« —Abuelita, teneis las orejas muy grandes.
—Así te oiré mejor.
—Abuelita, tenéis los ojos muy grandes.
—Así te veré mejor
—Abuelita, teneis los dientes muy grandes.
—Así comeré mejor!
Y al decir estas palabras, el malvado lobo arrojóse sobre Caperucita roja y se la comió. »
Charles Perrault