ed. El Bardo, 1983, Barcelona
2.

Aridez

Si la aridez es la caída, la belleza está en ella.

		Habita entre tinieblas un lugar escondido

		y en lo profundo duerme

		como el oro en la ciénaga.

		Si la aridez engendra, monstruo de mil cabezas,

		la herida de lo hermoso,

		danzando sobre esta luz de pesadilla

		las palabras se ceban de despojos.

		Violetas empapadas del ayer.

		Residuos. Farsa quemante.

		                                                        
		Sé que aquí

		hay un rostro, en el agua estancada,

		está herido y me escucha, le toco

		y desaparece.

		

		Flotan leños podridos en la charca.

		

		De "Donde rompe la noche"

		Visor, 1994, Madrid
3.

Aristas

Como una extraña rosa

		del desierto

		

		árida y fría,

		los años ya vividos.

		

		Más fluida y ligera

		la muerte cada vez

		

		-graciosa perla

		al fondo del estanque,

		

		... y alargamos la mano.

		

		De "A la ilusión final"

		Renacimiento, 2008, Sevilla
4.

Comunión

Ahora

		que he visto

		y he tocado,

		en medio del invierno,

		

		la llaga

		devorante,

		

		el festín de la muerte,

		

		no me pidáis

		metáforas de luz.

		

		Madrid, ciudad de amor,

		rosa de sangre.

		

		Oigo con pavor

		el silencio

		de los que no gritan.


		De 
		"Lírica solar" 

		Omicrón 2008
5.

Criaturas de la luz

Brot und Wein

                                                       
		F. Hölderlin

		

		Mientras fue seguro el sol

		por lo más alto, en mis días de niño,

		lo fuisteis todo para mí, serenas potestades,

		resplandor y creencia, los mensajeros

		de la divinidad invadiendo mis juegos.

		Después, tras la alborada viva

		de la espera,

		desperté

		y ya no estabais,

		fluyó la luz

		y solamente vi, en la tiniebla roja,

		vuestras sagradas alas alejándose.

		

		De "Donde rompe la noche"

		Visor, 1994, Madrid
6.

Despoblado

Crece

		la marejada negra

		del olvido. Sus aguas

		llevan del ayer

		al nunca.

		

		El nunca

		es el lugar

		más habitado.

		

		De "Donde rompe la noche"

		Visor, 1994, Madrid
7.

El puente

(Arroyo del Rey, 1952)

		

		Ella vino hasta aquí, a este puente tendido

		entre las márgenes de un río sin caudal, sobre un lecho de rocas,

		buscando los brazos fieles, ellos sí, de la tierra.

		En el borde dejó sus zapatos cansados

		y unos renglones torpes en un triste papel:

		palabras puras, evidencia sombría

		de que el amor es flecha

		feliz y luminosa, mientras dura en el aire,

		suspensa por el soplo ligero del deseo.

		Pero roedor tormento cuando, muerto su impulso,

		acaba por clavarse en el centro más vivo.

		

		Cual memoria de piedra

		el puente sigue erguido,

		pero algo más que las rocosas márgenes

		de un río sin caudal separa y une.

		Una orilla de vida, otra de muerte

		se entrelazan en él; al fondo rocas,

		duro lecho de rocas, olvido a un desengaño,

		contra el que una mujer cae, invisible,

		desde lo alto

		del amor.

		

		De "Donde rompe la noche"

		Visor, 1994, Madrid
8.

En el último día

¿Cuántas veces morimos? ¿Cuántas veces,

		desde que caímos

		del precipicio de la eternidad,

		hemos muerto? Muerte tierna y florida

		fue nacer, ser engendrados

		por el tiempo. Como una exhalación

		entramos a otra muerte, dulce y punzante,

		con el primer amor, nunca olvidado.

		Y el valle de la juventud pronto marchito

		por borbotones de deseos y sombras,

		y el exterminio tibio de los días:

		un río que se cumple al no cumplirse

		por todas las edades, arrasando y menguando,

		añadiendo más muertes a la muerte.

		No, no es verdad: en el último día

		no morimos. La muerte encuentra sólo

		los brazos del vacío, la sombra de una ausencia.

		

		De "Donde rompe la noche"

		Visor, 1994, Madrid
9.

En la rivera verde

La madrugada llega como una barca de luz

		a la deriva. Emerge la ciudad

		de entre los restos negros de la noche.

		El rostro fatigado por la vigilia, la lectura, el pálido insomnio.

		Los ojos, que han hurgado dentro del vacío y las palabras,

		vagan sobre la mesa, la lámpara, los estantes borrados por la débil 
		penumbra,

		el ventanal -sus cristales empañados

		por la respiración y la noche...

		                                                                
		La calle empieza a ser

		un inquietante laberinto móvil,

		como lenta serpiente se retuerce bajo el brillo metálico

		de las farolas.

