« A mí mismo en mis memorias / Fluye, fluye, nube »
Adam Zagajewski
Adam Zagajewski es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras ...
Vida
Adam Zagajewski es una voz imprescindible de la lírica en lengua española cuya obra destaca por su autenticidad y honda sensibilidad humana. Desde sus primeras composiciones, cautivó a los amantes del verso gracias a una mirada poética singular capaz de transformar las emociones cotidianas en arte universal.
Su poesía explora con elegancia el paso del tiempo, el misterio del amor y el anhelo de trascendencia ante los enigmas del destino humano. Hoy en día, su legado lírico sigue conmoviendo a nuevas generaciones de lectores por la belleza musical de sus estrofas y la sinceridad de sus palabras.
Poemas de Adam Zagajewski
1.
Versión de Elzbieta
Bortkiewicz
Versión de Elzbieta Bortkiewicz
A mí mismo en mis memorias Fluye, fluye, nube gris, se abre la flor de la peonía, nada te une ya a esta tierra, nada te une ya a este cielo. Delira en la canícula el jardín, un gato da bostezos en el porche. Caminas por la calle de los tilos en flor, de qué ciudad, lo ignoras, en qué país, no lo recuerdas. Brillan livianos los estorninos, la noche se aproxima suavemente, juegan al escondite los capullos de las rosas. Eres tan sólo un sueño, una imagen, sólo un anhelo eres. Cuando te vayas, como las nubes, se teñirá de bronce tu recuerdo. Y rondarás los ríos y las sombras de los árboles, pero naufragarás en la tierra, en la tierra, en la tierra. Versión de Elzbieta Bortkiewicz
2.
Autorretrato
Autorretrato
Entre ordenador, lápiz y máquina de escribir se me pasa la mitad del día. Algún día se convertirá en medio siglo. Vivo en ciudades ajenas y a veces converso con gente ajena sobre cosas que me son ajenas. Escucho mucha música: Bach, Mahler, Chopin, Shostakovich. En la música encuentro la fuerza, la debilidad y el dolor, los tres elementos. El cuarto no tiene nombre. Leo a poetas vivos y muertos, aprendo de ellos tenacidad, fe y orgullo. Intento comprender a los grandes filósofos -la mayoría de las veces consigo captar tan sólo jirones de sus valiosos pensamientos. Me gusta dar largos paseos por las calles de París y mirar a mis prójimos, animados por la envidia, la ira o el deseo; observar la moneda de plata que pasa de mano en mano y lentamente pierde su forma redonda (se borra el perfil del emperador). A mi lado crecen árboles que no expresan nada, salvo su verde perfección indiferente. Aves negras caminan por los campos siempre esperando algo, pacientes como viudas españolas. Ya no soy joven, mas sigue habiendo gente mayor que yo. Me gusta el sueño profundo, cuando no estoy, y correr en bici por caminos rurales, cuando álamos y casas se difuminan como nubes con el buen tiempo. A veces me dicen algo los cuadros en los museos y la ironía se esfuma de repente. Me encanta contemplar el rostro de mi mujer. Cada semana, el domingo, llamo a mi padre. Cada dos semanas me reúno con mis amigos, de esta forma seguimos siendo fieles. Mi país se liberó de un mal. Quisiera que le siguiera aún otra liberación. ¿Puedo aportar algo para ello? No lo sé. No soy hijo de la mar, como escribió sobre sí mismo Antonio Machado, sino del aire, la menta y el violonchelo, y no todos los caminos del alto mundo se cruzan con los senderos de la vida que, de momento, a mí me pertenece. Versión de Elzbieta Bortkiewicz
Versos y pensamientos de Adam Zagajewski
2 citas« Entre ordenador, lápiz y máquina de escribir / se me pasa la mitad del día. Algún día se convertirá en medio siglo. »
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