« Creo que las piedras, por muy grandes que sean y por muy bien talladas, nunca han sido, por sí solas, un exponente de superior cultura, como no lo es tampoco algo más espiritual que el monumento arquitectónico: la producción pictórica, en la que hicieron maravillas los hombres primitivos de varias latitudes, los trogloditas de Altamira por ejemplo. La alta categoría de una cultura, señores, se manifiesta y prueba no en las piedras sin verbo –es decir, sin espíritu– sino en la viva ideología que perdura en los libros, estén escritos ellos en papel, pergaminos, papiro, piedra o barro. »
Consuelo Berges