« Cada cual maneja su historia y sus palabras, y, como son suyas, puede hacer filigranas con ellas si quiere para acomodarlas a lo que le conviene, Jacinto, convéncete, porque el defecto de la historia. ¿Sabes cual es?, pues sólo uno, mira, que la escriban los vivos, Jacinto, eso, que la historia deberían escribirla los muertos; pero hay una dificultad, Jacinto, ¿sabes?, como tienen las manos tan frías no pueden ni agarrar el palillero, no saben, pero es lo que digo, Jacinto; ¿por qué no les alfabetizamos?. »
Parábola del náufrago