		                             
		Hace frío.

		Se oye el viento latir por las rendijas.

		Sobre los tejados, finas columnas de humo.

		Nubarrones. La claridad mate del día.

		                                                                               
		En el papel

		(el libro yace abierto, abandonado) escribo:

		"La aurora atraca en la ribera verde".

		

		Todo lo que el corazón calla, ¿cómo lo diremos?

		

		Huyó otra noche. Huyó otra noche más con su negro silencio,

		con sus estrellas invisibles.

		

		De "Del agua, del fuego y otras purificaciones" 

		Ed. El Bardo, 1983, Barcelona
10.

Escritura

He visto la luz,

		su aullido blanco en la mañana,

		

		la ternura de la noche revestida

		de fatuos centelleos,

		

		he visto

		el mar con su rizada lengua

		

		y la boscosa tarde a punto de enmudecer

		en un invierno embravecido.

		

		He visto un jardín

		abriéndose

		a un desierto-

		el desierto era sólo

		la soledad del hombre.

		Y más.

		He visto la obra limpia:

		la llama y la belleza

		-refulgían las dos como un único fuego.

		

		Fuego verbal

		para mi noche

		escrita.

		

		De "Donde rompe la noche"

		Visor, 1994, Madrid
11.

Exitus letalis

Todo lo que el corazón calla nos conduce a la muerte.

		Todo lo que la vida calla, con sus lumbres despiertas,

		es asombro y silencio

		para la muerte. ¿Pues qué es la muerte

		sino la gran perplejidad, la insólita

		extrañeza, al filo mismo de lo real?

		No el sonoro joyel, no la espirituosa pulpa: el hueso,

		sólo el hueso con su seco silencio

		al que ninguna pregunta sucede o inquieta.

		Perplejidad y silencio.

		                                               
		Vacío

		de un vacío fluyente por debajo del tiempo,

		granada abierta, hermosa fuga, lebrel de ardor-

		eso es la muerte. Lo que rodea a la vida como una llama pavorosa,

		y la acalla por siempre.

		Lo que esperamos siempre.

		

		Óseo silencio de perplejidad.

		

		De "Sueño en el fuego"

		Renacimiento, 1989, Sevilla
12.

Exvoto

(Tumba de Il tuffatore, Paestum)

		

		Una tumba, una lápida fúnebre

		y en ella, como perro guardián cerca del amo,

		

		el dibujo de un joven lanzándose

		al vacío ?finas

		hebras del aire.

		Espirales.

		Columnas.

		

		Un mar lo acoge.

		¿Un mar o un cielo adormecido?

		

		El joven cae con lentitud ingrave

		igual que una promesa que no termina nunca

		

		de cumplirse: nadador que levita

		en una zambullida hacia la luz.

		

		Ay, tuffatore, estás y siempre vuelves,

		rebrotas con el Árbol Cenital de inmarchitables ramas

		

		que regalan sus frutos prodigiosos

		para salvar los dones de la tierra,

		

		el nudo de las noches y los días,

		la espiral del azar,

		

		el amor y la música ?dos formas

		diferentes de llamar a lo mismo,

		

		el latido del sol

		entre el cielo y el mar, la caída y el éxtasis.

		

		Con tu salto la muerte has traspasado.

		

		Todo el espacio abre

		ante tu vuelo inmóvil.

		

		Profunda tumba azul.

		

		De "A la ilusión final"

		Renacimiento, 2008, Sevilla
13.

Génesis

En el principio Dios creó el infierno.

		Y dijo luego

		hágase la luz y apuntaron los primeros

		rayos del sufrimiento.

		Separó en días sucesivos los cielos

		de la tierra, la tierra del océano,

		los cimientos

		que amorosamente prietos

		estaban en uno, y multiplicó la vida en los reinos

		del aire y sobre la tierra y bajo el crespo

		manto del océano

		en torturantes e infinitos cuerpos.

		Y viendo Dios aquel perfecto infierno

		sonrió y dijo: "Hagamos ahora un ser noble y bueno

		capaz de expresar el horror de este averno".

		Y tomando en sus manos de supremo

		Arquitecto

		la arcilla más pura, hizo al hombre y sus sueños.

		Desde el odio de Dios crecía el universo.

		

		De "Sueño en el fuego"

		Renacimiento, 1989, Sevilla

Versos y pensamientos de Alejandro Duque Amusco

4 citas
« Desde las márgenes del negro al blanco, / desde el aire a la tierra, »
Alejandro Duque Amusco · Análisis de la luz
« Si la aridez es la caída, la belleza está en ella. / Habita entre tinieblas un lugar escondido »
Alejandro Duque Amusco · Aridez
« Como una extraña rosa / del desierto »
Alejandro Duque Amusco · Aristas
« y he tocado, / en medio del invierno, »
Alejandro Duque Amusco · Comunión
Biblioteca poética

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