« Al estallar la rebelión el Estado tenía el deber de defenderse, defendiendo lo que los comicios habían revelado como voluntad nacional. La defensa es legítima. El ataque contra la razón y la ley, no. [...] Por eso España, la España nueva del amanecer de 1931 actuaba, como vanguardia y defendiéndose, para proteger aquellos ideales amenazados: la independencia, la libertad, la justicia social, pues las ideas nuevas (¿pueden llamarse nuevas las ideas cavernarias?) sólo podían arraigar en mentes rezagadas, reaccionarias, por cuanto representan un retroceso en el progreso humano y un miedo incontenible a un futuro que siempre es demasiado luminoso para los miopes. »
Vicente Rojo Lluch