« En Goya no hay solo un pintor: hay muchos. El amplio y fantástico decorador de las bóvedas de la Florida no es precisamente el mismo que miniaba con prolija solicitud el retrato de su nieto. El nervioso dibujante de los Caprichos no parece ser el propio pintorazo que se ensaña copiando el natural en La maja desnuda... Goya, más que con las manos, pintaba con la cabeza. Su imaginación fresca y lozana siempre, se ponía al servicio del sentimiento que le dominaba. »
Antonio Cánovas del Castillo y Vallejo