« Cañabate es... Cañabate. Entrañable, inalterable y formidable, representa la vena incesante y robusta de unos Madriles a los que pertenecieron también Répide, Carrere y Ramón »
Los Madriles
Citas célebres y reflexiones de Los Madriles.
« Cañabate es... Cañabate. Entrañable, inalterable y formidable, representa la vena incesante y robusta de unos Madriles a los que pertenecieron también Répide, Carrere y Ramón »
« Doña Perfecta, la de Orbajosa, la inmortalizada por Galdós, está muy viejecita; pero todavía vive. Vive todavía, y con tan buenos ánimos, que está criando a sus pechos (en la metafórica acepción de la crianza) media docena de Caballucos para cuando haga falta reñir la batalla definitiva en pro de "nuestras veneradas tradiciones". Doña Perfecta ha venido estos días a los pecaminosos y nefandos madriles, algo menos nefandos y algo menos pecaminosos desde que funciona el Gobierno actual. »
« La "anastasia" no es, como de primera intención pudiera creerse, una buena moza de los Madriles, sino lo contrario de la "estasia": es la estabilidad. »
« [...] Mientras quede en los Madriles
una moza de ojos negros,
y una mantilla de encaje,
y una peina, y el de flecos,
Madrid no pierde el aroma
de alegre, castizo y bueno;
y nunca mejor la frase
que aquí: «De Madrid al cielo». »
« Pues dígale a V. M. […] que tome mi consejo, y ya que se ha empeñado en ser caballero andante, y sabe que enderezar tuertos es reparar agravios, repare sin detención el que ha hecho a los españoles, quitándoles su Rey, y robándoles sus bienes, y quemando sus pueblos, y deshonrando a sus hijas y esposas, y profanando sus templos, y ultrajando a sus sacerdotes y las santas imágenes, y todas las demás fechurías [sic] tan malas y escandalosas, porque de lo contrario ha de salir a campaña tañida la santa hermandad de todos los españoles, que ya se zunzunea que se ha juntado en los Aranjueces o en los Madriles, y tanto se le da a ella de V. M. y de todos sus fechos y caballerías, como del rey que rabió por gachas. »
« Si vas a los Madriles/día del Señor/tráeme de la Tarasca/la moda mejor. »
« A punto estuvo Thiers de incomodarse, pues la benevolencia de su amigo como que parecía preludio de una defección. Siguió Bringas desfogando su ira contra los progresistas, la Milicia Nacional, Espartero, sin olvidar el chas-cás; contra el titulado Himno de Riego, contra los llamados demócratas y todo bicho viviente, hasta que Pez, hastiado, llevó la conversación al asunto de su viaje. Él no tenía impaciencia ni creía que fuese absolutamente necesario para su salud abandonar los Madriles; pero sus niñas le acosaban tanto para que las llevase pronto a San Sebastián, que ya no podía dilatar más la expedición. »
« El 2 de enero de 1871 vimos entrar en los Madriles al Monarca constitucional elegido por las Cortes, Amadeo de Saboya, hijo del llamado re galantuomo, Víctor Manuel II, soberano de la nueva Italia. En las calles, alfombradas de nieve, se agolpaba el pueblo, ansioso de ver al príncipe italiano, de cuyo liberalismo y caballerosidad se hacían lenguas los amigos de Prim, que le habían buscado y traído para felicidad de estos abatidos reinos. Como los españoles no habíamos visto, en lo que iba de siglo, Rey ni Roque a la moderna, más arrimados a la Libertad que al feo absolutismo, ardíamos en curiosidad por ver el cariz, el gesto, la prestancia del que nos mandaba Italia en reemplazo de los en buen hora despedidos Borbones. »
« Tengo yo para mí que las amazonas de que habla el cronista de Felipe II, muy señor mío, eran unas desvergonzadas chulapas del siglo XVI; más no sé con qué vocablo las designaba entonces el vulgo. Lo que sí puedo asegurar es que desciende de ellas, por línea de bastardía, o sea por sucesión directa de hembras marimachos sin padre conocido, la terrible Estefanía la del Peñon, Chanfaina, o como demonios se llame. Porque digo con toda verdad que se me despega la pluma, cuando quiero aplicárselo, el apacible nombre de mujer, y que me bastará dar conocimiento a mis lectores de su facha, andares, vozarrón, lenguaje y modos para que reconozcan en ella la más formidable tarasca que vieron los antiguos Madriles y esperan ver los venideros. »
« -Tomaremos el tren, y en el tren iremos hasta donde podamos -dijo Celipín con generoso entusiasmo-. Y después pediremos limosna hasta llegar a los Madriles del Rey de España; y una vez que estemos en los Madriles del Rey de España, tú te pondrás a servir en una casa de marqueses y condeses y yo en otra, y así mientras yo estudie tú podrás aprender muchas finuras. ¡Córcholis!, de todo lo que yo vaya aprendiendo te iré enseñando a ti un poquillo, un poquillo nada más, porque las mujeres no necesitan tantas sabidurías como nosotros los señores médicos. »
« Vieron los chicos, no muchos días después, que entraba en la casa el clérigo de más exigua talla que sin duda existía en toda la cristiandad, D. Ventura Gavilanes, y al punto comprendieron que era el confesor manchego solicitado por su buena madre con tanta piedad como patriotismo. Mantuviéronse los muchachos silenciosos en su habitación, mientras Doña Leandra, que ya no salía del lecho, confesaba con el cura minúsculo; y cuando su hermana Lea les dijo que muy pronto se traería el Viático, hicieron sus cálculos para la distribución del tiempo en aquella tarde, pues no podían ni querían dejar de asistir a la piadosa ceremonia en su casa y al propio tiempo deseaban echar un vistazo a los Príncipes franceses, Aumale y Montpensier, que harían su entrada solemne en la Corte; suceso extraordinario y aparatoso que despertaba curiosidad vivísima en el vecindario de los Madriles. »
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