« La educación de la mujer no puede llamarse tal educación, sino doma, pues se propone por fin la obediencia, la pasividad y la sumisión. »
Emilia Pardo Bazán
Emilia Pardo Bazán (La Coruña, 16 de septiembre de 1851 – Madrid, 12 de mayo de 1921) fue una escritora española.
« La educación de la mujer no puede llamarse tal educación, sino doma, pues se propone por fin la obediencia, la pasividad y la sumisión. »
« La paternidad, en medio de sus calvarios, proporcionan goces generosos que no comprendemos los que vivimos acorazados en nuestra prudente abstención. »
« No hay palanca más poderosa que una creencia para mover las multitudes humanas; no en vano se dice que la religión liga y aprieta a los hombres. »
« Tengo por importante entre todos el concepto de que la novela ha dejado de ser obra de mero entretenimiento, modo de engañar gratamente unas cuantas horas, ascendiendo a estudio social, psicológico, histórico, pero al cabo estudio. »
« Ya pasaron todas esas ideas sin fundamento, que son como los castillos de naipes que me hacía padre siendo yo chiquita. »
« La escuela poética, cuyo busilis está en nombrar las cosas de un modo absolutamente contrario a como las nombra todo el mundo.... »
« El día en que la historia se escriba imparcialmente; cuando acaben de despojarnos y el denigrarnos no tenga objeto alguno, reconocerá el mundo que si hemos sido colonizadores inhábiles, no hemos sido ni más crueles ni tan rapaces como esos anglo-sajones, cuyo ejemplo, propuesto ahora a las naciones mediterráneas, puede enseñarnos la adquisividad y el instinto de apropiación, pero no la lealtad y la humanidad. »
« Harto sé que la leyenda del valor excepcional es la leyenda de la vanidad de muchas naciones. Sólo que no a todas ha cegado e hipnotizado como a España; no a todas las ha arrastrado a su perdición, embelesándolas con la esperanza de repentino milagro. »
« Para resumir: España, desde esta deshecha borrasca en que lo ha perdido todo, también ha perdido su leyenda; y sorprende descubrir la verdadera fisonomía de una nación a quien creímos pronta a los arranques del heroísmo desesperado, y, por el contrario, se nos presenta como anestesiada y atónita. »
« Y pues mi sinceridad me autoriza, tengo derecho a afirmar que la contraleyenda española, la leyenda negra, divulgada por esa asquerosa prensa amarilla, mancha e ignominia de la civilización en los Estados Unidos, es mil veces más embustera que la leyenda dorada. »
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