« Es indiscutible que la mujer tiene derecho a la vida, a obtener en ella las mayores ventajas posibles. Luego, pues, es deber sagrado del Estado ponerla en condiciones de obtener estas ventajas en la medida de sus aptitudes [...] Contemplando el asunto exclusivamente por el aspecto de la maternidad, fluye la necesidad de que la mujer sea vastamente instruida, apta y de que goce sin limitación, de los derechos y cumpla los deberes que éstos implican para que con la fuerza prepotente del ejemplo forme la personalidad del ciudadano [...] La mujer es la única que llena de energía, altiva con las gloriosas tradiciones, desafía temeraria las furias del opresor, alentando con optimismo obsesionante generación tras generación, el fuego sagrado del patriotismo, y elevando el ideal de la reincorporación en un porvenir venturoso. »
María Jesús Alvarado