« No olvides Queipo, una vez más, que si de todo esto escapas, no escaparás, donde estés, de la tenaza de mis dedos, donde te estrangularé como aquel perro lobo hidrófobo, inmovilizando, a pesar de mis desgarradas manos, aquella su babeante boca, pero con la disculpa de que aquél era un animal enfermo, y tú eres un animal sano de cuerpo, aun cuando corrompido de espíritu, pero de espíritu bovino, a quien, como definitiva rúbrica de cuanto escribo, escupo en la hedionda boca por donde aspira tu cobardía servil y tu corazón de cobarde, y no maldigo a los tuyos en cien generaciones porque bastante deshonra les legas con tu apellido mancillado en el mundo entero y tu historia intrépida de cobarde y vengativo asesino. »
Ricardo Burguete y Lana