« ...Mi abuela María. Siempre hablo de la deuda que tengo con ella. Porque era un libro abierto. Como tantas abuelas se pasaba la vida relatando historias en la cocina, cuentos, dichos, trabalenguas, jotas, refranes, oraciones. Ella fue mi libro, ella me inoculó el veneno de la literatura con aquellas retahílas mágicas que me encandilaron para siempre. »
Ignacio Sanz